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Jueves 15 de octubre de 2026 - 08:56 AM

La dignidad que le falta al aeropuerto

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Nadie niega que los baños del Aeropuerto Internacional Palonegro deban ampliarse, ni que un punto de información para los viajeros sea necesario. Pero como nadie parece darse cuenta de que allí mismo ocurre uno de los peores actos de discriminación de la región, hay que hablar del tema.

Las disputas entre taxistas y conductores de carros blancos no son nuevas en el país, y en Bucaramanga no iban a ser la excepción. Sin embargo, lo que vive el grupo de “los blancos” es humillante y necesita de la intervención de las autoridades y el apoyo de una buena parte de la sociedad, sin que se confunda el debate.

La discusión sobre la regulación del transporte es legítima y le corresponde al Estado resolverla. Pero ninguna norma autoriza a un agente de tránsito a ejercer como brazo armado de un gremio, ni a los taxistas a impartir justicia por cuenta propia. La Constitución, en sus artículos 13 y 25, protege la igualdad y el trabajo. Y en Palonegro, por lo que se está viendo, esos artículos aún no han aterrizado.

Resulta muy curioso que haya vigilancia para ese conductor que espera con la ventanilla abajo, pero no exista ninguna para quienes lo intimidan. Hay disposición e incentivos para acosar a “los blancos”, pero un silencio aterrador cuando se les pide que expliquen las razones con las que se les persigue. Por eso este mensaje va dirigido a la Secretaría de Tránsito de Lebrija, que debe aclarar bajo qué instrucciones actúan sus alférez; a la Aerocivil, administradora del terminal; a la Superintendencia de Transporte, que tiene competencia para vigilar; y a la Defensoría del Pueblo, que no puede seguir mirando para otro lado cuando hay trabajadores humillados.

Lo que se pide es algo elemental: reglas claras, trato digno y ninguna persecución arbitraria. Si hay que sancionar una actividad, que se haga con el debido proceso, no con amenazas ni humillaciones en un parqueadero. Porque un aeropuerto con baños más grandes sería ideal, pero una ciudad que permite la humillación de sus ciudadanos no tendrá jamás proceso alguno.

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