Publicidad

Columnistas
Jueves 15 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Un Nobel necesario

Compartir

Aunque el presidente Trump, desde su realidad paralela en la que él solito ha resuelto ocho guerras, diga que el Comité noruego es corrupto y afirme que no conoce a la jurista sudafricana Navi Pillay, algo que no nos debe sorprender, lo cierto es que este año el Nobel de Paz hace justicia a toda una vida dedicada a la defensa del derecho internacional y a perseguir los más graves crímenes contra la humanidad.

De origen tamil indio, pero nacida en Sudáfrica, Navi Pillay comenzó su lucha como abogada en favor de los derechos humanos, enfrentando el sistema de separación racial o apartheid que durante buena parte del siglo XX oprimió a la mayoría negra en ese país. Incluso defendió jurídicamente a Nelson Mandela.

Tras la llegada de la democracia, Pillay se convirtió en la primera magistrada negra en llegar al Tribunal Superior de Justicia de Sudáfrica.

También fue magistrada del Tribunal Internacional que investigó y juzgó el genocidio de Ruanda de 1994 contra los tutsis por parte del Gobierno y la población hutu, e impulsó un fallo histórico que incluyó la violencia sexual.

La lucha por la dignidad humana y los derechos de las mujeres han estado también en el centro de sus preocupaciones como jueza de la Corte Penal Internacional y como alta comisionada de la ONU para los derechos humanos.

Más recientemente, a la jueza Navi Pillay no le ha temblado la voz para decir, desde la Comisión Independiente de Investigación de la ONU sobre los territorios palestinos, que Israel ha cometido un genocidio en Gaza. De modo que no debe sorprender la reacción virulenta del Gobierno de Netanyahu —quien carga con una orden internacional de detención proferida por la CPI—, que la acusa de antisemita.

Al conocer la decisión, la Nobel de Paz de 2026 dedicó su premio “a los supervivientes de crímenes internacionales y a quienes, con compasión y valor, continúan defendiendo la justicia internacional para evitar que reine la impunidad”. E incluso, tuvo tiempo para el sarcasmo: «Si aplauden un poco más fuerte, quizás comparta el premio con Donald Trump».

Se trata no solo de un premio merecido, sino necesario en una era como la actual, en la que el nihilismo del Gobierno trumpista arremete con uñas y dientes contra la legalidad internacional y configura una realidad que, como señala la propia jueza Pillay, no para de empeorar.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día