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Domingo 18 de octubre de 2026 - 01:00 AM

La paz no convierte criminales en héroes

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Durante los últimos cuatro años intentaron reescribir la historia de Colombia. Quisieron convertir a antiguos guerrilleros en héroes, presentar a quienes tomaron las armas como referentes de lucha y rendir homenaje a personajes que dejaron muerte, secuestros y destrucción. Pretendieron imponer una historia en la que los victimarios recibían reconocimientos y las víctimas quedaban relegadas al olvido.

Por eso celebro la decisión del presidente Abelardo de la Espriella de retirar de las entidades públicas las imágenes que exaltan a integrantes de organizaciones responsables de actos terroristas. Millones de colombianos llevábamos años reclamándolo.

Carlos Pizarro no fue un héroe. Fue comandante del M-19, organización responsable de secuestros, asesinatos y actos terroristas. Que haya firmado la paz no borra los crímenes de la organización que dirigió.

¿Que hizo la paz? ¡Qué bueno! Colombia necesitaba que dejaran de matar.

Los colombianos hemos tenido que tragarnos demasiados sapos en los procesos de paz. Aceptamos indultos, amnistías y beneficios extraordinarios para que quienes tomaron las armas regresaran a la sociedad. Concesiones dolorosas para frenar la violencia. Nunca para premiarla. Una cosa es aceptar su regreso a la vida civil y otra muy distinta convertirlos en símbolos de admiración.

¡Es increíble el descaro de algunos críticos! Se rasgan las vestiduras porque retiran la fotografía de un antiguo comandante guerrillero de una oficina pública. Gritan censura, hablan de borrar la historia y anuncian una tragedia cultural. ¿En serio ese es el escándalo? ¡Qué indignación tan selectiva! Lo verdaderamente escandaloso es que les preocupe más el lugar de honor de un antiguo guerrillero que los millones de colombianos que construyen país sin disparar un fusil.

Algunos de esos mismos sectores defienden con uñas y dientes la exhibición de símbolos asociados a organizaciones violentas, pero se ofenden por una imagen de la Virgen María en una institución pública y acuden a los jueces para exigir que la retiren. Para unos, la fotografía de un guerrillero es cultura; para otros, una imagen religiosa es motivo de censura. Vaya manera de entender la libertad.

Nadie está borrando la historia. Los crímenes de guerrillas, paramilitares y narcotraficantes deben permanecer en libros, archivos y museos. Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer a los responsables, escuchar a las víctimas y comprender el sufrimiento que causaron. Recordar la historia no significa rendirles homenaje a los bandidos, sean del bando que sean.

Bienvenidas todas las culturas, religiones, creencias y expresiones artísticas. Nadie tiene que pensar igual ni profesar la misma fe. Eso no significa que con nuestros impuestos debamos levantar altares a los responsables de la violencia.

Colombia tiene suficientes motivos para sentirse orgullosa. Fernando Botero, Débora Arango, Rodolfo Llinás, Nubia Muñoz, Diana Trujillo, Fernando Montaño y Totó la Momposina son ejemplos extraordinarios. También los niños y jóvenes de la Fundación Nacional Batuta, que transforman sus vidas a través de la música.

Shakira transforma vidas con su Fundación Pies Descalzos; Carlos Vives trabaja por Santa Marta mediante Tras la Perla y Karol G abre oportunidades para mujeres vulnerables con la Fundación Con Cora. ¡Esos sí son colombianos que merecen reconocimiento!

A ellos se suman millones de colombianos anónimos que trabajan honestamente, sin importar si son de izquierda o de derecha.

La paz no consiste en glorificar el delito. Las nuevas generaciones no pueden crecer creyendo que secuestrar, asesinar o poner bombas son formas legítimas de lucha política. Ninguna ideología justifica esos crímenes.

No queremos guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes ni terroristas convertidos en referentes de admiración en nuestras entidades públicas.

Si al Pacto Histórico tanto le gusta exaltar a antiguos guerrilleros, que cuelgue sus fotografías en sus sedes. Las paredes de las instituciones que pagamos los colombianos no son altares para rendir homenaje a quienes sembraron el terror.

La paz no borra los crímenes ni convierte a los victimarios en héroes. Colombia tiene millones de héroes de verdad que se ponen la camiseta, la sudan con honor y construyen todos los días el país que otros intentaron destruir.

¡Bravo, presidente!

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