Calle 44 con 34: la Taberna Bávara encendió la rumba del Club de Profesionales en Bucaramanga. Esto cuentan sus protagonistas.

Publicado por: Redacción Cultural
Dicen que los sábados por la noche se escuchaba música desde la esquina de la calle 44 con carrera 34. Boleros, algo de flamenco, tangos con orquesta. A veces, cuando la brisa corría por Cabecera, el eco de la fiesta parecía colarse por las ventanas de los apartamentos cercanos. En esa esquina vivía una parte del alma rumbera de Bucaramanga: el Club de Profesionales y, en su costado más popular, la famosa, y hoy casi mítica, Taberna Bávara, también recordada como Taberna Alemana.
El lugar tenía nombre oficial: “Grill”, al menos en los papeles. Pero la gente, como suele pasar con los espacios que se hacen entrañables, le puso su propio sello. Era la “taberna del Club”, la “Bávara”, la de los fines de semana. Abría sus puertas con entrada libre, ofrecía música en vivo y se volvió un sitio de encuentro obligado. Generaciones enteras bailaron allí. Algunas se enamoraron. Otras simplemente se buscaron en la pista.
El esplendor de una época
El Club de Profesionales había echado raíces allí desde 1966, y no tardó en volverse símbolo de estatus, de buena vida, de ciudad en expansión. Tenía piscina, bolera, salones, zonas húmedas. Y una membresía robusta, de casi 700 socios en sus mejores tiempos. A finales de los 70, cuando la economía nacional comenzó a apretar y la reforma tributaria de López Michelsen golpeó a los clubes sociales, el Club buscó una salida: abrir un espacio más popular, menos exclusivo. Así nació la taberna Grill, un intento de salvar la elegancia con juventud y música.
Óscar Puentes, quien fue gerente en esa época, recuerda la movida como una decisión estratégica. Omar Mateus, gestor cultural y amante del vinilo, habla con brillo en los ojos de las noches temáticas: boleros, Año Nuevo, noches de gala con vestuarios de época. Aunque también reconoce que, con el tiempo, el glamour empezó a costar caro. “Se fue apagando”, dice.
Hernán Hernández Peñalosa, socio durante tres décadas, no culpa a nadie. Para él, el cambio vino con los tiempos. Las nuevas generaciones ya no buscaban clubes para reunirse. Encontraban lo mismo, o algo parecido, en sus propios conjuntos residenciales. Las costumbres se deshicieron en silencio.
Y Antonio José Díaz, arquitecto, recuerda el momento de auge, cuando el Club compró casi toda la manzana, y construyó restaurante, billares, salón de espectáculos. “Era una época dorada, dice. Una ciudad que todavía creía en los rituales de la fiesta”.
Lo que queda del recuerdo
El Club cerró a mediados de la década del 2010. En 2022, medios como Vanguardia reportaban el estado de abandono del predio: un lote vacío, vallado, donde antes hubo piscinas y boleras, ahora solo quedaban escombros, monte y quejas de inseguridad. Una postal deslucida del esplendor que fue.
Pero la memoria es terca. Y a veces, todo lo que necesita es una chispa. Una foto.
Publicidad
Fue Edgar Serrano Gómez, cronista gráfico de la ciudad, quien revivió el recuerdo con una imagen publicada en Facebook. En su página, dedicada a contar la historia de Bucaramanga con fotos y videos, compartió una vieja toma de la taberna. En ella, el ambiente festivo aún respira, congelado en los rostros, en las luces cálidas, en las mesas compartidas.
“La Taberna Alemana, en su época como Taberna Bávara, formó parte del Club de Profesionales en Bucaramanga”, escribió. “Era un lugar muy popular y concurrido durante los años 70 y 80, especialmente los fines de semana, y su recuerdo perdura en la memoria de los bumangueses”.
Y añadió: “En las instalaciones del Club de Profesionales, calle 44 con carrera 34.Popularidad: Referente social y nocturno, con ambiente festivo y buena música.Cierre: Con el cierre del club, la taberna desapareció. Legado: Bumangueses de varias generaciones aún guardan recuerdos entrañables de sus noches allí”.















