Bucaramanga
Domingo 08 de julio de 2012 - 04:50 PM

Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga

Además de servir como uno de los puntos geográficos más importantes de la capital santandereana, esta avenida suele ser un referente histórico, comercial y social, que ha sufrido innumerables transformaciones, pero nunca ha perdido su verdadera esencia. A continuación un recorrido histórico por la avenida Quebradaseca.

Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

Existen calles que a diario son recorridas por miles de habitantes de la ciudad, sin que al menos figure en una de sus esquinas un letrero o un mural que describa su importancia.

Esto ocurre con la avenida Quebradaseca, importante vía de Bucaramanga que a pesar de haber sido transformada en su superficie y alrededores para beneficio de los ciudadanos, no ha dejado de ser un foco de inseguridad, de refugio de habitantes de calle, de encuentro para cargar toda clase de víveres y verduras; un lugar predilecto para los hombres del campo que buscan además de una cerveza, la compañía barata de una trabajadora sexual.

Esta arteria, que hoy permite la descongestión vial del centro de la ciudad, ha sido durante décadas un importante foco de desarrollo.

Así lo recuerda la historia recopilada por Vanguardia Liberal.

El límite natural de la ciudad

En el año 1622, brotaban de una pequeña laguna ubicada en lo que es hoy el Mesón de los Búcaros, pequeños hilos de agua que bajaban sin control por un terreno hostil, falto de vegetación y sin vida, que los pobladores de la ciudad llamaban Quebradaseca.

El afluente era conocido como el límite natural de Bucaramanga y dos siglos después, se convirtió en un importante punto del comercio que tenía como destino el río Magdalena.

Se vio entonces la necesidad de extender puentes fabricados de manera artesanal sobre la quebrada, para que las bestias y los primeros carruajes la atravesaran, cuyas barandas eran fabricadas con el hierro de los cañones decomisados a los rebeldes liberales, durante la Guerra de los Mil Días.

Uno de los puentes se levantó en lo que hoy se conoce como la carrera 12, cerca de la Payacuá, una antigua calle de escalones que llegaba hasta el final de la escarpa. En ese entonces ya se edificaban en Bucaramanga barrios como el Centenario.

Pero fue hasta después del enfrentamiento entre liberales y conservadores que el oriente de la ciudad comenzó a poblarse y a tomar sus propios matices. Por ejemplo, aparecieron las cantinas, las ‘guaraperías’ y ‘chicherías’. Se edificó el mercado y los comerciantes de productos agrícolas aprovecharon para levantar sus negocios.

¿Algo parecido a la realidad? Según el historiador Emilio Arenas, nada ha cambiado. “A los arrieros les prohibían entrar a la ciudad con las bestias, entonces las dejaban en la Aduanilla y se desplazaban a pie hasta la zona del mercado. Si bien es cierto que las calles se han ampliado y se han pavimentado, la Quebradaseca sigue presentándose como un lugar deprimido”, añade el experto.

¿Por qué el nombre? No se conoce con exactitud si el afluente se secó o si en realidad era muy poca el agua que le caía de la laguna del Mesón de los Búcaros. Lo único cierto es que en repetidas oportunidades se le ha querido bautizar con otros nombres y la propuesta ha terminado en polémicas.

Emilio Arenas asegura que seguidores del general Gustavo Rojas Pinilla lo intentaron y pidieron que se llamara Avenida 13 de Junio, en honor al golpe de Estado adelantado por este militar. Sin embargo la oposición fue total.

De basurero a avenida

Tras años de abandono, sólo un destartalado puente rodeado de basura y fétidos olores, era lo que se alzaba sobre el afluente, convertido en paso obligado para las mulas y campesinos que llegaban desde Rionegro a comercializar sus productos a Bucaramanga.

En el año 1990, el cruce sobre la carrera 15 con la Quebraseca tenía la peor imagen de la ciudad. La puerta de entrada al nororiente a la capital santandereana no podía estar peor.

Con el paso de los años y queriendo encontrar una solución al mal aspecto del lugar, muchos gobernantes comenzaron a diseñar obras viales que no sólo cambiaran la imagen del sector, sino que le permitieran a la ciudad tener una nueva vía para circular.

Fue entonces cuando se decidió construir una avenida, pero, ¿qué pasaría con el basurero municipal en el que se había convertido? Al mejor estilo de un relleno sanitario, los bumangueses vieron cómo las toneladas de basura se fueron consumiendo hasta buscar un asiento en el fondo del afluente.

Algunos geólogos y expertos en vías se opusieron a este proyecto, a pesar de que al otro lado de la Quebraseca ya se habían construido barrios como San Alonso y San Francisco y existía la necesidad de un cruce fijo. Argumentaban que el agua seguía circulando, desmoronado las entrañas de la vía, generando una gran erosión. Además, a esto se le sumaban los líquidos y químicos que nacían de la compactación de la basura, que podrían tragarse el pavimento en cualquier momento.

A pesar de las recomendaciones entregadas por los expertos, nadie hizo caso y las obras avanzaron. Algunos constructores aprovecharon para levantar toda clase de edificaciones a orilla de la arteria vial, sin importar que el terreno fuera inestable.

Hecho el relleno y funcionando como avenida, de un momento a otro la calle comenzó a presentar ondulaciones que le dieron a la Quebradaseca la apariencia de una pista de bicicrós, una combinación de montañas y planicies.

Y llegó lo que tanto se temía. En 1990 las entrañas de la avenida, conformadas por basuras y toda clase de residuos, colapsaron. La ciudad despertó con la noticia de que dos grandes cráteres se abrieron sobre las carreras 15 y 17. Recuerdan los comerciantes de la época que la ‘columna vertebral’ de Bucaramanga pasó a llamarse “Quebrada-hueca”. 

La nueva cara

Se hizo necesario entonces escarbar nuevamente la antigua quebrada para conocer qué ocurría. La primera solución que encontraron los expertos fue verter una mezcla de material sólido y de concreto, que según ellos, “alargaría la vida” de este corredor.

Pero ocurrió todo lo contrario. Para 1995, el tema dejó de ser sólo un problema vial. Así que fue necesaria la presencia de la Corporación Autónoma para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga, entidad que adelantó un estudio y viajó al fondo del desaparecido afluente a investigar qué ocurría.

Los operarios encontraron vertederos de aguas negras, filtraciones de todo tipo y bolsas con basura de más de 50 años. Una verdadera bomba de tiempo. Para analizarlo fue necesario realizar varias perforaciones y adentrarse por días en el lugar para conocer el comportamiento del fondo de la quebrada.

Desde hace varios años las entrañas de la avenida han permanecido en calma. Durante distintas administraciones, los Alcaldes han dejado sobre el papel todo tipo de proyectos viales que no sólo buscan cambiarle la cara a esta importante zona, sino que aseguran mejorar el flujo vial desde el sur hasta el nororiente de la ciudad.

La glorieta construida para el sistema integrado de transporte masivo, Metrolínea, ha sido una de las obras que ha transformado la zona. Se espera que en el intercambiador del Mesón de los Búcaros, donde según cuentan las leyendas grupos indígenas asentaron sus viviendas y pescaron para sobrevivir siglos atrás, se adelante otra ‘mega’ obra.

Por ahora, miembros de Empas avanzan en la reposición del alcantarillado, tratando de causar el menor traumatismo posible en el tráfico que circula por esta importante vía.

Para muchos Bucaramanga acabó con el único límite natural que tuvo la ciudad durante siglos. Otros afirman que lo mejor hubiera sido tender puentes sobre el delgado afluente y no secarlo. Lo único cierto es que del ‘Llano de Don Andrés’, como era conocida esta zona de la ciudad en sus inicios, ya no queda rastro, que las únicas mulas o carruajes ahora son grandes máquinas de color verde y flotas intermunicipales con bocinas estridentes.

Lo que nadie sabe es qué pueda estar corriendo por las entrañas de la Quebradaseca, cuyo pasado se rehúsa a quedar en el olvido.

Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)

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Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
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Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo / VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Evolución de la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
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Publicado por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

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