Estos productos adictivos generan, según expertos, problemas en el cerebro y corazón.Además, son un factor que podría incidir en la violencia.

Publicado por: JOHN FREDY ARIAS GONZÁLEZ
A esta conclusión llegó un estudio sobre consumo de sustancias psicoactivas en el país, que identificó que en Santander el 28,5% de la población consume este tipo de sustancias.
El informe además arrojó que después de estos energizantes se consumen después de las bebidas alcohólicas y el tabaco. Leer informe.
Mientras que en algunos departamentos del país no se evidencia este problema, en Santander el consumo de estos productos es muy alto en el área metropolitana de Bucaramanga y la zona del río Magdalena, en la provincia de Mares.
Según la coordinadora de la oficina de Salud Mental de la Secretaría de Salud de Santander, Cecilia Esther Payares Medina, este consumo de bebidas energizantes respondería “a los altos niveles de estrés” que registrarían los santandereanos. “Las personas necesitan tener un estímulo cerebral que les permita sobrellevar el día a día. Vemos muchos taxistas consumiendo estas bebidas, así como estudiantes muy exigidos académicamente, que necesitan rendir y toman estas bebidas".
Sin embargo, la funcionaria agregó que los energizantes traen consecuencias para la salud física y mental. "Trae una serie de problemas cerebrales a nivel neuronal, pero también a nivel del corazón y la corteza coronaria. Hemos tenido casos en Santander de personas que se han infartado luego de haber consumido en exceso bebidas energizantes", explicó Payares.
Adicionalmente, ingerir estos productos sería un factor que agudiza la violencia. "Tiene una consecuencia directa en el sistema nervioso central bastante considerable, que hace que las personas también reaccionen de formas violentas cuando no se están consumiendo. Es el mismo efecto que hace el consumo de un alucinógeno", agregó la experta.
Regulación
Al igual que el alcohol y el cigarrillo, las bebidas energizantes están legalmente aprobadas, aunque causan afectos negativos. Pese a que en los menores de edad su consumo es prohibido, en la cotidianidad se puede apreciar personas muy jóvenes ingiriéndolas.
Ante este panorama, la Coordinadora de la Oficina de Salud Mental de Santander resalta la importancia de generar proyectos educativos. "Queremos disminuir el consumo de energizantes desde las instituciones educativas, hablando de prevención, dando a conocer las consecuencias que trae, la debida regulación que se debe tener y cuáles son las condiciones a las que llevan las bebidas cuando se convierten en una adicción. Toda bebida energizante termina convirtiéndose en una adicción tarde o temprano".
De esta manera, agrega Payares, "la idea es que las personas puedan medir esas consecuencias y que cada quien voluntariamente decida si hacerlo o no hacerlo".














