La fuerza del tiempo arrasa con todo. Sin embargo, gracias a las ‘joyas fotográficas’ quedan evidencias de lo que fue el ayer de Bucaramanga. Todo los domingos reconstruimos con esas imágenes y en letras de molde el pasado de nuestra ciudad. Hoy nuestra invitada es la carrera 15.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
La que hoy conocemos como carrera 15 no se llama así. Aunque no lo crea, ella le rinde con su nombre un gran homenaje a Simón Bolívar, pues fue bautizada hace muchos años como la Avenida El Libertador.
Este trayecto no siempre fue un paso de carros. Antes simplemente era un improvisado atajo.
Fue solo a comienzos del siglo pasado que comenzó a verse como una modesta callejuela, atravesada por quebradas y llena de pisos desiguales que terminaban en un terraplén.
El trayecto estaba lejos de ser lo que es hoy: la ‘espina dorsal’ de Bucaramanga.
En 1900 con el fin de las guerras civiles Bucaramanga comenzó un periodo de crecimiento; y fue la carrera 15 la primera en tomar vida y moldearse para bien del desarrollo del municipio.
Como aparecieron los primeros edificios y se construyen obras para celebrar el centenario de la Independencia, el trazado de la vía comenzó a darse de manera paulatina.
En 1910, cuando se funda la primera compañía eléctrica y aparecen los primeros automóviles y también se importa el primer bus urbano, la carrera 15 se volvió crucial.
La ciudad ve llegar los primeros vehículos para reemplazar paulatinamente los tradicionales coches de caballos de propiedad de Gustavo Cáceres y manejados por el “turco Gandur”, cuya estación se encontraba en la carrera 15, entre las calles 33 y 34, con su pesebrera en el Puente de la Cochera.
El primer automóvil es importado en 1910 por Antonio Chedraui y armado en el taller de los Hackpiel
Por allá en la década de los 40 la vía se volvió trascendental.
La razón: Por intermedio de ella se movilizaban todos los productos agrícolas que llegaban a través del ferrocarril que, para entonces, tenía su gran estación en el barrio Café Madrid, al norte de Bucaramanga.
De ese viejo camino de herradura se recuerdan los caños que servían al mismo tiempo de acueducto y alcantarillado.
También se añoran los puentes del Comercio y de la Avenida Camacho, que en su tiempo, les permitían a los bumangueses sortear las hondonadas de la Quebradaseca y acercarse a Rionegro.
A finales de la década de los 50 se firmó la ‘pena de muerte’ de todas las quebradas que atravesaban la meseta. Fue entonces cuando la 28, mejor dicho, la Quebradaseca terminó ‘sepultada’ en medio de toneladas de basuras.
Al desaparecer los pasos elevados, la parte histórica de Bucaramanga logró comunicarse con más facilidad con el ‘Llano de Don Andrés’, el cual sirvió de asiento a los barrios La Universidad, Mutualidad, Modelo, Chapinero y otros más que se ‘besaban’ con el monumento de la Virgen.
Fue la época en la que en el Teatro ‘El Libertador’ se rodaban sugestivas cintas, tales como: ‘El amor de mi bohío’, ‘El monje blanco’ y ‘El ángel y el malvado’.
La década de los 60 fue una ‘época dorada’ para la carrera 15. Un alcalde llamado Francisco Páez, logró demostrar que el cruce de la calle 36 con 15 se constituía en el kilómetro cero de la carretera nacional a Bogotá y consiguió el concurso financiero del Ministerio de Obras Públicas.
Después los dineros del presupuesto nacional contribuyeron a la prolongación de la Diagonal 15, tal como se le llamó a la obra.
La idea era facilitar la circulación de buses y camiones que se desplazaban de norte a sur y viceversa.
Poco antes se había demolido la edificación de los Correos y Telégrafos, que finalmente le había dado paso a la prolongación de la calle 36 hacia el occidente y que después todos llamaron avenida ‘Rafael Uribe Uribe’.
La Diagonal 15 puso a pensar a muchos ingenieros, tras las dificultades que representaba la Quebrada La Rosita.
En su tiempo, los conceptos técnicos ordenaron que era necesario rellenar la cañada con escombros para canalizar el afluente mediante una tubería especial.
Para los urbanistas, la medida fue un desacierto porque, según argumentaron, se eliminó del paisaje urbano los pocos recursos naturales que existían sobre la vía.
Sin embargo, la obra se hizo y logró comunicar al sector de la calle 45 con la Puerta del Sol, convirtiendo a la carrera 15 en la principal arteria vial de la capital santandereana.
En 1987, bajo la Alcaldía de Herman Villalba Torres, la Administración Local amplió el trabajo vial de la carrera 15, entre las calles 3 y 28, agilizando la comunicación entre el sector de la Virgen y la Quebradaseca.
La 15 no es la misma de antes. Por allí ya no pasan las mulas cargadas con mercancías que llegaban de Puerto Botías o Puerto Santos.
Ahora, por el famoso camino de atajo, circula la Troncal del Sistema Integrado de Transporte Masivo y, por supuesto, es el punto de encuentro de Bucaramanga. Por allí pasan las personas que vienen o salen rumbo a los municipios del área metropolitana y más allá.





















