Bucaramanga
Domingo 14 de septiembre de 2025 - 04:53 PM

En el corazón de una guitarra en Bucaramanga: el arte de fabricarlas a mano

Un artesano en Bucaramanga narró el proceso de fabricación de una guitarra. Una labor que se hereda de la familia. Un trabajo donde lo indispensable es la paciencia, la pasión y el buen oído por la madera.

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Aprieta con sus dedos el mazo del cincel, cuyo músculo es una cuchilla muy bien afilada. Desgarra las fibras de la madera, como si buscara llegar a un nervio interno, que está oculto a la vista, pero que él sabe que está allí. Sus ojos están pegados a la veta de ese tablón, que estuvo más de cinco años en una bodega secándose, esperando el momento ideal para ser transformada. Mide con precisión la profundidad y extensión de cada corte. Disfruta sintiendo cómo va cobrando vida aquel trozo de madera para convertirse en un instrumento de cuerda. Es un trabajo paciente de meses. Continúa raspando, eliminando las delgadas capas de madera hasta llegar a esa ‘carne viva’, más profunda, donde recaen todas las fibras de los ‘jugos sonoros’, que permitirán una mejor vibración.

Este es un proceso de artesanos, heredado por la tradición oral de familias santandereanas. Está equivocado si usted piensa que aquí es solo pegar unos palos, armar una caja, unir una tapa, pintar con laca, tensar unas cuerdas sin voluntad y vender una guitarra para la época de Navidad. No. El proceso de construcción de un instrumento de cuerda especializado es más complejo y delicado, un arte de perfección que busca dar luz al mejor sonido. Claro, también se fabrican guitarras de aprendizaje, con madera que se deja secar solo seis meses. Pero el arte está en la elaboración de los instrumentos de calidad con las mejores maderas para músicos especializados.

La fábrica se ubica en uno de los extremos de la carrera 17 de Bucaramanga, en lo que hace años fue un centro de mecánica automotriz, que debió cerrar sus portones de color negro cuando ampliaron la vía y construyeron el intercambiador de la carrera 15. Entonces los automóviles no tuvieron forma de llegar a esta bodega. Sus dueños sin saber nada de instrumentos musicales, decidieron dedicarse a la tarea de construir ukuleles, guitarras, tiples, bandolas y requintos. Ahora suman dos décadas, cuentan con 20 artesanos, que trabajan en la línea de producción de guitarras de bajo costo o de estudio, y también en la construcción de guitarras de calidad superior. Esta última clase de instrumentos los elabora un lutier.

Esta palabra viene del francés ‘luth’, a su vez procedente del árabe al-`ūd [‘laúd’], que significa ‘la madera’. Se le conoce como lutier, luthier, laudero, lutero o violero a la persona que construye, ajusta o repara instrumentos de cuerda frotada y pulsada.

Un lutier elabora instrumentos genuinos originales, que son construidos como piezas únicas e irrepetibles. Se fabrican de maderas exquisitas como abetos, arces, caobas o ébanos y sus valores pueden superar varios millones de pesos. Precios que varían según el uso de maderas, que son las que determinan su cuantía a partir del secado que registren. Ha de saberse que el secado de la madera es fundamental para construir un instrumento de cuerda de alta calidad.

El lutier tuvo tiempo atrás que enfrentarse al dilema de seleccionar el correcto tiempo de secado. La madera contiene agua tanto en las paredes de las células como en sus canales. Debe esperarse un tiempo que seque, para evitar deformaciones posteriores. El tablón virgen es temporalmente inestable. Debe guardarse entonces para que calme su humedad.

Este taller guarda las fragancias que tienen las diferentes maderas. Huele a laca. Una nevada de aserrín cae con cierta frecuencia en esta selva de guitarras desnudas, que cuelgan como ‘carne de madera’ en un matadero. Aquí cada artesano tiene un espacio definido y una tarea precisa para construir una guitarra. Josep Ferreira hace parte de la última generación de Instrumento Andalucía, marca de esta fábrica.

- Esta empresa la empezaron mis padres, César Ferreira y Doris Carrillo, cuando se tuvo que cerrar la serviteca. El socio de mi papá les propone comprar una fábrica de guitarras, que funcionaba un poco informal, no tenía ni nombre. Empezamos así nosotros este aprendizaje que ya tiene más de 18 años en la fabricación de instrumentos musicales. Iniciamos la producción y nos apoyamos en un grupo amplio de artesanos de Bucaramanga. Cada uno de ellos tiene un oficio específico. El que corta la madera, el que la ensambla, quien elabora los brazos y las tapas armónicas. Cada uno es profesional en su oficio, pero también tenemos un lutier que trabaja los instrumentos de mayor calidad, con maderas que tienen hasta seis años de secado.

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Cada artesano ayuda a la elaboración en serie, a la semana, de un promedio de 240 guitarras para principiantes o quienes se inician en la música.

En promedio esta empresa, al igual que las otras 40 que operan en la región, se prepara para la temporada de fin de año, donde crece exponencialmente la compra de instrumentos como regalo de Navidad.

No obstante, también tienen una línea especializada, a cargo de un lutier, que trabaja él solo la guitarra de principio a fin. En promedio se pueden tener en bodega cerca de 1.500 guitarras de aprendizaje y unas 80 de mayor calidad sonora.

- Las guitarras de alta gama no se fabrican en serie. Para ellas contamos con un lutier para que se dedique completamente a esta labor. Es su obra. Se trata de un proceso de calidad que debe tener una precisión milimétrica. Por ejemplo, cortar una madera de más o de menos influye radicalmente en el sonido.

Uno de los inconvenientes que tenemos es que la mano de obra es escasa en la región. Los hijos de los viejos artesanos decidieron estudiar otras profesiones y no es tan fácil encontrar un lutier.

No obstante contamos con un personal de gran talento en la actualidad y la gente nueva se ha ido formando con el tiempo.

Sin oído para la música, con oído para la madera

Manuel Alejandro Cáceres Cruz tiene 42 años de edad y la mitad de su vida la ha dedicado a la construcción de guitarras. Es un lutier que recibió las enseñanzas de su abuelo, quien le transmitió el conocimiento de cómo operan las ondas sonoras en los tipos de maderas, las frecuencias y la belleza de cada sonido. Alguien podría definir su trabajo como escultor de sonido a través de modelar finas capas de madera, con precisión de relojero.

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- Ser un lutier es tener pasión. Cada guitarra que uno elabora lleva esa sensibilidad del constructor. Recibimos la materia prima que es la madera, que viene de un proceso de secado y rayado. Luego viene ese proceso que le damos como artesanos de calibrar las tapas de la guitarra . Tenemos que calibrar los grosores de las tapas de madera de acuerdo al tipo de instrumento que nos pidan. Una guitarra se calibra con unas medidas distintas a las de un tiple o un requinto.

El lutier dice que usualmente los músicos especializados hacen los requerimientos de calibre en busca de una mejor sonoridad cuando piden la construcción de un instrumento.

- Esta es una obra manual. La fabricación de una guitarra con altos niveles de calidad puede tardar hasta seis meses de trabajo artesanal. Uno la va cepillando y de allí sale un churco de madera, así poco a poco va calibrando las tapas de la guitarra.

Un lutier sabe que llegó hasta esa ‘carne viva’ de la madera, donde recaen todos las fibras de los ‘jugos sonoros’, por medio de unos medidores especializados, pero Manuel Alejandro confía más en su oído entrenado por años.

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- La madera va dando un timbre específico. A usted el oído le dice que llegó al punto que necesita estar la madera. Uno ya tiene en su mente cómo debe vibrar la madera. Ese es el oído entrenado de un lutier. Cuando uno termina de fabricar una guitarra siente una enorme satisfacción. Uno ni la quiere entregar por la dedicación de tanto tiempo [risas]. Nosotros fabricamos guitarras electroacústicas también. Yo prefiero construir guitarras clásicas, porque se trata de un instrumento que emite un sonido, que vibra, que habla, en cambio una guitarra electroacústica es un buen micrófono...

Al terminarla, el lutier la abandona a su suerte. Comienza el idilio con las manos del músico y su agrietada respiración. Claro, no sin antes robarle un magnifico acorde a la guitarra, cuyos timbres incendiarios un artesano del sonido no olvidará por el resto de sus días. Ha de saberse que cada guitarra es única, como su sonido.

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