Una escuela de conducción sembró de manera fugaz 350 cruces cerca del Viaducto de Bucaramanga para crear conciencia sobre las muertes en accidente de tránsito. Esta es la historia.

Crucifixión, esperanza, vida eterna. Como una exhalación, un campo santo apareció en el camino, impregnándoseles en la retina a centenares de conductores que atravesaban raudos por una de las vías más transitadas de la ciudad.
El impacto fue inevitable. El pie derecho se fue levantando de los pedales de aceleración, la mano derecha del manubrio de las motos. Simbología de la cruz, libre asociación con la muerte.
Ahí, en ese cementerio fugaz, el dolor fue verdadero.
#Bucaramanga | En Bucaramanga, homenaje póstumo a conductores que han perdido la vida sobre la Autopista. 🖇️👇https://t.co/Ji4yDAXccO
— Vanguardia (@vanguardiacom) December 5, 2024
Al germinar de lábaros se unieron decenas de personas con el alma rota de pesar, entre ellas Johana Ibáñez Martínez quien se mantuvo hincada frente a una de las estacas de madera, acongojada, martirizada por siempre porque uno de esos crucifijos tenía el nombre de su niño: Daniel Ibáñez Martínez.
Detrás de la campaña, la irónica y funesta historia del hijo de un instructor quien también debió despedir a su hijo de 22 años.
Víctimas conocidas, hijos que anticiparon su viaje en Bucaramanga y Santander

Aquel sembradío iconográfico de pesares que semejaba el cementerio temporal que establecieron los norteamericanos en Saint Mère Eglise, Francia, como el primer lote en tierras europeas para los soldados desconocidos caídos en combate después de la segunda guerra mundial, era el jardín pasajero que acababa de plasmar una escuela de conducción en el tristemente célebre Viaducto García Cadena, por las recurrentes ausencias de quienes dejan caer sus cuerpos al vacío.
Solo que para el caso de Practicar, la entidad que lo escenificó, fue la manera más dura y directa de recordarles a los conductores que alguien los espera en casa, indiferente al vehículo que use para llegar al calor de su hogar.
Tal vez quienes lo idearon no pensaron en la playa de Omaha, donde el desembarco de las tropas aliadas terminó con la derrota de Adolfo Hitler.
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Allá en Saint Mère Eglise enterraron a unos 20 mil soldados estadounidenses cuyos catafalcos fueron repatriados después, para tener sus huesos en enterrados en Estados Unidos.
Le tiraron un cono en la autopista de Bucaramanga

Acá, estas cruces están dispersas por todo Santander, engrosando una funesta cifra de 323 víctimas fatales por accidentes de tránsito. De ese total, 211 son motociclistas.
“Ahí me mataron a mi niño, le digo así porque yo lo crié, para él era su mamá. Iba para el trabajo, salió tarde de Floridablanca para la joyería donde trabajaba.
“No sé por qué se asustó, no sé por qué el alférez que trató de detenerlo le lanzó un cono, no sé por qué tienen que lanzárseles así a los motociclistas. El único pecado de mi niño fue usar el carril de Metrolínea, porque los papeles los tenía todos al día...”.
Ese día la noticia conmocionó al país. La tía mamá salía despavorida de la casa después que alguien la llamara a decir que Daniel yacía exánime sobre un tramo del carril exclusivo de Metrolínea. Ese día debió incluso contener sus lágrimas porque hasta el mototaxista que la llevaba le advirtió que la dejará si veía sus ojos anegados.
“Cuando llegué le tiré el teléfono al alférez, lo insulté, le lancé varias patadas...”, estaba fuera de control por la ira de perder de esa manera a su ‘niño’. Fue el miércoles 5 de julio de 2023
La muerte del hijo de un instructor en carreteras de Santander

Como los cipreses, los recuerdos de quienes perecieron en estas tragedias, quedarán ahí en y para la eternidad.
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Esa recordación amorosa es similar entre los familiares de Jhon Sebastian Naranjo Henao, de 23 años, muerto en un confuso accidente de tránsito ocurrido en la vía a El Playón, donde una de las hipótesis apunta a una invasión de carril de un vehículo de carga donde el joven motociclista sufrió una letal desventaja .
Fue el domingo 27 de octubre, a las 6:00 de la tarde, bajo un cielo grisáceo, frío.
Llovía.
Jhon Sebastian iba en una motocicleta Suzuki Gixxer, de matrícula ZSW-46D; el pavimento estaba mojado.
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En el kilómetro 34+300 metros, en la vereda Trincheras de El Playón, Naranjo Henao chocó de frente contra un camión, de placas SWQ-079, conducido por Felipe Antonio Beltrán Escobar.
Jhon Sebastian no tuvo otra oportunidad. Lo irónico es que se formó bajo la tutela de un reconocido instructor de la misma firma de conducción que esta semana montó el escenario de prevención en la autopista Floridablanca - Bucaramanga.
Jhon Henry Naranjo, su papá, fue agente activo de la Policía de Carreteras y después de pensionado se dedicó a la instrucción de aprendices de manejo; en esa larga lista está su hijo.
“Aún no me han entregado los resultados de la necropsia, en ese sitio donde murió mi hijo hay muchas anomalías:Una señal de velocidad sobre una curva; pésima marcación; oscuridad porque está en un túnel de vegetación sin luz artificial, no hay faroles o iluminación adecuada.
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“En el accidente de mi hijo, no hay huellas de arrastre, ni en el asfalto ni señales de ello en la moto, o que haya ido con exceso de velocidad, que no es posible porque lloviznaba; lo único que se giró fue el calapié (estribo para poner el calzado), nada más...”.
La especialidad de Henry son precisamente los siniestros y desde esa perspectiva son algunas de sus instrucciones.

“Tengo tres reglas que no se deben vulnerar y sí tener en cuenta. Uno: hay que ser enemigos de la velocidad; dos: las motos y los carros son como una arma de fuego, matan si se abusa de ellas; tres: hay que tomar distancia con los teléfonos, porque generan tanta dopamina que hay quienes quieren manejar distraídos con ellos. Un segundo conduciendo basta para recorrer 20 metros. Calcule eso a la velocidad en que se vaya...”.
Sí, una de las 350 cruces enterradas esa noche del 4 de diciembre en uno de los separadores de la autopista, era la representación de honor a la corta y fugaz existencia de Jhon Sebastian.
Bucaramanga ya superó las cifras de fatalidades ocurridas en motos el 2023, en por lo menos 80 muertes. Por eso ahora 350 familias cargan con esas cruces de dolor.


















