La UNAB fue sede de la ‘revolución del saber’, esa que brota del juego, del asombro y de la tierra. Una revolución que se cultiva en una huerta, se escucha en la voz de una maestra y se celebra en cada niño que aprende a mirar el mundo con ojos científicos.

Una huerta escolar para la conservación de plantas medicinales en el Chocó; un proyecto para el fortalecimiento de habilidades sociales en niñas y niños de Transición, conociendo el mundo de las iguanas en Casanare; o la exploración de los seres vivos en la Ciénaga San Rafael de Cortina para desarrollar el pensamiento científico en preescolares de Magangué (Bolívar), fueron algunas de las experiencias socializadas en el Encuentro Nacional de Experiencias Ondas Primera Infancia 2025, celebrado en la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB.
La actividad reunió a más de 100 docentes de 26 departamentos, todos artífices de experiencias innovadoras con una meta común: transformar la educación inicial a través de la exploración, el asombro y el pensamiento científico.
Desde las ciénagas de Magangué, donde los niños se sumergen en la observación de seres vivos, hasta los llanos de Casanare, donde las iguanas se convierten en aliadas del aprendizaje, las experiencias compartidas demostraron que la ciencia puede comenzar con una pregunta sencilla: “¿Por qué?”. Y, a partir de allí, todo un universo se abre en el aula.
El proyecto Ondas Primera Infancia cobijó a 4.733 niños y niñas de prejardín, jardín y transición, acompañados por 219 instituciones educativas.
En cada rincón del país, los pequeños investigadores se lanzaron a la aventura del conocimiento, guiados por maestros que vieron en la curiosidad infantil una semilla fértil para cultivar pensamiento crítico, autonomía y conciencia del entorno.

“Estamos hablando de ciencia en pañales, sí, pero con un enorme potencial”, explicó Liliana Martín García, directora de Primera Infancia del Ministerio de Educación Nacional.
“Estas maestras están construyendo conocimiento real con sus estudiantes, dándoles herramientas para entender el mundo desde lo cotidiano, desde la vida que ocurre en el aula y en sus comunidades”, añadió.
La UNAB lideró el proyecto a nivel nacional, en alianza con MinCiencias, el MEN, la Fundación United Way Colombia y las universidades del Rosario y Autónoma de Manizales.
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La sinergia entre investigación universitaria y pedagogía en territorio fue clave para acompañar a los docentes en la formulación de sus proyectos de aula, fortaleciendo no solo su práctica, sino también la producción científica.

Para Adriana Inés Ávila Zárate, líder investigadora del proyecto en la UNAB, esta experiencia fue “una siembra colectiva” que logró articular coinvestigadores, asesores pedagógicos y jóvenes, creando una red de conocimiento que se extendió por 26 departamentos, dejando una huella indeleble en la educación preescolar del país.
















