Es necesaria una cruzada para rescatar el Paseo del Comercio de Bucaramanga, invadido de ventas ambulantes, con desaseo y con unas baldosas que requieren, con urgencia, de mantenimiento.
El Paseo del Comercio, situado entre las carreras 12 y 19 sobre la emblemática calle 35 de Bucaramanga, registra uno de sus momentos más críticos. Lo que alguna vez fue una apuesta urbana ambiciosa, símbolo de modernización y vida peatonal, se ha convertido en un corredor de abandono, desorden y apropiación indebida del espacio público.
Este tramo, peatonalizado a comienzos de los años 90, fue concebido como una arteria de encuentro ciudadano, dinamismo económico y embellecimiento urbano. Sin embargo, más de tres décadas de negligencia institucional han degradado ese propósito inicial.
A pesar de su valor histórico y comercial, hoy es un escenario de caos cotidiano: ventas ambulantes desbordadas, indigencia y deterioro físico, sin contar la inseguridad que allí se respira.
Las baldosas dieron al traste
Caminar por algunas aceras del Paseo del Comercio se ha convertido en una actividad de riesgo debido al pésimo estado de las baldosas que ‘recubren’ el piso de esa arteria peatonal. Muchos transeúntes son víctimas de duras caídas que los dejan maltrechos y, en varias ocasiones, con fuertes hematomas y hasta fracturas. Y cuando llueve, los peatones padecen las incomodidades por algún chorro de agua sucia que salta hacia la ropa cuando se pisa una de estas áreas.
Lamentablemente el piso de la calle 35, que debiera ser un trayecto adoquinado, como una especie de camino de piedra, se ve hoy lleno de baldosas desajustadas. Un dato grave: hace más de 20 años que ese piso no se renueva.
Las bancas están rotas y las luminarias se quedaron sin luz. Además, la informalidad ha tomado el control del lugar. Vendedores sin regulación ocupan cada rincón, dificultando la movilidad y afectando directamente a los comerciantes formales, quienes enfrentan una competencia desleal sin garantías ni control.
El resultado es una experiencia incómoda para los visitantes, una convivencia tensa entre lo informal y lo regulado, entre lo espontáneo y lo planeado.
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La situación se agrava con la presencia permanente de habitantes en situación de calle, quienes han hecho del Paseo del Comercio su refugio improvisado. Muchos duermen a cielo abierto y realizan allí sus necesidades fisiológicas, lo que ha convertido esta vía en un escenario de insalubridad, contaminación visual y deterioro ambiental.
El abandono del municipio no solo ha permitido el deterioro físico, sino también una grave descomposición del tejido urbano y social.
La escasa presencia de fuerza pública permite la proliferación de delitos menores y genera una sensación de vulnerabilidad que espanta a los transeúntes y espesa la atmósfera en uno de los corredores más tradicionales del centro.
Frente a este panorama, resulta urgente una cruzada institucional y ciudadana para rescatar el Paseo del Comercio. Bucaramanga no puede permitirse perder un espacio con tanto valor simbólico y comercial.
Se requiere una intervención integral: reordenamiento del espacio público, recuperación del mobiliario urbano, acciones sociales frente a la indigencia y una estrategia firme de seguridad.
















