Egresados quieren rescatar el icónico edificio central del colegio Tecnológico.

Hay un edificio que guarda la memoria viva de generaciones de estudiantes y profesionales: el bloque central de la Institución Educativa Técnico Dámaso Zapata, conocido como el Tecnológico.

Sus muros, que han resistido el paso del tiempo desde 1943, no son solo paredes: fueron la cuna de la Universidad Industrial de Santander, UIS, donde en 1948 se dictaron las primeras clases de lo que luego sería el centro de educación superior más importante del oriente colombiano.
Ese pasado ilustre contrasta con la realidad actual. El edificio, de tipología ‘claustral’ y con una torre de tres niveles, muestra las huellas de los años: baldosas levantadas, paredes con pintura fatigada y goteras en su cubierta.

Lo que un día fuera un referente de modernidad en la arquitectura educativa de la época en Colombia, hoy clama por su restauración.
El llamado no se ha hecho esperar. Hace un año, la Asociación de Egresados, Asetdaza, junto a la Sociedad Colombiana de Arquitectos (Regional Santander) lograron un aliado clave: la Fundación Pintuco. Gracias a esta unión nació el proyecto “Repintando Sueños”, una cruzada que busca devolverle color y dignidad al corazón del Tecnológico.

“El propósito no es solo pintar paredes”, explica Sergio Oswaldo Cajías, fundador y director ejecutivo de Asetdaza. “La idea es transformar vidas a través del arte y la colaboración, que la comunidad educativa sienta orgullo de sus espacios y que la historia del Tecnológico se mantenga viva”.
La intervención, diseñada por expertos y jóvenes arquitectos de la SCA, contempla varias etapas: mantenimiento y reparación, modernización, estética y valoración del patrimonio; todo con participación activa de estudiantes, docentes, padres y egresados.
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En la primera fase, prevista entre el 4 y el 11 de octubre próximo, se embellecerán dos pasillos internos que no presentan filtraciones de agua. Allí se pintará con los colores institucionales y se plasmarán gráficos que evoquen la vida escolar.
Pero no todo es color. El diagnóstico de la Oficina de Gestión del Riesgo concluyó que si bien la cubierta “no corre riesgo de colapso”, sí requiere arreglos urgentes: siete goteras que deterioran la estructura. La segunda fase, más ambiciosa, necesitará recursos económicos para cambiar por completo la cubierta del edificio central y la de la antigua Casa de los Hermanos, con el fin de avanzar hacia un sueño mayor: convertir ambas edificaciones en Bienes de Interés Cultural de Bucaramanga.

El proyecto, además de técnica y pintura, requiere solidaridad. Se invita especialmente a los egresados, muchos de ellos ingenieros, arquitectos y constructores, a aportar materiales, andamios, herramientas y manos de obra. También se hace un llamado a la UIS, “que no puede olvidar su cuna”, como insiste Cajías.
Más que una restauración, se trata de un gesto de gratitud hacia una institución que, desde hace 137 años, ha formado generaciones de estudiantes, sembrando conocimiento y esperanza. Cada aporte cuenta, cada pincelada suma. Porque en cada capa de pintura se repinta también la memoria de miles de egresados y el orgullo de toda una ciudad.
















