Tras varios operativos de control, las autoridades sorprendieron a esas personas en laboras de minería ilegal.
Mangueras escondidas entre la maleza, conexiones improvisadas, picas, palas y canales abiertos para lavar tierra fueron detectados en varios puntos de la escarpa occidente, uno de los ‘pulmones ambientales’ más importantes de la ciudad.
Lo que en principio parecía sospechoso terminó confirmado tras los operativos de control adelantados por la CDMB y otras autoridades: minería ilegal en acción, a pocos metros de barrios como Buenos Aires y El Pantano; así como en la del Vivero Nazareth.
La denuncia no es nueva. Durante la reciente toma a los barrios realizada por Vanguardia y Q’hubo, en el sector de Balconcitos, la comunidad ya había advertido que personas inescrupulosas están socavando los taludes para extraer minerales.
Repercusiones en la escarpa de Bucaramanga
Según el director de la CDMB, Juan Carlos Reyes Nova, “la minería ilegal es una actividad extractiva que se realiza sin los permisos, licencias ni autorizaciones estatales correspondientes, y a menudo en áreas prohibidas como reservas naturales, riberas de ríos y, en este caso, la escarpa occidental de la meseta”.
Esta práctica ocasiona graves daños ambientales, como contaminación con mercurio, deforestación y degradación de ecosistemas.
Pero también trae consigo consecuencias sociales: desplazamiento de comunidades y explotación de personas en condiciones inhumanas.
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En operativos conjuntos de la CDMB con la Policía Nacional, el Ejército y la Secretaría del Interior fueron halladas conducciones ilegales y maquinaria rudimentaria utilizada para extraer material de los taludes. Durante el procedimiento, tres personas fueron sorprendidas en flagrancia y puestas a disposición de las autoridades competentes.
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El hallazgo no es menor. Cada intervención clandestina arrasa con el suelo, desestabiliza los taludes y acelera procesos de erosión que podrían desembocar en tragedias humanas.
La escarpa occidental no es un terreno cualquiera: se trata de un ecosistema frágil, declarado área protegida, que regula fuentes hídricas y actúa como barrera natural contra deslizamientos.
“Es desalentador que, a pesar de los controles, estas prácticas continúen y sigan afectando gravemente los recursos naturales”, denunció Edwin Cárdenas Bueno, ingeniero ambiental de la CDMB, al advertir que los taludes lavados y debilitados no solo representan una pérdida ecológica, sino un riesgo inminente de colapsos capaces de arrasar con viviendas enteras.
Los operativos, explicó la entidad, hacen parte de un plan de protección de predios institucionales. Sin embargo, el problema va mucho más allá de capturar infractores: se trata de detener una cadena de destrucción que compromete el futuro ambiental de Bucaramanga.
El daño es doble. Por un lado, la pérdida de cobertura vegetal y biodiversidad; por otro, la amenaza directa a los habitantes que viven al borde de la escarpa, quienes podrían ser víctimas de un eventual desprendimiento o deslizamiento masivo.
Cada manguera incautada y cada canal destruido son apenas la punta del iceberg de un negocio ilegal que sigue socavando el terreno.

La CDMB insiste en que continuará con el seguimiento, pero advierte que ninguna acción será suficiente sin la denuncia ciudadana.
En síntesis, la minería ilegal avanza con la complicidad del silencio y la indiferencia, mientras la ciudad se expone a un colapso ambiental que puede convertirse en tragedia social.
















