Bucaramanga
Domingo 09 de noviembre de 2025 - 10:55 AM

Médico de Bucaramanga sobrevivió 40 horas enterrado en el lodo y la lava de Armero

Juan Bernardo Pinzón Barco, reconocido médico endocrinólogo de Bucaramanga, sobrevivió hace 40 años a la tragedia de Armero. Esta es su historia.

Armero conmemora 40 años de su tragedia (Foto: Archivo/VanguardiaLiberal)
Armero conmemora 40 años de su tragedia (Foto: Archivo/VanguardiaLiberal)

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Publicado por: Alberto Donadio

El 13 de noviembre de 1985, Juan Bernardo Pinzón llevaba dos semanas en Armero, Tolima, cuando la avalancha del volcán Nevado del Ruiz destruyó la población, causando unos 25.000 muertos. Él cursaba sexto semestre de medicina en la Universidad Javeriana. Tenía 20 años. Con otros seis estudiantes debía pasar seis semanas haciendo prácticas en el hospital psiquiátrico de Armero. Estuvo 40 horas enterrado en el lodo y en la lava antes de ser rescatado. Este es su relato:

“El hospital era la última edificación de Armero. Esa tarde cayó una leve llovizna de lava. Para los habitantes de Armero era una cuestión completamente normal la caída sutil de cenizas. Para ellos no revestía ninguna particularidad. Uno era el extranjero y tenía que atenerse a esa información. Las enfermeras del hospital, que eran de allá, decían que era completamente normal. Pero hacia las 9 de la noche ya era un aguacero de cenizas, los techos sonaban como si estuviera cayendo un aguacero pero no de agua sino de ceniza. La ambulancia quedó completamente cubierta de ceniza.

Se oyó un retumbo gigantesco. No pasaron más de 30 segundos desde que vimos la avalancha en el horizonte y el momento en que nos cayó encima. Intentamos correr pero no alcancé a correr sino dos metros. La avalancha nos arrastró.

“A las 10 de la noche se fue la luz y empezó a sonar la sirena de los bomberos. Las enfermeras y las auxiliares empezaron a decir que estaba pasando algo inusual. Nosotros estábamos en la casa donde vivíamos, contigua al hospital. Vimos en nuestra casa que empezaba a entrar gente cubierta de barro, eran momias de barro que le estaban ganando la carrera a la avalancha. Se les veían los ojos desorbitados. Habían corrido hacia el hospital porque era la última edificación de Armero. Para nosotros era la inminencia del desastre. Eran unas diez personas, se les veía aterrorizados. Era una noche de luna llena.

“Se oyó un retumbo gigantesco. No pasaron más de 30 segundos desde que vimos la avalancha en el horizonte y el momento en que nos cayó encima. Intentamos correr pero no alcancé a correr sino dos metros. La avalancha nos arrastró. El último lugar en que yo estaba era la sala de estar de nuestra residencia. Intentamos salir hacia el patio donde estaban las ambulancias. Desde cuando entraron los hombres de lodo hasta cuando nos arrastró la avalancha pasaron 5 o 7 minutos. Desde el sonido retumbante hasta que fuimos arrastrados pasaron unos 3 minutos. Luego quedamos ubicados en una especie de dip, como el que se sirve para comer algo delicioso.

Juan Bernardo Pinzón Barco, reconocido médico endocrinólogo de Bucaramanga, sobrevivió hace 40 años a la tragedia de Armero. Esta es su historia.
Juan Bernardo Pinzón Barco, reconocido médico endocrinólogo de Bucaramanga, sobrevivió hace 40 años a la tragedia de Armero. Esta es su historia.

“Yo estaba en la base de la montaña. Los seres humanos eran como alfileres clavados en esa montaña. Unos tenían la cabeza clavada en el lodo. Otros quedamos con la cabeza para el lado que debía ser y podíamos respirar. Eso fue a las once y cuarto u once y media de la noche. Uno se salva de milagro, porque no hay otra manera de explicarlo. Yo quedé con la cabeza mirando hacia el cielo. El primer helicóptero llegó al día siguiente, jueves, a las 2 de la tarde. Unos rescatistas llegaron a las 4 o 5 de la tarde y sacaron algunas personas de la parte alta de la montaña. Los rescatistas no pudieron estar más tiempo porque la oscuridad era absoluta.

Estuve 40 horas sin beber pero la segunda noche cayó un aguacero inmisericorde y como estábamos al aire libre logramos consumir líquido a través de ese aguacero, uno ahuecaba las manos para recoger agua. Pensé todo el tiempo que me iba a morir, desde el momento de la avalancha uno siente que se va a morir, era la impotencia completa ante la naturaleza, yo solo esperaba ver en qué momento dejaba de existir.

“Al principio de la avalancha quedé completamente aprisionado, quedé clavado en los radios de una bicicleta. Después despejé ese ponqué de lodo y liberé los brazos, pero del tórax hacia abajo quedé totalmente aprisionado por vigas, por árboles y obviamente por la lava que se fue endureciendo. Había personas que se quejaban, hubo fallecidos porque escuchamos la ausencia de algunos lamentos, obviamente hubo muertos a la espera del rescate. Fuera de tener visual sobre el cielo yo no tenía visual de primer plano, yo estaba horizontal en la montaña. Yo hablaba con una estudiante de la Javeriana que estaba en la misma montaña. Hablaba también con unos compañeros que estaban más arriba. Lo que se oía era la agonía de muchas personas, mezcla de conversaciones y lamentos.

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“Estuve 40 horas sin beber pero la segunda noche cayó un aguacero inmisericorde y como estábamos al aire libre logramos consumir líquido a través de ese aguacero, uno ahuecaba las manos para recoger agua. Pensé todo el tiempo que me iba a morir, desde el momento de la avalancha uno siente que se va a morir, era la impotencia completa ante la naturaleza, yo solo esperaba ver en qué momento dejaba de existir. Pensaba que iba a quedar ahogado porque era difícil hasta respirar. Me rescataron el viernes 15 de noviembre a las 5 de la tarde. Estuve 40 horas enterrado. De los siete estudiantes una fue rescatada pero luego murió. Otra fue rescatada y le amputaron las piernas desde la cadera. Después se graduó de médica. Desde que fui rescatado hasta el 24 de diciembre estuve hospitalizado en el Hospital San Ignacio en Bogotá. Me hicieron varias cirugías. En enero hubo otras cirugías y estuve siete meses en recuperación. No perdí nada valioso que no se pudiera recuperar después. Muchos rescatados tuvieron gangrena por machacamiento del cuerpo. Por la gangrena se forman bacterias comecarne llamadas Clostridium, que se alimentan de músculos, el tratamiento es quitar el tejido que se come la bacteria.

No morimos por la lava porque erupcionó un material caliente pero como el cono del volcán tiene nieve se formó una mezcla en que la temperatura no era la temperatura propia de la lava de un volcán. Uno sentía ardor, molestia de estar atrapado, pero nunca me pareció que me estaba quemando. Las quemaduras se produjeron por el tiempo de exposición a la lava, no por la temperatura

No morimos por la lava porque erupcionó un material caliente pero como el cono del volcán tiene nieve se formó una mezcla en que la temperatura no era la temperatura propia de la lava de un volcán. Uno sentía ardor, molestia de estar atrapado, pero nunca me pareció que me estaba quemando. Las quemaduras se produjeron por el tiempo de exposición a la lava, no por la temperatura. A mí por la quemadura me injertaron tejidos. Tuve infecciones en ambas piernas y estuve a punto de ser amputado pero por gracia de la vida no sucedió. Nadie salió absolutamente indemne”.

Juan Bernardo Pinzón Barco, reconocido médico endocrinólogo de Bucaramanga, sobrevivió hace 40 años a la tragedia de Armero. Esta es su historia.
Juan Bernardo Pinzón Barco, reconocido médico endocrinólogo de Bucaramanga, sobrevivió hace 40 años a la tragedia de Armero. Esta es su historia.

Juan Bernardo Pinzón Barco estaba en Nueva York el 11 de septiembre de 2001 cuando cayeron las torres gemelas. Su familia dice que a él le gusta presenciar momentos históricos en vivo y directamente.

Fue un milagro que Juan Bernardo Pinzón Barco hubiera sobrevivido a la avalancha de Armero. Habría podido quedar con la cabeza enterrada, pero se salvó y quedó con la cabeza mirando al cielo. Ese milagro también lo ha sido para los miles de pacientes diabéticos y de otras enfermedades que él ha ayudado en más de 25 años de ejercicio profesional. ¿Cuántos? El responde así: “Me he hecho muchas veces esa pregunta, pero no hay respuesta. He tenido sí, posiblemente, unas 140.000 consultas en mi ejercicio. Algunas personas repiten, otras solo van una vez y por eso el cálculo de pacientes es tan difícil”.

Una paciente de su consultorio dijo: “El doctor Pinzón se salvó para salvarse él, pero también para salvar a muchísimas personas que gracias a su ejercicio profesional juicioso, dedicado y humano también se han salvado”.

La tragedia de Armero, ocurrida el 13 de noviembre de 1985.
La tragedia de Armero, ocurrida el 13 de noviembre de 1985.

Publicado por: Alberto Donadio

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