La niña permaneció consciente durante casi 60 horas tras la erupción del Nevado del Ruiz en 1985.

Publicado por: Laura Juliana Flórez
La erupción del Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, dejó una de las tragedias más dolorosas en la historia de Colombia.
Entre los miles de afectados, un caso marcó para siempre la memoria colectiva. El de Omayra Sánchez, la niña de 13 años que resistió bajo los escombros durante casi sesenta horas.
Omayra Sánchez: un entorno imposible para sobrevivir
Se cumplen 40 años de la tragedia del Nevado del Ruíz, en Colombia. El volcán entró en erupción y provocó una avalancha de barro que sepultó el municipio de Armero. Omayra Sánchez, atrapada en el lodo, fue símbolo de la catástrofe. Las imágenes, captadas por un equipo de @rtve,… pic.twitter.com/QLNvpOwpOd
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) November 13, 2025
Los reportes de la época señalan que Omayra quedó atrapada entre restos de concreto y madera que inmovilizaron sus piernas.
A su alrededor, el agua proveniente de la avalancha alcanzaba el nivel de su pecho, manteniendo parte de su cuerpo sumergido y sometido a un frio constante. Lea también: Médico de Bucaramanga sobrevivió 40 horas enterrado en el lodo y la lava de Armero
Aun así, logró comunicarse con los equipos de rescate desde los primeros momentos. Los voluntarios improvisaron métodos para hidratarla, suministrándole pequeñas cantidades de agua mientras intentaban estabilizarla en medio de un escenario caótico.
De acuerdo con información reconstruida por especialistas, el espacio donde quedó atrapada actuó como una especie de cámara natural que ralentizó el paso del lodo y evitó que la corriente la arrastrara de inmediato.
Ese pequeño “refugio” pemitió que los rescatistas alcanzaran a acercarse a ella, aunque el material que la aprisionaba era imposible de mover sin maquinaria pesada.
La temperatura ambiente y el agua helada que la rodeaban influyeron directamente en su metabolismo. Expertos en emergencias han explicado que el frío extremo reduce la velocidad de los procesos fisológicos, lo que puede retardar la deshidratación y el deterioro orgánico.
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El acompañamiento emocional, clave en las últimas horas de Omayra Sánchez

Con el paso de las horas, la presión de los escombros sobre sus piernas generó daños circulatorios graves, un riesgo alto de necrosis y un síndrome de aplastamiento avanzado.
La ausencia de condiciones para realizar una intervención quirúrgica dejó sin opciones reales a los socorristas, quienes solo podían ofrecerle acompañamientos, hidratación limitada y analgésicos básicos.
La acumulación de toxinas, la afectación renal, las infecciones y la pérdida progresiva de energía marcaron el deterioro final de la niña, que continuó interactuando con los voluntarios incluso en momentos de fatiga extrema.
Los equipos de rescate se centraron en su bienestar emocional, manteniéndola acompañada y consciente durante el mayor tiempo posible. Lea también: Tragedia de Armero 40 años después: memoria, olvido y prevención en Colombia
Este contacto constante fue determinante para conservar su orientación y ánimo, aun cuando las posibilidades de liberarla disminuían con cada hora. Finalmente, Omayra Sanchez se convirtió en una de las 25.000 personas fallecidas en la tragedia de Armero.
La historia de Omayra Sánchez continúa siendo un símbolo de lo ocurrido en Armero y un recordatorio de las fallas estructurales que rodearon aquel desastre.
Su resistencia y su memoria, sigue siendo honrada como una de las voces más conmovedoras de una catástrofe que marcó para siempre a Colombia.















