Esta página atiende inquietudes de la comunidad. Si tiene alguna denuncia sobre su barrio, escríbanos al correo: eardila@vanguardia.com Veamos la denuncia de hoy:

La demora en la reparación de las redes de servicio público en la entrada del barrio La Joya tiene desesperados a sus habitantes. La ejecución es hoy un problema mayor: vías cerradas, sin solución definitiva y con afectaciones diarias para quienes transitan y residen en el sector.
Durante los días de sol, el panorama es asfixiante. El polvo se levanta con el paso de cada vehículo y termina metiéndose en las viviendas, cubriendo muebles, pisos y afectando la salud de niños y adultos mayores. “No podemos ni abrir las ventanas porque todo se llena de tierra. Es impresionante la cantidad de polvo que se anida”, relató una vecina que vive justo en la zona intervenida.
Pero cuando llueve, la situación cambia de polvo a barro. El terreno removido se convierte en un lodazal. Motociclistas y conductores deben maniobrar para evitar quedar atascados, mientras que los peatones buscan por dónde cruzar sin terminar con los zapatos cubiertos de lodo.

“Aquí no hay paso seguro. Si no es el polvo, es el barro. Siempre estamos perjudicados”, aseguró otro residente.
Los vecinos coinciden en que no cuestionan la necesidad de las obras, pero sí la lentitud con la que avanzan. Señalan que la intervención lleva semanas sin mostrar progresos visibles y que no hay información clara sobre la fecha de culminación. “Entendemos que las redes se deben arreglar, pero esto requiere manos más diligentes. No pueden dejarnos así tanto tiempo”, expresó un comerciante del sector.

La entrada del barrio, que es el principal acceso para residentes, transporte público y visitantes, hoy proyecta una imagen de abandono. (Le puede interesar: El Defensor de la Comunidad: Zanja de la carrera 3A con la calle 37, todo un lodazal)
Ante esta situación, la comunidad hace un llamado a las autoridades y a la entidad responsable de la obra para que aceleren los trabajos y den una solución definitiva. Los habitantes insisten en que no piden privilegios, sino condiciones mínimas de seguridad y salubridad. “Lo único que queremos es que terminen lo que empezaron y nos devuelvan la tranquilidad”, concluyen.
















