Entre la fe y el descanso: conozca las múltiples formas de vivir la Semana Mayor en Santander.
En Santander, la Semana Santa se vive como un tiempo en el que la fe se hace presente en cada rincón, desde los templos hasta las calles que se llenan de recogimiento. El aroma del incienso acompaña las celebraciones eucarísticas, mientras los fieles encuentran en estos días una oportunidad para acercarse más a sus creencias y fortalecer su vida espiritual. Es una época en la que la tradición se entrelaza con la devoción, recordando el sentido profundo de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
A la par de la fe, también emerge el descanso como una necesidad del alma y del cuerpo. Muchas familias santandereanas aprovechan estos días para hacer una pausa en la rutina, reflexionar sobre sus vidas y compartir momentos significativos. La Semana Mayor no solo invita a mirar hacia lo divino, sino también a reencontrarse consigo mismo y con los seres queridos en medio de la tranquilidad que ofrecen estos días.
Las procesiones, cargadas de simbolismo, son uno de los elementos más representativos. Las imágenes recorren las calles en medio de oraciones, cantos y el respeto de quienes observan o participan. La visita de monumentos se convierte en un acto de recogimiento que permite a los creyentes hacer un recorrido espiritual, recordando cada momento de la pasión de Cristo y renovando su compromiso con la fe.
Sin embargo, la Semana Santa también tiene un matiz diverso. Para algunos, es una oportunidad de reflexión profunda; para otros, un espacio para compartir en familia o incluso para viajar. En Santander, esta mezcla de tradiciones religiosas con momentos de esparcimiento refleja la pluralidad de formas en que se viven estos días, siempre con un trasfondo de respeto por su significado.
Así, entre el silencio de la oración, la solemnidad de las procesiones y la alegría de los encuentros familiares, los santandereanos encuentran en la Semana Santa un tiempo especial. Sea desde la fe, el descanso o el paseo, cada experiencia aporta a la construcción de una vivencia colectiva que honra la tradición y fortalece los lazos humanos.

María Cristina Santos, por ejemplo, vive estos días con una actitud de apertura espiritual: “Yo nunca planeo nada, espero lo que Dios me traiga cada día. Pero sí asisto a misa y veo las procesiones”, cuenta, reflejando una fe sencilla pero constante que se nutre de la participación en las celebraciones eucarísticas.

Por su parte, Deisy Pimentel destaca el valor de las tradiciones y el arraigo familiar: en Santander -dice- se puede disfrutar de la cultura religiosa visitando los templos. Ella, oriunda de Simacota, aprovecha para reencontrarse con sus padres, asistir a las iglesias y compartir comidas típicas, en una mezcla de devoción y unión familiar.

Ana Sofía Rodríguez también le apuesta a ese equilibrio entre espiritualidad y cercanía: asegura que aprovechará este momento para compartir tiempo en familia y rendir culto durante la Semana Santa, resaltando el sentido de comunidad que caracteriza estas fechas.
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No todos, sin embargo, viven estos días desde lo religioso. Germán Pachón reconoce que en su caso no realizan prácticas de fe, pero sí aprovechan el tiempo para viajar. “Disponemos de estos días del colegio y de la universidad de mis hijos para poder hacer alguna actividad”, explica, mostrando cómo la Semana Santa también se convierte en una oportunidad de descanso y recreación.

Desde el corazón de las tradiciones religiosas, Fredy Alexander Olave Ortiz, director de culto de la Hermandad de Jesús Nazareno de la Parroquia de San Laureano, resalta el trabajo que hay detrás de cada procesión. Señala que brindan apoyo en el armado de las imágenes y en la evangelización durante los recorridos, con el propósito de que la feligresía comprenda y viva el significado de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Finalmente, doña Leonilde Pimentel comparte una visión profundamente espiritual: para ella, la oración es esencial. Considera que estos días deben ser una invitación a acercarse a Dios, más allá de los paseos, y expresa su deseo de que todos puedan vivir este tiempo con recogimiento y entrega.
De este modo, entre incienso, procesiones, celebraciones eucarísticas y la visita de monumentos, la Semana Santa en Santander se convierte en un mosaico de vivencias donde la fe, la reflexión, el descanso y la tradición conviven, dando forma a una de las épocas más significativas del año.
















