El departamento registra un aumento significativo en la adopción de vehículos eléctricos, impulsado por incentivos y ahorro, aunque persisten limitaciones en puntos de carga y redes eléctricas.

En Santander ya ruedan más de mil vehículos eléctricos enchufables, y el comportamiento de compra ha ido aumentando en los últimos años.
Las estadísticas más recientes comprueban que la movilidad eléctrica está en auge en el país. De acuerdo con el informe de Fenalco y la Andi, Andemos, en el primer trimestre del año 2026, el registro de vehículos eléctricos e híbridos nuevos creció un 171,3 % en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Mientras que a marzo de 2025 se compraron 1.385 vehículos, este año la cifra pasó a 5.083 eléctricos y 7.631 híbridos en todo el país. Solo en Santander, en el año 2025, aumentó en un 253 % la venta de vehículos con esta nueva tecnología. Para los usuarios son atractivos por sus amplios beneficios en ahorro de combustible, mantenimiento económico, exención de pico y placa, así como los incentivos tributarios que los acompañan, como la reducción del IVA al 5 %, descuentos en SOAT y revisión tecnicomecánica.
En términos de cuidado del medio ambiente, los beneficios son aún más notorios. Patricia Plata, coordinadora de gestión ambiental y líder del programa de movilidad sostenible de la Universidad de Santander, sostiene que no solo es el impacto por las emisiones de carbono, sino también la disminución de la huella de carbono, de los gases de efecto invernadero, del ruido ambiental y del consumo de combustibles fósiles; además, no generan residuos contaminantes como los derivados de cambios de aceite, entre otros.
Sin embargo, este tipo de tecnología presenta nuevos retos para la región. Cuando se habla de vehículos eléctricos, se definen dos categorías: los eléctricos, que funcionan 100 % con carga de electricidad, y los híbridos enchufables, que corresponden a vehículos que usan gasolina, pero contienen batería eléctrica que se recarga por sí sola y reduce el consumo de combustible.
Uno de los retos más representativos para la ciudad es contar con infraestructuras suficientes para la recarga de este tipo de vehículos. El Ministerio de Minas y Energía advierte que para 2030 el país contaría con 600 mil vehículos con esta tecnología y, por lo tanto, se necesitarían al menos unos 20 mil puntos de carga en todo el territorio.
No obstante, esta es una situación alejada de la realidad. Mientras que en el país ya circulan más de 43 mil vehículos eléctricos e híbridos enchufables, existen disponibles unas 250 estaciones de carga.
En el departamento, la Electrificadora de Santander ofrece seis ecoestaciones que consisten en puntos de carga pública: unas de carga rápida, donde el vehículo alcanza el 80 % de la carga en media hora, mientras que la carga lenta requiere entre 6 y 8 horas.
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Estos puntos están ubicados en Bucaramanga, Floridablanca, San Gil y Barrancabermeja, repartidos en zonas estratégicas para los usuarios que viajan hacia Bogotá y la Costa Caribe.
De hecho, este año la ESSA proyecta que se habiliten dos nuevas estaciones rápidas: una ubicada en el municipio de Barbosa y otra para el área metropolitana de Bucaramanga.
Óscar Giovanni Meneses, profesional del Área de Gestión Comercial de ESSA, precisó que durante 2025, 732 vehículos hicieron uso de estas infraestructuras de carga, y la Electrificadora prevé, a 2030, unos 6 mil carros de este tipo rodando por el departamento.
La carga no solo se realiza en las ecoestaciones públicas, sino que también puede realizarse en el hogar. Para ello, la ESSA debe hacer la instalación de una adaptación a la red eléctrica de 220 V, que es la que requieren estos automóviles.
El ingeniero José Geralbert Rubiano, docente de la Universidad Industrial de Santander y consultor en ciudades inteligentes, explica que, con el uso masivo de estos coches, las redes eléctricas no soportarían la carga.
“La red eléctrica en las zonas residenciales no va a soportar la carga simultánea cuando se soliciten muchos puntos de carga, por ejemplo, en un mismo edificio o conjunto, si se sigue ampliando el uso de vehículos eléctricos enchufables al ritmo actual”, sostiene.
Esto, teniendo en cuenta que el auto necesita casi ocho horas conectado a la corriente. Ahora, en la calle, en las ecoestaciones rápidas, la batería requiere mínimo media hora de carga, lo que en la práctica genera entre dos y tres horas de fila para lograr la recarga.
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Para el experto, “la estructura de las electrolineras del área metropolitana no está masificada para el uso del carro eléctrico”.
Ahora, a esto se suma la variedad de conectores que tienen estos vehículos, que son de diferentes tipos dependiendo de las marcas. Ante esto, en una circular, el Ministerio de Minas ha emitido un concepto en el que precisa la necesidad de actualizar un estándar mínimo de conector.
Otro reto es el servicio de soporte o cambio de piezas. Al tratarse de una tecnología nueva, el país no cuenta con la experiencia sobre costos para traer piezas que requieren este tipo de coches. Según Rubiano, aquí se abre una oportunidad de mejora: la formación especializada de mano de obra calificada que sepa cómo reparar y prestar servicios a este tipo de autos.

Sin embargo, no es un panorama negativo. Una oportunidad para contrarrestar el uso de redes eléctricas sería el uso de paneles solares. “Requieren un costo de inversión alto, pero permiten almacenar la carga en el día para dejar cargando el vehículo en la noche; sin embargo, esto también requiere permisos de la Electrificadora”, expresa Rubiano.
El experto señala que este panorama requiere un llamado a todos los actores y al Gobierno para que piensen en acciones que permitan masificar esta tecnología y que la ciudad pueda acoger más vehículos eléctricos.















