Bucaramanga
Domingo 27 de septiembre de 2026 - 08:05 PM

El censo de una Bucaramanga que envejece: más canas, menos jóvenes

¿Qué significa para el área metropolitana de Bucaramanga que los adultos mayores superen las cifras de los niños y adolescentes? ¿Estamos preparados para esta nueva realidad? Estos son algunos de los interrogantes que plantean los expertos en el tema.

La población adulta aumenta en Bucaramanga y será aún más notoria hacia 2035, planteando nuevos retos para una ciudad más incluyente. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)
La población adulta aumenta en Bucaramanga y será aún más notoria hacia 2035, planteando nuevos retos para una ciudad más incluyente. (Foto: Marco Valencia / VANGUARDIA)

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Hay ciudades que envejecen sin que nadie escuche el ruido de ese cambio. Ocurre lentamente: nacen menos niños, las familias tienen menos hijos, los salones pierden estudiantes y, al mismo tiempo, crece el número de personas mayores de 60 años. En el área metropolitana, las proyecciones dibujan ese escenario. Para 2035, los habitantes en primera infancia, infancia, adolescencia y juventud serán cerca de 66.000 menos que en 2026.

El futuro llegará con más canas.
El futuro llegará con más canas.

No es solo una cifra: serán 66.000 niños, adolescentes y jóvenes menos en jardines, colegios y universidades, con menos matrículas en instituciones construidas bajo la idea de que siempre habría nuevas generaciones esperando entrar.

Yany León Castañeda.
Yany León Castañeda.

Para Yany León Castañeda, experta en proyección poblacional, Bucaramanga, Girón, Piedecuesta y Floridablanca están entrando en una nueva realidad demográfica y deben prepararse desde ahora: “El reto no es únicamente vivir más años, sino lograr que esos años estén acompañados de autonomía, bienestar, aprendizaje y propósito”, sostiene.

El reloj demográfico de Bucaramanga
El reloj demográfico de Bucaramanga

Para ella, “una proyección no es una sentencia, sino una advertencia sobre lo que podría ocurrir si las tendencias actuales continúan. La pirámide poblacional está cambiando y, con ella, deberán cambiar los servicios, las instituciones, las pensiones y las prioridades”.

El primer impacto podría sentirse en el empleo educativo. Si se toma como referencia técnica la atención de 40 estudiantes por profesional, una reducción de 66.000 personas en las edades más jóvenes equivaldría, aproximadamente, a 1.650 puestos de trabajo que podrían dejar de ser necesarios en jardines, colegios y universidades.

La cuenta regresiva de una ciudad que envejece.
La cuenta regresiva de una ciudad que envejece.

Mientras tanto, otros grupos crecerán. Entre 2026 y 2035, las personas de 29 a 59 años sumarían 27.480 habitantes y las mayores de 60 aumentarían en 60.265. La ciudad se desplaza hacia edades más altas y surge una pregunta inevitable: ¿cómo se sostendrá la vida cuando existan más personas en edad de retiro y proporcionalmente menos jóvenes entrando al mercado laboral?

La pregunta conduce al sistema pensional. Una población que envejece tendrá una mayor demanda de ingresos para la vejez, mientras cambia la relación entre quienes trabajan y quienes dejan de hacerlo. No se trata solo de cuántas personas llegarán a la edad de retiro, sino de cuántas tendrán las semanas, los ahorros o las condiciones necesarias para sostenerse. (Lea además: Una Bucaramanga que envejece: menos niños, más adultos mayores y una clase media en expansión)

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Crisis en los centros del adulto mayor.
Crisis en los centros del adulto mayor.

El envejecimiento convierte así la discusión pensional en un asunto relacionado con el empleo, la educación, la informalidad y las finanzas de los hogares. Las trayectorias laborales interrumpidas o marcadas por la informalidad pueden dificultar el acceso a una pensión y aumentar las necesidades de protección económica y servicios sociales.

Esa realidad comienza a construirse mucho antes de los 60 años. El Censo de 2018 registró, en el ámbito metropolitano, 12.605 personas entre 25 y 49 años y 43.622 mayores de 50 con segundo de primaria o menos. Son personas que, en distintos grados, enfrentaban condiciones de analfabetismo absoluto o funcional y llegaron a la adultez con una formación limitada, en una sociedad que hoy exige capacidades diferentes. La discusión sobre la vejez, por tanto, también pasa por las oportunidades educativas que cada generación tuvo durante su vida.

Los datos de cobertura muestran esa deuda. En siete años, los programas oficiales correspondientes al CLEI 1 matricularon apenas a 496 adultos que hoy tendrían entre 32 y 56 años, una cobertura cercana al 4 por ciento de ese grupo. Entre los mayores de 50 años fueron 140 personas, equivalentes a alrededor del 0,3 por ciento. Mientras disminuye la población joven, miles de adultos permanecen con aprendizajes básicos pendientes, una condición que puede afectar su vida laboral y sus posibilidades de obtener ingresos en la vejez.

En Colombia, la jubilación por vejez exige tener 57 años si eres mujer y 62 años si eres hombre. Además, en el sistema público (Colpensiones) debes cumplir 1.300 semanas cotizadas, mientras que en los fondos privados el requisito principal es el capital acumulado (o 1.150 semanas para la garantía de pensión mínima).
En Colombia, la jubilación por vejez exige tener 57 años si eres mujer y 62 años si eres hombre. Además, en el sistema público (Colpensiones) debes cumplir 1.300 semanas cotizadas, mientras que en los fondos privados el requisito principal es el capital acumulado (o 1.150 semanas para la garantía de pensión mínima).

Luis Alfredo Monroy, gerontólogo, aporta otra mirada: envejecer no significa dejar de aprender, participar o desarrollar capacidades. La vejez tampoco comienza cuando termina la vida laboral; se prepara mucho antes, en las condiciones de educación, empleo, ingresos y participación acumuladas durante los años. Por eso, la respuesta de una ciudad que envejece no puede limitarse a las pensiones o a ampliar servicios para mayores. También debe preguntarse cómo evitar que las desigualdades de la vida laboral terminen convertidas en desigualdades durante la vejez.

Las proyecciones advierten un cambio antes de que sea irreversible: habrá 66.000 jóvenes menos, pero 60.265 personas mayores de 60 años adicionales. Entre ambas cifras está el desafío de repensar las escuelas, el mercado laboral, la protección económica y el sistema pensional antes de que el envejecimiento deje de ser una proyección y se convierta en la vida cotidiana de Bucaramanga, Girón, Piedecuesta y Floridablanca.

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