Rafael Ardila Duarte, empresario santandereano y quien falleció hace un año, les contaba a los estudiantes su experiencia, la importancia que tuvo para él su paso por la universidad y los retos a los que se enfrentó a lo largo de toda su vida personal y profesional. Hoy su legado favorece a muchos jóvenes de escasos recursos económicos.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
Rafael Ardila Duarte, el estandarte del empresariado santandereano, quien falleció hace un año, tenía claro que “un pueblo educado es un pueblo libre”. Por eso no se cansaba de repetir que “las fábricas más importantes son las universidades, porque son las fábricas del intelecto humano”.
Siempre nos recordaba que “es preciso dejar un legado y ayudar a los menos favorecidos, en especial a aquellos jóvenes que no tienen opción de acceder a la educación”.

Ese legado es hoy una realidad y su nombre y apellidos ‘retoman vida’ luego de su fallecimiento, con la creación del Fondo de Becas Rafael Ardila Duarte. Esta iniciativa surgió como una manera de honrar su memoria y de recordar la gran labor que él realizó como presidente de la Junta Directiva de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab.
Miembros de su familia, en cabeza de su esposa Nancy Arenas de Ardila, con el auspicio de empresarios y de la misma Unab, establecieron esta estrategia solidaria para continuar con el sueño de Rafael Ardila Duarte de apoyar a muchos estudiantes de escasos recursos económicos. La idea es que puedan acceder a la educación superior y construir un futuro mejor para ellos, para su familia y para nuestra tierra.
El Fondo les otorga hasta el 75% del valor de la matrícula a estudiantes de primer ingreso durante todo su programa académico. Sin embargo, más allá de los recursos, lo más importante es la puerta que desde ya se les abren a los bachilleres que, un año después de la muerte del empresario, ya están en clases.
Uno de ellos es Cristian Andrés Acuña Cárdenas, bachiller del Colegio De Santander, quien apenas tiene 16 años de edad. Él, siendo tan joven y gracias a su capacidad académica y al citado Fondo, se benefició con esta beca. Es más, se prepara para entrar mañana a su segundo semestre de la Facultad de Ingeniería Mecatrónica en la Unab.
“Esta beca representa para mí y en general para todos mis compañeros una oportunidad gigante de poder salir adelante, junto con nuestras familias, y cumplir tantos sueños que en algún momento se vieron frustrados por la falta de dinero”.
Les dijo a los familiares de Rafael Ardila Duarte, a los empresarios y a las directivas de la Unab, que “el hecho de que nos den la mano para cumplir nuestros sueños deja ver la grandeza que hay en sus corazones. A todos los que donaron recursos para que esto sea una realidad les digo que sus aportes les serán remunerados con grandes bendiciones”.
Lo propio piensa María Claudia Alejandra García Hernández, de 17 años, egresada del Instituto Nacional del Comercio. ‘Yaya’, como le dicen cariñosamente, ya estudió su primer semestre de Artes Audiovisuales en la Unab y se prepara para seguir formándose allí: “Este Fondo honra el nombre de un maravilloso ser humano, que hizo una contribución enorme al desarrollo de nuestra tierra y aún, después de su partida, sigue ayudando a quienes tenemos sueños por cumplir”.
Erick Santiago Meneses, otro de los becados, se enorgullece de comenzar mañana su segundo semestre de una carrera que siempre soñó cursar: Ingeniería Biomédica.
Para él, de 17 años de edad, “el espíritu altruista de Rafael Ardila Duarte, sin necesidad de yo haberlo conocido en vida, hace que brille en los corazones de muchos que, como yo, estudiamos gracias a su legado. Nuestro mejor homenaje póstumo consistirá en convertirnos en grandes profesionales”.
Melvin Santiago Bastos Navarro, quien resultó elegido para la beca, decidió estudiar Gastronomía en la Unab. Él se graduó de secundaria en el Colegio Nuestra Señora del Pilar y sostiene que “es un gran honor hacer parte de este Fondo que honra el nombre de una persona que, como Rafael Ardila Duarte, cristalizó el verdadero significado de la educación”.
Yuly Paola Cabrera Santos, otra de las becarias, hoy cursa la tecnología en Seguridad y Salud en el Trabajo.
Ella terminó el bachillerato en el Colegio Portugal de Lebrija y agradeció a quienes se han unido a esta causa, pues gracias a ella “tengo la oportunidad de formarme como profesional. Le envío al cielo un agradecimiento al empresario Rafael Ardila Duarte, por trascender con su trabajo decidido y por ofrecer oportunidades de acceso a la educación superior; incluso más allá de su paso terrenal por este mundo. Una persona como él, con seguridad, tenía el cielo ganado desde mucho antes de decirnos adiós”.
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