Las cosas buenas
Martes 24 de febrero de 2026 - 11:53 AM

Hortensia Rugeles: la maestra que transformó su hogar en refugio educativo

Desde Floridablanca, ella lidera una fundación que colorea ilusiones y cambia destinos.

Hortensia Rugeles
Hortensia Rugeles

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En los asentamientos humanos de Floridablanca, donde las casas levantadas con esfuerzo parecen sostener historias de lucha diaria, una maestra decidió abrir su propio hogar para que allí floreciera la esperanza. En el barrio Primavera I, Hortensia Rugeles convirtió su casa en escuela. Entre paredes sencillas y puertas siempre abiertas, entendió que educar no es solo enseñar materias, sino abrazar destinos.

La bonita labor social que desarrolla la maestra Hortensia Rugeles.
La bonita labor social que desarrolla la maestra Hortensia Rugeles.

Para ella, los niños no son una estadística más en los informes oficiales. Son nombres, son risas, son preguntas curiosas que merecen respuestas.

Niños y jóvenes de Floridablanca se benefician con la asesoría docente que les   ofrece la gran maestra Hortensia Rugeles.
Niños y jóvenes de Floridablanca se benefician con la asesoría docente que les ofrece la gran maestra Hortensia Rugeles.

Hace poco más de cuatro años, varios jóvenes tocaron a su puerta con una solicitud humilde: cuadernos y lápices para poder estudiar. Aquella petición le estremeció el alma. No pudo mirar hacia otro lado y en vez de limitarse a entregar algunos útiles, decidió caminar hasta los lugares donde vivían esos niños.

Fundación 'Coloreando Ilusiones'.
Fundación 'Coloreando Ilusiones'.

Visitó las veredas cercanas y el asentamiento Los Puentes, y allí comprendió que la necesidad iba más allá de un cuaderno vacío. Faltaban oportunidades, acompañamiento y, sobre todo, alguien que creyera en ellos. Así nació la Fundación ‘Coloreando Ilusiones’, un sueño que empezó recogiendo útiles escolares y terminó convirtiéndose en su proyecto de vida.

Los jóvenes llegan a la casa de Hortensia Rugeles en busca de refuerzo en matemáticas, español e inglés. Ella no solo les brinda acompañamiento académico, sino que también les ofrece meriendas.
Los jóvenes llegan a la casa de Hortensia Rugeles en busca de refuerzo en matemáticas, español e inglés. Ella no solo les brinda acompañamiento académico, sino que también les ofrece meriendas.

Con paciencia infinita comenzó a tocar puertas, a pedir donaciones, a reunir libros, colores y lápices. Cada aporte era un gesto solidario que se transformaba en sonrisa. Pero Hortensia sabía que los materiales, por sí solos, no cambian historias. Por eso decidió ofrecer lo más valioso que tiene: su tiempo.

Docenas de niños y jóvenes se benefician con las clases de la docente Hortensia Rugeles.
Docenas de niños y jóvenes se benefician con las clases de la docente Hortensia Rugeles.

En la sala de su casa, en el patio o bajo un techo improvisado, dicta clases de español, matemáticas e inglés. Su vivienda en Primavera I se llenó de pupitres improvisados y de voces que repiten lecciones con entusiasmo. Hoy acompaña a más de cien niños y jóvenes provenientes de las veredas y de Los Puentes, quienes encuentran en ella no solo una maestra, sino un refugio seguro donde sus sueños son escuchados.

La creatividad también hace parte de su enseñanza. Les ha mostrado cómo recolectar materiales reciclables y convertirlos en adornos llenos de color. Lo que otros desechan, ellos lo transforman en arte. En Navidad, esas creaciones iluminan hogares que pocas veces han tenido motivos para celebrar, recordándoles que la dignidad también se construye con pequeños detalles.

Todo lo hace sin cobrar un peso, movida únicamente por la vocación y el cariño. No hay grandes recursos detrás de su labor, solo compromiso y ternura. Su mayor recompensa está en ver cómo una letra temblorosa se vuelve firme, cómo una mirada insegura se transforma en confianza y cómo un joven descubre que sí puede soñar en grande.

La historia de Hortensia Rugeles demuestra que una casa puede convertirse en escuela y una voluntad firme puede cambiar destinos. Desde el barrio Primavera I, su ejemplo ilumina las veredas y el asentamiento Los Puentes, confirmando que el futuro empieza cuando alguien decide enseñar con el corazón.

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