Entre notas y recuerdos: así se vivió el Día de la Voz en el asilo San Rafael de Bucaamanga. Todo fue posible gracias a una bella jornada que lideraron los estudiantes de la UDES.

¿Quién no viaja a tiempos más felices al escuchar una canción? Esa idea fue el punto de partida de una significativa iniciativa del programa de Fonoaudiología de la Universidad de Santander, UDES, que llevó música, memoria y compañía a nuestros adorados viejos del Asilo San Rafael.
Durante la jornada, las melodías de antaño dejaron de ser simple ambientación para convertirse en una herramienta terapéutica. Cerca de 50 adultos mayores participaron en actividades diseñadas para estimular la memoria, fortalecer la comunicación y favorecer el bienestar emocional.

Todo comenzó con algo poco habitual en su rutina: abrir un espacio para conversar. Allí, los participantes compartieron historias y vivencias, rompiendo barreras de aislamiento y promoviendo la interacción social. (Lea además: UDES brilla con cuatro estrellas en el mapa académico internacional)
Luego, el trabajo se enfocó en el cuerpo y la voz. A través de dinámicas lúdicas, los asistentes ejercitaron la respiración y el control del aire, utilizando elementos sencillos como pelotas para activar los músculos implicados en el habla. Fue una forma práctica de conectar el movimiento con la expresión vocal.
Llega el karaoke
El momento más emotivo llegó con el karaoke. Cada adulto mayor eligió canciones significativas de su pasado, evocando recuerdos y emociones. Al cantar, no solo ejercitaron su voz, sino que también reforzaron su memoria auditiva, profundamente ligada a la música.
Esta actividad se realizó en el marco del Día Mundial de la Voz, y contó con la participación de estudiantes de séptimo y octavo semestre, guiados por las docentes Melissa Rincón Cediel y Jenith Karem Paredes.
Más allá del ejercicio académico, la jornada evidenció el compromiso social de la universidad al llevar bienestar a una población que muchas veces enfrenta la soledad.
Pero, ¿por qué cantar?

La respuesta tiene sustento científico. Según explicó la profesora Rincón, el canto incide directamente en la regulación emocional gracias a su efecto sobre el nervio vago, que conecta órganos clave del cuerpo. Desde la teoría polivagal, desarrollada por Stephen Porges, se entiende que el organismo oscila entre estados de calma, alerta y bloqueo. Este último, asociado al estrés, suele manifestarse en tensiones vocales o en la sensación de “nudo en la garganta”.
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Cantar, sin embargo, ayuda a revertir ese estado. La respiración profunda, el uso consciente de la voz y la activación muscular envían señales de tranquilidad al cuerpo, facilitando un retorno a la calma y reduciendo la tensión emocional.
Además de esta intervención, el programa impulsó campañas de sensibilización en medios y redes sociales para resaltar la importancia del cuidado de la voz.
La experiencia dejó una enseñanza clara: cantar va mucho más allá del entretenimiento. Es una forma de sanar, de recordar y de reconectar. En especial para los adultos mayores, representa una herramienta valiosa para mejorar su calidad de vida y fortalecer su bienestar integral.















