Como en la presente edición de 2025 el lema de Ulibro es ‘Vidas narradas’, en este texto le vamos a contar la historia de las frases que cada año ha tenido este interesante certamen literario. Recuerde: hoy, 22 de agosto, se inicia esta gran feria en Neomundo.
Cada año, desde 2003, Bucaramanga ha sido el escenario donde los libros se desbordan más allá de sus páginas, y las palabras toman vida propia.

Porque la Feria Ulibro no ha sido solo una feria, también se ha visto como un relato colectivo, un viaje que comenzó en 2003 con algo tan concreto como el ‘Libro técnico’ y que, con el tiempo, se ha convertido en un verdadero universo de vidas narradas.

En 2004, Ulibro nos invitó a detenernos, a hacer una pausa y 'Sentarnos en la palabra’, como quien se sienta frente a una fogata a escuchar una historia antigua.

Al año siguiente, 2005, nos propusieron algo más dinámico: ‘Siga el hilo’, porque leer también es seguir una trama, perderse entre páginas, dejarse enredar por las letras.

En 2006, aprendimos a ‘Disfrutar del saber’ para vivir la experiencia de acercarnos al conocimiento, no como una obligación académica o intelectual, sino como un acto placentero y enriquecedor. En ese entonces, recorrimos los pasillos de la UNAB, llenos de libros, y nos dejamos sorprender por nuevas historias.

Al año siguiente, en 2007, el libro se convirtió en un ‘Espacio para la imaginación’, porque cada lectura fue una habitación distinta con ventanas al infinito.

Ya, en 2008, Ulibro nos encontró ‘Deletreando la cultura’, como quien construye identidad a partir de palabras compartidas y detalladas con las líneas de docenas de autores.

Pero fue en 2009 cuando Ulibro realmente nos elevó: nos dio ‘Alas para la imaginación’ y volamos con un gran entusiasmo.
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Es más, volamos tan alto, sin perder el suelo, porque en 2010 las ‘Letras libres’ nos enseñaron que la lectura libera más que cualquier revolución.

En 2011, supimos qué era eso de ‘Leer por naturaleza’, como quien respira sin pensarlo. Porque leer Leer por naturaleza es un acto innato de curiosidad y búsqueda: es acercarse a un texto con la misma espontaneidad con la que se observa el cielo, se escucha el rumor del agua o se interpreta el gesto de otro ser humano.

Un año más tarde, en 2012 hicimos un ejercicio de introspección con la ‘Memoria de la memoria’, esa que solo los libros saben conservar.

Ya en 2013, con un primer pantallazo virtual, le dimos un ‘clic a la lectura’, abriendo puertas digitales a un mundo que nunca ha dejado de ser analógico en el corazón.

En 2014, llevamos una ‘Bitácora de sueños’, viajando con autores y lectores como tripulantes de un navío hecho de tinta y papel.

En 2015, el ‘Espíritu del arte’ impregnó cada rincón de la feria, demostrando que la literatura también es una forma de belleza y resistencia.

Entonces, llegó 2016 con un mensaje tan urgente como eterno: ‘Leer en paz’, porque los libros también son tregua, refugio y reconciliación.
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En 2017, nos encontramos ‘Entre letras’, en ese punto exacto donde se cruzan las miradas, los silencios y las historias.

Y es que en 2018 comprendimos algo fundamental: ‘Leer para vivir’, porque hay vidas que no comienzan hasta que se abren libros.

En 2019, las ‘Palabras maestras’ nos enseñaron que todo empieza con un verbo, con un nombre, con una frase bien dicha.

Para el año 2020, la pandemia no detuvo la imaginación y, aunque lejos, leímos ‘Sin fronteras’, cruzando continentes con un solo verso.
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Justo un años después, en 2021, las ‘Historias asombrosas’ nos recordaron que la realidad muchas veces se queda corta frente a lo que la ficción nos ofrece.

En 2022, con ‘Ciudad Memoria’, redescubrimos Bucaramanga en sus relatos, crónicas y recuerdos, tras conmemorar los 400 años de la fundación de nuestra capital santandereana.

Para 2023, soñamos con ‘Futuros posibles’, porque todo cambio empieza con una historia bien contada.

Y en 2024, esas ‘Palabras vivas’ nos susurraron que la literatura no se archiva: respira, se transforma, nos interpela.
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Ahora, en este 2025, celebramos las ‘Vidas narradas’, reconociendo que somos, en esencia, cuentos contados por otros, historias que se cruzan en el vaivén de los días. Y así, Ulibro se convierte en un enorme libro colectivo, una feria que no solo celebra la lectura, sino que la siembra, la canta, la vive.
Porque mientras haya alguien que escriba y otro que lea, las palabras seguirán vivas, sin fronteras, entre letras, deletreando culturas, abriendo clics, trazando sueños y dándonos, siempre, alas para imaginar.














