El enfoque de la lucha mundial contra las drogas volvió a ser centro de debate esta semana, cuando personalidades internacionales, entre ellas el presidente Juan Manuel Santos, firmaron una carta con la que admiten que es un fracaso la batalla que se viene librando para acabar con el tráfico y el consumo de estupefacientes.

Publicado por: COLPRENSA
Los firmantes dicen que es hora de virar el enfoque y empezar a revisar alternativas basadas en salud. A la misma conclusión han llegado diversos expertos, como los que, también esta semana, participaron en Bogotá en la IV Conferencia Latinoamericana de Políticas de Drogas.
Detrás de la organización de esta conferencia estuvo Graciela Touzé, presidenta de Intercambios, una asociación civil de Argentina que ha convocado un diálogo abierto en la región para encontrar estrategias que aborden el problema de las drogas como una cuestión de salud pública.
Touzé habló en exclusiva para Colprensa sobre el nuevo enfoque de la política antidrogas, de las bondades que han encontrado en los centros de atención para drogadictos (como los que monta en Bogotá Gustavo Petro), y de la disyuntiva que tiene Colombia al ser un país productor y consumidor de sustancias ilícitas.
- Muchos coinciden en que la lucha armada contra el control de drogas fracasó. ¿Hacia dónde deben tender ahora los esfuerzos?
Hace años la guerra contra las drogas fracasó, en el sentido de que no ha logrado los objetivos que se había planteado: controlar la oferta de sustancias ilícitas y fundamentalmente, reducir el consumo. Es hora de revisar estas políticas y de plantear alternativas, que en primer lugar, corran el foco de esta mirada bélica, y que puedan entender que el consumo de drogas es un problema de salud y social, no criminal.
- En Bogotá generó revuelo la implementación de centros de atención para drogadictos, que en otros países han llegado ha convertirse en “narcosalas”. ¿Esta podría ser una solución para el control del consumo desde un enfoque de salud?
El término de “narcosalas” no es el más feliz. Creo que uno tiene que pensarlo como centros de consumo de menor riesgo. Me parece que no es la panacea, no se puede pensar que con la instalación de un centro seguro o de varios, se soluciona el problema. Sin embargo, sí es una estrategia que permite reducir muchos problemas que se vinculan a la salud. La experta canadiense que estuvo en esta IV Conferencia señalaba que tras diez años de haber instalado en Vancouver un centro de consumo más seguro, tienen algunos indicadores que no son desdeñables. Por ejemplo, una disminución notable en el número de muertes por sobredosis, que era muy alto antes de que este servicio existiera, y una reducción en las tasas de transmisión de VIH y de hepatitis. Hablar de esta estrategia, no es lo mismo que promover el consumo. Se trata de una medida de salud pública que busca cuidar a las personas que de todas maneras hubieran seguido consumiendo, pero que de esta forma lo hacen en mejores condiciones sanitarias.
- En Colombia (Bogotá) se han venido implementando centros donde se sustituyen drogas como la heroína por metadona. ¿En los centros seguros se puede llegar a suministrar drogas ilícitas?
Tanto en los programas de sustitución por metadona, como los de consumo más seguro y los de dispensación de drogas, el enfoque es de reducción de riesgos y de daños. Tienen en común la idea de que podemos intervenir para minimizar daños, aunque las personas continúen utilizando las sustancias. Los programas de sustitución por metadona tienen larga data en muchos países y está comprobado que son eficaces en el caso de personas que tienen consumo problemático de opiáceos, en particular de heroína, porque permiten que la persona consuma una sustancia similar, bajo supervisión de un equipo de salud que lo cuida y lo aleja de un mercado criminal. Los centros de consumo seguro, en los distintos modelos que existen, no proveen drogas a las personas, sino que les facilitan un espacio sanitario para que se administren las que consiguen, por ejemplo, en el mercado ilegal. Otra experiencia es la de los programas de dispensación de heroína, en los que sí son los propios programas sanitarios, los que proveen a la persona. En estos casos el programa sanitario les provee una sustancia que es ilegal, pero con una finalidad médica.
- Uno de los puntos en contra de estas iniciativas es que se cree que son un primer paso para la legalización de las drogas. ¿Podría pasar?
Estas estrategias no implican una legalización. Se está hablando de sustancias, que si bien son ilegales empiezan a ser reguladas. Hoy las drogas ilegales son sustancias que están totalmente desreguladas, sin ningún tipo de control, en un mercado negro, clandestino, donde no hay ninguna autoridad sanitaria. Regular una sustancia significa meterla en otra lógica, donde el Estado pueda tener un tipo de control sobre condiciones de calidad, de distribución y de acceso. Eso está lejos de significar que esas sustancias pasen a ser legales. En Argentina, que estamos con un debate similar, hay personas que piensan que cuando uno dice que hay que regular el mercado de las drogas, se está diciendo que un niño podrá ir al quiosco a comprar cualquier droga. Ese es un mito, nadie está proponiendo eso, lo que se propone es regular estas sustancias para evitar todos los problemas que tiene la situación actualmente.
- ¿Qué pasa con Colombia, que también es productor? ¿Cómo afrontar el consumo sin descuidar la lucha contra quienes tienen el negocio?
Aun se persigue a los consumidores de drogas porque se piensa que a través de ellos se puede llegar al gran narcotraficante. Ese es otro mito, es una mentira. No es verdad que si pones preso y criminalizas a la persona que consume drogas, vas a llegar al capo de toda la organización. Cuando se habla de consumidores de drogas y de las respuestas, hay que pensarlo en clave de salud pública. Cuando hablamos de producción y tráfico, es otro el abordaje, pero no tenemos que mezclarlos.
- Usted ha organizado desde la primera hasta la cuarta Conferencia Latinoamericana sobre Políticas de Drogas. ¿Cuál ha sido el cambio?
El cambio fundamental desde el año 2009, cuando se realizó la primera conferencia latinoamericana en Buenos Aires, a este 2012, ha sido la potencia del debate que se ha instalado. Como nunca antes, tenemos hoy varios países latinoamericanos que están planteando la necesidad de revisar las políticas y pensar nuevas estrategias y alternativas.
- ¿Se están desligando en Latinoamérica de las políticas planteadas desde Estados Unidos y Europa?
No sé si desligándose de esas políticas, pero sí construyendo una propuesta más autónoma y acordada desde la región latinoamericana.















