El tradicional gesto que permite detener por completo el ruido durante las labores de rescate para intentar escuchar señales de vida bajo las estructuras colapsadas.

Hay una escena que se repite una y otra vez entre los escombros que dejó el terremoto. De un momento a otro, decenas de puños se levantan al mismo tiempo y el ruido de la ciudad desaparece por completo.
Ese gesto, simple pero cargado de significado, se convirtió en la imagen que mejor resume estos días de búsqueda tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el lunes.
El barrio residencial La Lorena, en el corazón de la capital de Risaralda, fue uno de los sectores más golpeados por el sismo. Varios edificios colapsaron y decenas de familias permanecen a la espera de noticias de sus seres queridos.
En la zona, rescatistas y voluntarios trabajan sin descanso, mientras las autoridades mantienen un operativo paralelo para evitar que quienes participan en las labores sufran percances médicos por el esfuerzo y las altas temperaturas, que este martes alcanzaron los 31 grados, con una humedad del 34 por ciento. Además: Pereira intenta levantarse tras el terremoto mientras crece la cifra de víctimas

Un gesto que pide silencio absoluto
Cuando alguno de los rescatistas más experimentados levanta el puño cerrado, todo se detiene. Las conversaciones, los movimientos y cualquier fuente de ruido quedan suspendidos por unos segundos con el fin de intentar escuchar voces o golpes provenientes de los escombros.
El gesto, ampliamente documentado en países como México desde el terremoto de 1985 y popularizado tras el sismo de 2017 en Ciudad de México, se ha replicado en distintas zonas de Colombia durante esta emergencia, incluida Cali, donde también fue registrado mientras se buscaba a una mujer atrapada bajo una estructura colapsada. Lea también: Jhon Arias envía ayuda al Chocó tras el terremoto y financia un avión con recursos propios

Junto a este código existen otras señales, como la palma abierta para pedir que nadie se mueva, el dedo índice en alto para indicar que se debe continuar trabajando y ambas manos levantadas para solicitar agua.
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Entre quienes participan en las labores de La Lorena está Wílder Alvear, un joven médico de apoyo en catástrofes, quien mantiene la esperanza pese a las dificultades. “Desde ayer en horas de la tarde apoyamos todo el proceso de acompañamiento. Además: Colombia Te Busca, la plataforma que ayuda a encontrar desaparecidos tras el terremoto
Hay una persona que, hasta este momento, creemos que se encuentra con vida. Hay unas condiciones, hay un acompañamiento con perros y estamos esperando a ver si hay un paciente con vida, que es lo que queremos”, relató.
El médico explicó que, una vez localizada la persona, su labor será estabilizarla para su traslado a un centro asistencial. “Nos hemos organizado en un gran equipo para hacer el acompañamiento y la estabilización de nuestro paciente, que esperamos que salga con vida”, agregó, sin dejar de lado la importancia de acompañar también a las familias que esperan noticias.

Entre la esperanza y la frustración, un mismo silencio
No todas las historias terminan con un rescate exitoso. Mientras en un edificio los equipos seguían la pista de una posible sobreviviente, en otro varios militares y rescatistas sacaban el cuerpo sin vida de una mujer.
A su lado, su hijo caminaba desconsolado, gritando “¡Mi madre!”, entre lágrimas. El silencio volvió a apoderarse de la escena, esta vez no por esperanza, sino por el peso de la frustración. Minutos después, sin embargo, los rescatistas volvieron a levantar la cabeza para continuar la búsqueda. Además: Expertos explican por qué el terremoto de magnitud 7,4 fue tan devastador en Colombia

El terremoto, considerado el más fuerte registrado en Colombia en lo que va del siglo, ha causado cerca de 240 muertos, según el balance de las autoridades regionales, aunque el presidente Abelardo de la Espriella informó una cifra oficial de 188 fallecidos hasta el momento. Lea también: Líderes del mundo reaccionan al terremoto en Colombia y ofrecen ayuda humanitaria
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Pereira concentra al menos 90 de esas víctimas, lo que la convierte en una de las ciudades más golpeadas por la tragedia. Allí, entre el calor, el polvo y el cansancio, el puño en alto sigue siendo, para rescatistas y familias, la señal de que todavía puede haber una vida esperando ser encontrada bajo los escombros.
















