Magazín cultural
Viernes 25 de septiembre de 2026 - 06:57 PM

Las sombras que guían a Alberto Camacho por Pamplona

Una caída en una alcantarilla durante una noche oscura en Bogotá cambió la manera en que Alberto Camacho entendía su pérdida de visión. Años después, las sombras que alguna vez escondieron un peligro son las mismas que le permiten orientarse y crear.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica. Foto suministrada/VANGUARDIA
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Era de noche. Corrían los años de los apagones del gobierno de César Gaviria. Alberto Camacho vivía cerca de la Universidad Nacional y salió a comprar algo a un supermercado. Todo era oscuridad. Al cruzar una calle del barrio El Recuerdo se topó con una sombra que escondía algo que no pudo anticipar. Alguien había robado la tapa de una alcantarilla. Alberto cayó.

Los cables del Interior amortiguaron parte del golpe y consiguió salir. Regresó a su casa con el pantalón roto y con una certeza que lo acompañaría desde entonces: su visión cambiaría de manera irreversible.

La sombra había escondido el peligro, pero paradójicamente, otras sombras le ayudarían a encontrar el camino.

Por eso es que ahora Alberto Camacho mira mucho hacia el piso. Allí encuentra señale: una zona más oscura sobre el pavimento producido por un poste, un hidratante o cualquier volumen que interrumpe el recorrido de la luz le indican lo que tiene enfrente.

Alberto Camacho es artista plástico. Convive con la retinosis pigmentaria y pérdida de audición. Durante años, su visión se deterioró progresivamente, pero mientras disminuía esa posibilidad de reconocer ciertas formas, colores y detalles apareció otra manera de interpretar aquello que lo rodea.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.

“Un poste de alumbrado público yo puedo no verlo claramente, pero la sombra me dice que el poste está ahí”, explica.

Alberto, nació y vive en Pamplona norte de Santander. Mientras camina por las calles de su ciudad. Hace una ejercicio simultáneo de orientación, observación y creación.

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Es por eso que dice que su verdadero taller está afuera, en la calle, porque mientras camina, identifica pistas texturas, formas volúmenes y variaciones de luz. La ciudad se transforma en un mapa que aprende de memoria y que a la vez es una fuente permanente de imágenes.

Luego de leer Walkscapes: El andar como práctica estética, de Francesco Careri, Alberto reconoció que aquellas caminatas podían ser también una experiencia artística y que los mapas que construía para orientarse podían convertirse en dibujos, que a su vez, serían grabados, relieves o esculturas.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.

Alberto se formó en Bellas Artes en la Universidad Nacional y posteriormente estudió grabado calcográfico en España. Sin embargo, las dificultades para ver lo conminaron a usar nuevas herramientas: “el deterioro visual fue lento y progresivo y me permitió aprender a escuchar los materiales”, cuenta.

Esto significa que Alberto tiene que escucharlos, además de tocarlos. Reconoce una superficie por su aspereza, diferencia a otra por su suavidad, siente cuando una madera ya alcanzó el grabado que imaginaba y calcula mediante la presión de la mano la intensidad de una línea.

Por ejemplo, cuando pinta, Alberto marca los recipientes para recordar qué color contienen y usa cintas claras u oscuras para delimitar la superficies. Además, conserva en su memoria los colores que conoció cuando su visión era diferente y trabaja a partir de los tonos que todavía puede percibir.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.

Es por eso que su manera de trabajar es un sistema de decisiones y adaptaciones, donde cada tarea requiere una herramienta como lo podría ser una sierra.

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Nadie hace su obra por él, Alberto define el material, la forma, el acabado. En algunos trabajos en madera ha colaborado con ebanistas que realizan determinados cortes, mientras él vuelve una y otra vez sobre la superficie con las manos hasta reconocer si la pieza llegó al lugar que imagino.

Y una de las personas que ha contribuido con Alberto para materializar su obra es Emma Ordóñez.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.

La mujer detrás de la cámara

Emma conoció a Alberto Camacho primero como profesor. Además, fue el asesor de su proyecto de grado. Con el tiempo, esta relación académica pasó a ser una amistad y después una colaboración artística para acompañar observar y crear.

Emma llevaba cierto tiempo registrando algunas entrevistas con Alberto, así como había hecho algunos videos de caminatas, conversaciones y procesos de su trabajo. También de momentos cotidianos.

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Nunca tuvo la idea de hacer una película. Sin embargo, cuando Alberto fue invitado a una exposición individual en Birmingham, Inglaterra, los organizadores le solicitaron un video breve con el cual se pudiera conocer el contexto en el que vivía y producía su obra.

Inicialmente, Alberto y Emma pensaron enviar un video de tres minutos, hasta que Emma comenzó a revisar el material y fue así como terminaron con un documental de cerca de 17 minutos.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.

Eso sí, Emma tenía algo claro desde el comienzo. No iba a contar la historia de la pérdida de visión de Alberto, ni iba a construir el relato de un artista que vence una dificultad. Ella quería mostrar otra cosa.

“Quería que fuera un video sensible, no desde la una cuestión de incapacidad ni de límite, sino desde el proceso real, de acelerar arte y recorrer el territorio”, explica.

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Por eso, en el documental la cámara se detiene en las manos de Alberto en sus pies, en la madera en las herramientas y por supuesto esas sombras largas de las mañanas de Pamplona, que se reúnen los espacios que recorre, y en los momentos en los que otra persona aparece a su lado.

Alberto y Emma conversan sin un guion rígido y eso se nota en la estética intimista que hace sentir al espectador como si estuviera allí, con el artista, caminando por Pamplona o en su taller. Incluso, con mucha sensibilidad, se puede sentir la aspereza de algunos materiales.

Es así como la película es también en una manera de enseñar a mirar una obra.

Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.
Alberto Camacho y Emma Ordoñez, obra No piso las sombras en la UIS Bucarica.

La exposición se puede ver en la sede de la UIS Bucarica.

Emma no tiene tan buena memoria como Alberto. Ella misma lo dice. Y eso es porque desde niña ha utilizado las imágenes como una manera de conservar aquello que teme olvidar.

Emma aprendió a observar fenómenos cotidianos que antes pasaban inadvertidos, como la posición del sol, la dirección de una sombra, la manera en que la luz cambia con el día. Una lógica que Alberto ya lleva años viviendo.

En No piso las sombras, tanto el documental como la obra, hay una contradicción que resume buena parte del trabajo tanto de Alberto y de Emma: en un principio, una sombra escondió una alcantarilla que hizo caer a un artista. Hoy son las sombras las que le indican cómo caminar y Emma, que puede reconocerlas todas, lo acompaña guardando la memoria, algunas veces adelante, otras veces atrás, o a un costado. Ambos, su modo, sienten y observan el mundo.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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