Según el International Campaing for the Banning of Landmines (Icbl), Colombia es el tercer país más minado en el mundo, después de Camboya y Afganistán, y es el único de Latinoamérica que aún siembra artefactos explosivos.

Publicado por: COLPRENSA
En la historia de violencia del país, las cifras constatan que quienes más sufren el conflicto armado son los niños. A principios de este año, fiel a la trágica constante, una bebé, su madre y una segunda menor de edad cayeron en una trampa mortal.
Pisaron una mina tipo ‘borradora’, en el departamento del Putumayo, la que según las autoridades habría sido sembrada por la guerrilla de las Farc.
Esa mina, además de quitarle la vida a la recién nacida, le causó graves lesiones en los oídos y ojos a su madre, de 18 años, y dejó sin piernas a la otra niña, de tan solo 14 años.
Este es uno de los más de mil casos en los que los niños, que son aproximadamente la mitad de las víctimas de las minas antipersona, han sido violentados por esta modalidad terrorista.
Según las cifras entregadas por el Programa de Acción Integral contra Minas Antipersonales, Paicma, en los últimos 22 años se han registrado más de 10 mil víctimas en todo el territorio nacional.
De ese total, 4.017 son civiles y 6.454, miembros de la Fuerza Pública.
El director del Paicma, David Ávila, explicó que en promedio se presentan dos víctimas diarias y de la cifra total dijo que “ya son más de mil niños y niñas, lo cual representa casi el 10 por ciento de toda la población que ha sido víctima de las minas antipersona”.
“Este año ya son 31 menores de edad los que han sufrido una afectación por minas”, enfatizó Ávila, quien agregó que el 48 por ciento de ellos ha sufrido el accidente al momento de manipular artefactos abandonados. Sin embargo, la cifra podría ser aún mayor, teniendo en cuenta que muchas familias no hacen el trámite necesario para que el afectado pueda recibir atención necesaria por parte del Estado.
Según el International Campaing for the Banning of Landmines, Icbl, Colombia es el tercer país más minado en el mundo, después de Camboya y Afganistán.
Además, es el único de Latinoamérica que aún siembra artefactos explosivos.
LA TRAGEDIA
Las afectaciones más comunes por mina antipersona, munición sin explotar (MUSE) o artefacto explosivo improvisado (AEI) son heridas en las extremidades, en la piel, fracturas, quemaduras y amputaciones.
Este tipo de lesiones o discapacidades requieren intervenciones a largo plazo.
Para el representante en Colombia de War Child Holland, Ramin Shanzamani, la mayoría de los sobrevivientes de estos artefactos son personas en condición de discapacidad, quienes deben recibir terapias de rehabilitación, físicas y psicológicas: “la afectación es bastante grande, si alguien cae en una mina, va a cambiar totalmente la situación de este niño o esta niña y de su familia”.
Expresó que debido a que la mayoría de los casos se da en el campo, “estas personas se encuentran con obstáculos adicionales por las distancias entre los centros adecuados para la prestación de estos servicios y sus hogares, y además deben ser acompañados por algún familiar”.
Por su parte, la directora de la Fundación Agencia de Comunicaciones -Pandi-, Ximena Norato, dice que para una familia víctima de ese flagelo resulta más económico, por tiempo y dinero, no informar.
“A pesar de los apoyos que da el Estado, estos resultan insuficientes, pues no atienden de manera integral la complejidad del fenómeno”, dijo Norato, quien además explicó que más del 90 por ciento de los casos ocurre en zonas rurales y en familias de bajos recursos que deben iniciar su trámite por ir al hospital más cercano y de allí a Bogotá o ciudad capital que ofrezca el Estado para la recuperación.















