Los jefes del cartel de Cali estuvieron recluidos en una de las cárceles más seguras del país.

Publicado por: Laura Juliana Flórez
Durante casi una década, el departamento de Santander custodió a unos de los prisioneros mejor vigilados del sistema penitenciario: los hermanos Rodríguez Orejuela, fundadores del cartel de Cali, quienes estuvieron recluidos en la penitenciaría de Palogordo, en Girón.
Allí llegaron en la segunda mitad de los años 90, luego de su captura, y permanecieron hasta ser extraditados a Estados Unidos. Lea también: Miguel Rodríguez Orejuela: esto se sabe de su regreso a Colombia
Miguel Rodríguez Orejuela fue capturado el 6 de agosto de 1995, y su hermano Gilberto el 9 de junio del mismo año. Ambos fueron trasladados a Palogordo tras pasar inicialmente por cárceles en Bogotá, debido a su alto perfil y por razones de seguridad.
Palogordo, ubicada en una zona rural del municipio de Girón, ofrecía entonces el nivel de aislamiento y control que requerían detenidos de su calibre.
Palogordo bajo vigilancia: el operativo que despertó sospechas

A comienzos de 2005, Miguel Rodríguez sorprendió al sistema penitenciario al solicitar a la Defensoría del Pueblo que intercediera para lograr su traslado a una cárcel en Bogotá.
Alegaba problemas de salud y la necesidad de ser atendido en un centro hospitalario con nivel cuatro de complejidad, algo que, según su equipo legal, no estaba disponible en Girón.
Aunque la solicitud fue presentada como un asunto médico, coincidió con un aumento notable de medidas de seguridad en la zona y con el operativo que anticiparía su salida definitiva del país. Lea también: Petro niega vínculo con alias ‘Fito’ tras filtración de carta al consulado colombiano
Miembros del INPEC, la Policía Nacional y el Ejército Nacional reforzaron los alrededores del centro penitenciario. Los movimientos eran constantes, y las visitas familiares, como la que recibió Miguel por parte de sus hijos, alimentaron versiones sobre una inminente extradición.
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Aunque oficialmente no se confirmó nada en ese momento, las señales eran evidentes: la estadía del capo en tierras santandereanas estaba por concluir.
Palogordo: el fortín santandereano donde cayeron los grandes capos

Palogordo fue testigo de los últimos años de reclusión de los capos antes de ser enviados a EE.UU.
Poco antes, en un movimiento igualmente sorpresivo, Gilberto Rodríguez Orejuela había sido trasladado desde la cárcel La Picota, en Bogotá, nuevamente a Palogordo.
El INPEC justificó el traslado por motivos de seguridad, sin dar detalles sobre posibles amenazas. Este fue su cuarto cambio de prisión en menos de un año.
Finalmente, la extradición de Gilberto se concretó en diciembre de 2004 y la de Miguel en marzo de 2005, bajo la aprobación del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. Lea también: Capturaron a alias Calvin Rodríguez, cabecilla de las disidencias que lideró el terrorismo en el Valle del Cauca
Ambos eran requeridos por la justicia estadounidense por delitos relacionados con narcotráfico, lavado de activos y concierto para delinquir.
El paso de los jefes del cartel de Cali por Palogordo no solo marcó una etapa crucial del sistema penitenciario en Colombia, sino que convirtió a esta cárcel santandereana en un símbolo del control estatal sobre el narcotráfico.
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