Colombia
Sábado 01 de noviembre de 2025 - 11:15 PM

Fabio Castillo: el periodista que desafió a Pablo Escobar y sobrevivió para contarlo

Fabio Castillo, el único periodista que sobrevivió a Pablo Escobar, murió el 28 de octubre tras una vida de valentía y exilio. Esta es la historia de cómo logró escapársele al capo del Cartel de Medellín.

Fabio Castillo, autor del libro Los Jinetes de la Cocaína, y el líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria.
Fabio Castillo, autor del libro Los Jinetes de la Cocaína, y el líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria.

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Publicado por: Alberto donadío

Solo había un periodista vivo en Colombia de los muchos que denunciaron a Pablo Escobar. Se llamaba Fabio Castillo. Se escondió en tantos sitios inesperados que los sicarios de Escobar nunca lo encontraron. Murió el martes 28 de octubre.

Fabio Castillo fue periodista investigativo de El Espectador durante muchos años y fue la mano derecha de don Guillermo Cano, el director de ese diario, pero su mérito histórico fue haberse enfrentado, él solo, desarmado y sin plata, a Pablo Escobar y a todos los narcos del cartel de Medellín y del cartel de Cali.

Fabio Castillo fue un escuadrón suicida conformado por una sola persona, él. Sin ayuda ni apoyo directo de nadie sobrevivió a los narcos.

Fueron muchos los periodistas que Pablo Escobar mandó asesinar, pero el único que sobrevivió fue Fabio Castillo, reportero admirable e insobornable, audaz e ingenioso, e independiente como pocos periodistas en Colombia.

El líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, junto a algunos políticos de la época.
El líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, junto a algunos políticos de la época.

El impacto de los Jinetes de la Cocaína

En diciembre de 1986, cuando Pablo Escobar ordenó a sus sicarios la ejecución de don Guillermo Cano, los medios de comunicación no se atrevían a escribir ya sobre los narcotraficantes, por temor a que sus periodistas fueran acribillados.

La respuesta de Fabio Castillo al asesinato de don Guillermo Cano fue dedicar todo el año de 1987 a preparar su libro Los Jinetes de la Cocaína, publicado en diciembre de ese año. Ese libro fue hasta esa fecha el catálogo más completo de los crímenes del narcotráfico.

Fabio Castillo se echó sobre sus hombros, él solo, la responsabilidad de informar a todo el país sobre la criminalidad organizada. Por eso, cuando apareció, el libro fue un éxito arrollador de ventas y fue pirateado y vendido en los semáforos de todas las ciudades del país.

El líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria.
El líder del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria.

La huida de Fabio Castillo: escondido en un prostíbulo y luego en el exilio

Muchos años después, Fabio Castillo confesó dónde se había escondido para que no lo encontraran los sicarios de Pablo Escobar. Alquiló una pieza en una casa de citas de mala muerte en el centro de Bogotá. Durante semanas no se ausentó de esa casa.

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Un día, el profesor Juan José Hoyos, de la Universidad de Antioquia, llegó a Bogotá en un bus cargado de estudiantes de Comunicación Social que iban a hacer una gira por la sede de El Tiempo, el Espectador, Caracol, RCN, y otros medios. Pararon en algún sitio en el centro de Bogotá a preguntar cuál sería el hospedaje más económico que pudieran pagar los estudiantes de una universidad pública. Alguien les recomendó el Hotel Lucho, que era como Fabio Castillo llamaba el hotelucho y casa de citas donde vivía. El profesor Juan José Hoyos, que había sido corresponsal de El Tiempo en Medellín y que fue el primer periodista que le hizo a Pablo Escobar una entrevista, en la Hacienda Nápoles en 1983, entró al Hotel Lucho a preguntar cuál era la tarifa y reconoció a Fabio Castillo por las fotografías.

Personalmente no se conocían. Juan José no se le acercó a hablarle, pero quedó impactado de verlo en ese lugar. Fabio no reconoció a Juan José.

Fabio Castillo, autor del libro Los Jinetes de la Cocaína, quien se dejó fotografiar en una visita a Bucaramanga para el lanzamiento de un libro en 2023
Fabio Castillo, autor del libro Los Jinetes de la Cocaína, quien se dejó fotografiar en una visita a Bucaramanga para el lanzamiento de un libro en 2023

El exilio y la vida clandestina en Europa de Fabio Castillo

Poco tiempo después, el presidente de Avianca, Edgar Lenis Garrido, contactó a Fabio Castillo y le dijo: “Mijo, yo no lo voy a dejar matar”. Lenis le entregó 10 pasajes internacionales abiertos para que Fabio se fuera del país y se escondiera en el exterior. Unos amigos llevaron en su carro a Fabio hasta la frontera con Ecuador. Ingresaron a ese país con Fabio escondido en el baúl del carro. De Quito, Fabio Castillo voló a Miami y se dirigió al Miami Herald, donde conocía al periodista Guy Gugliotta, autor del libro Reyes de la Cocaína.

Fabio Castillo le pidió a Gugliotta ayuda para esconderse en Miami. Gugliotta le dijo que estaba loco, que Miami para los narcotraficantes era el patio trasero de Medellín y que lo iban a matar con la misma facilidad con que lo matarían en Colombia.

Fabio se montó en un bus de Greyhound con rumbo a Nueva York. Allá gastó el segundo pasaje que le había regalado el presidente de Avianca y viajó a Madrid.

Fabio se dirigió a la revista Cambio 16 donde trabajaba el periodista colombiano Antonio Caballero, que mucho después falleció siendo columnista de la Revista Semana. Fabio le pidió ayuda para conseguir un trabajo. Antonio Caballero lo acompañó a la oficina del director y dueño de la revista, Juan Tomás de Salas. Este le preguntó de qué podría escribir que fuera de interés para España y Fabio le ofreció un informe sobre las conexiones españolas del cartel de Medellín.

El informe se publicó y Juan Tomás de Salas, en reciprocidad por la ayuda que el doctor Eduardo Santos, director-propietario de El Tiempo, le había brindado en los años 60 a Salas dándole trabajo en El Tiempo de Bogotá, cuando Salas era un periodista en el exilio, le pagó a Fabio Castillo 10.000 dólares en efectivo, una suma enorme en 1988.

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La única foto que existe de Pablo Escobar, líder del Cartel de Medellín, durante su reclusión en La Catedral, de Envigado.
La única foto que existe de Pablo Escobar, líder del Cartel de Medellín, durante su reclusión en La Catedral, de Envigado.

Se enfrentó a dos ladrones, que terminaron invitándole un trago

Fabio Castillo salió de la revista con esa plata en el bolsillo hacia la casa donde había alquilado una pieza con un nombre ficticio. En el camino se le atravesaron dos tipos, uno por delante y otro por detrás y le dijeron “danos la blanca, el parné”.

Fabio les contestó: “Háblenme en castellano, yo no les entiendo”, sabiendo perfectamente que se trataba de un atraco. Cuando los delincuentes le hicieron ver que tenía que entregar lo que llevaba, Fabio les dijo que él era colombiano, que estaba en Madrid sin plata y sin trabajo, que los españoles habían saqueado todo el oro de Colombia en la conquista y en la colonia, que no lo fueran a atracar a él, que atracaran a españoles.

Las razones de Fabio Castillo convencieron a los atracadores, que terminaron invitándolo a tomar unas cañas en un bar. Días después, Fabio regresó a su pieza y la casera le dijo “tú no te llamas como me dijiste, tú te llamas Fabio Castillo, hoy te dejaron este sobre a nombre tuyo, y mira lo que hay adentro: una bala, de modo que te vas ya de esta casa”.

Ahí empezó un larguísimo itinerario de Fabio Castillo por España, Francia, Gran Bretaña y Haití. Fue un itinerario tan largo que alcanzó para que finalmente las autoridades colombianas dieran de baja a Pablo Escobar en 1993.

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Pero Fabio se quedó en el exterior varios años más. Cuando regresó, y hasta su muerte esta semana, guardó el más riguroso sigilo sobre su paradero.

Mi amigo incondicional Fabio Castillo

Fui amigo de Fabio Castillo desde 1976, cuando él era reportero del periódico El Siglo, donde lo había contratado su director Álvaro Gómez Hurtado.

Pese a esa larga amistad y a que hablábamos por WhatsApp de cuando en cuando, nunca le pude mandar a Fabio ninguno de mis libros.

Cuando yo le preguntaba a él a qué dirección se los podía remitir, no me contestaba. El no hablaba de su vida personal o su vida privada y uno sabía que era mejor no preguntar. Hace dos años les pedí el favor a Álvaro Navas y a Daniel Navas de la Casa del Libro Total, que invitaran a Fabio a Bucaramanga a la presentación de mi libro “Palacino es inocente”. Ellos generosamente le enviaron los boletos y la invitación al hotel y para sorpresa mía, Fabio aceptó viajar, estuvo en la presentación del libro y estuvo también en la sede de Sistemas y Computadores en el Anillo Vial, donde Álvaro Navas le mostró el data-center y las oficinas de esa compañía.

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Luego nos invitó a almorzar en el balcón de su oficina con platos pedidos al restaurante DiMarco.

Fabio se dejó fotografiar en esa visita, cosa que generalmente no hacía nunca. El, con mejor entrenamiento que un agente de la CIA, o del MI5, sabía que el enemigo acecha toda la vida y que nunca se puede bajar la guardia. Es muy difícil ser amigo de alguien que era enemigo de Pablo Escobar.

El legado de Fabio Castillo en Colombia

Esta semana, cuando se conoció la noticia de la muerte de Fabio, me escribieron y me llamaron varios periodistas que sabían de mi amistad con él, para preguntarme de qué había muerto, si estaba enfermo, si sabía de la velación.

A todos tuve que contestarles que no sabía, que si ellos averiguaban algo, me contaran. Solo con el aviso de la funeraria me enteré que Fabio tenía dos hijos y varios hermanos y que su mamá está viva.

Su papá, Juan Castillo, que trabajó durante años en la oficina de prensa de la Casa de Nariño, nació en Moniquirá.

En el gobierno de Belisario Betancur, los asesinos de Pablo Escobar hicieron llegar a la embajada de Colombia en Madrid una maleta cargada de cocaína, supuestamente remitida por valija diplomática por Juan Castillo desde la Casa de Nariño.

Naturalmente, el papá de Fabio no tuvo nada que ver con la maleta, pero el gobierno terminó destituyéndolo. Fue el único golpe que el Cartel de Medellín logró propinarle a Fabio Castillo.

Si uno pudiera conocer todos los detalles de la vida secreta de Fabio Castillo en Europa desde 1988 hasta cuando volvió a Colombia, tendría ya escrita una novela de espionaje.

Juan José Hoyos me escribió después de la muerte de Fabio Castillo: “Solo siento tristeza de ver morir en silencio a testigos tan importantes de la historia de nuestro país, como Fabio”.

Publicado por: Alberto donadío

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