Las hipótesis apuntan a ajustes de cuentas entre redes delictivas. La acumulación de casos en tan corto tiempo ha instalado un clima de temor en la ciudad.

En menos de siete días, cuatro casos de restos humanos abandonados en bolsas y maletas han sacudido a la capital del Valle del Cauca. Las autoridades investigan si hay una organización criminal detrás de los hechos, mientras la ciudad permanece sin comandante de Policía y la comunidad exige respuestas urgentes.
Operarios que realizaban labores rutinarias de limpieza en la planta de tratamiento de agua de Paso del Comercio, ubicada en el nororiente de Cali, en la comuna 6.
El hallazgo que detuvo el trabajo y obligó a llamar de inmediato a la Policía: dos bolsas negras abandonadas que contenían partes humanas, entre ellas restos de lo que las autoridades confirmaron corresponde a un solo cuerpo.
El hallazgo de otras dos cabezas y restos humanos en Cali confirma el nivel de degradación de la violencia que enfrenta la ciudad y la presencia del crimen organizado.
— Personería de Cali (@personeriacali) February 16, 2026
El Personero Distrital, Gerardo Mendoza, rechaza estos actos que atentan contra la vida, la dignidad humana y… https://t.co/sMkPmeXI1I
No era la primera vez en la semana. Tampoco sería la última vez que los caleños sentirían la amenaza al transitar por su ciudad.
En menos de siete días, cuatro casos similares se han registrado en diferentes puntos del Valle del Cauca, una cabeza hallada en zona rural del municipio de La Unión; otra encontrada dentro de una maleta en inmediaciones del Centro Administrativo Municipal de Cali, a orillas del río Cali; un hallazgo previo en la vía Panorama, en jurisdicción del municipio de Cartago; y ahora estos últimos restos en la planta de tratamiento de Paso del Comercio. El patrón es siempre el mismo: bolsas o maletas abandonadas en lugares visibles, con partes de cuerpos humanos en su interior.
El hallazgo que paralizó la planta de agua
Fue durante las labores ordinarias de aseo cuando los trabajadores de la estación de bombeo notaron algo que no debía estar allí. Las dos bolsas negras estaban en un área accesible de la planta y su contenido no tardó en confirmarse. La Policía Metropolitana de Cali hizo presencia en el lugar y abrió una inspección judicial.

“Estamos esperando el levantamiento. La información que tenemos es que fue en la planta de aguas de Paso del Comercio cuando estaban haciendo limpieza y encontraron dos bolsas con partes humanas”, confirmó la oficina de prensa de la Policía Metropolitana.
Horas después, el coronel Milton Andrés Melo, subcomandante de la institución en Cali, precisó ante los medios que los restos hallados corresponden a partes de un solo cuerpo, rectificando versiones iniciales que hablaban de dos individuos. “Estamos haciendo todas las labores correspondientes para identificar a la víctima y dar con los responsables”, aseguró el oficial.
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Las autoridades no han reportado el hallazgo de cuerpos completos ni de otras extremidades que permitieran confirmar plenamente la identidad de la víctima. Óscar Daniel Londoño, un joven originario del norte del Valle del Cauca, es uno de los pocos casos en los que se ha logrado avanzar en la identificación, hecho que ha generado profunda consternación en su comunidad.

Una semana que ha puesto en alerta a toda la ciudad
La acumulación de casos en tan corto tiempo ha desbordado la capacidad de respuesta institucional y ha instalado un clima de miedo en barrios que van desde zonas industriales del norte de la ciudad, como Calimío y Paso del Comercio, hasta el corazón administrativo y comercial de Cali.
El hallazgo más perturbador, antes del de la planta de agua, fue el de una cabeza dentro de un bolso encontrado en las inmediaciones del Centro Administrativo Municipal, a pocos metros de la Alcaldía y del Concejo de la ciudad. Un lugar simbólico, institucional, frecuentado a diario por funcionarios y ciudadanos. Ese detalle no pasó desapercibido para ninguna autoridad. Además: Niña de 7 años murió por bala perdida durante ataque sicarial en Cali
El alcalde de Cali, Alejandro Éder, reaccionó de inmediato. “Desde la Alcaldía respaldamos a la Policía Nacional y a la Fiscalía con todas nuestras capacidades para esclarecer este crimen atroz”, escribió en su cuenta de la red social X, asegurando que su administración no va a “desistir en la defensa de la vida”.
La presidenta del Concejo de Cali, Daniella Plaza Saldarriaga, fue más directa en su diagnóstico. “La violencia no puede seguir normalizándose en esta capital. Este hallazgo en un espacio público institucional envía un mensaje de terror para todos los caleños”, señaló la concejal, quien subrayó que estos hechos siguen colocando a Cali “como una de las ciudades más peligrosas del país”.
Expreso mi profunda preocupación ante los recientes hechos de violencia que han estremecido a nuestra ciudad; en donde recientemente se encontraron restos humanos cerca a la estación de bombeo de Paso del Comercio. Estos casos, sumados a las cifras de homicidios y hurtos, no… https://t.co/VrOodkM4iC
— Daniella Plaza (@ladaniplaza) February 16, 2026
La Personería habla de Buenaventura
La voz más contundente en las últimas horas ha sido la del personero distrital de Cali, Gerardo Mendoza, quien no dudó en evocar el fantasma más oscuro de la violencia en el Pacífico colombiano.
“Estos hechos nos hacen rememorar la peor época de violencia en Buenaventura”, declaró Mendoza, haciendo referencia a los años más cruentos del puerto del Valle del Cauca, cuando grupos armados ilegales desmembraban a sus víctimas en casas de pique y utilizaban la mutilación como instrumento de terror y control territorial.
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El personero fue enfático en que el hallazgo de estos restos “confirma el nivel de degradación de la violencia que enfrenta la ciudad y la presencia del crimen organizado”, y exigió “acciones urgentes, resultados contundentes y el desmantelamiento de estas estructuras criminales”.
También lanzó una advertencia sobre la situación institucional que atraviesa la Policía en Cali: la ciudad lleva días sin comandante de la Policía Metropolitana, tras el llamado a calificar servicios del brigadier general Edwin Masleider Urrego Pedraza. El retiro del oficial estuvo rodeado de polémica: el presidente Gustavo Petro lo señaló de haber orquestado un plan para “ponerme sustancias psicoactivas en el carro”, acusación que marcó su salida del cargo y dejó un vacío en el mando de la fuerza pública en una de las ciudades más violentas de Colombia.
“Urge definir quién estará al mando de la Policía Metropolitana, garantizando la continuidad y el respaldo para explorar los resultados que en materia de seguridad la ciudadanía requiere”, demandó Mendoza.
¿Ajuste de cuentas o mensaje a la institucionalidad?
Las autoridades trabajan sobre dos hipótesis principales que no se excluyen entre sí.
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La primera apunta a un ajuste de cuentas entre redes de sicariato locales. En esta lectura, los crímenes serían retaliaciones entre bandas que disputan el control de líneas delictivas en el centro y el norte del departamento. La forma de abandonar los restos en lugares de alta visibilidad y tránsito sería coherente con la lógica de intimidación entre organizaciones rivales.

La segunda hipótesis sostiene que la elección deliberada de sitios como las inmediaciones del CAM o una planta de tratamiento de agua pública no es casual, sino que constituye un mensaje directo a la institucionalidad, aprovechando el momento de reacomodamiento de estructuras vinculadas al narcotráfico en la región.
La cercanía geográfica y temporal de todos los casos es uno de los elementos que más peso tiene para quienes investigan una posible conexión entre los hechos.
Una ciudad que pide respuestas
En los barrios, el miedo ha vuelto a instalarse con una familiaridad inquietante. Ciudadanos que han alertado a las autoridades al encontrar maletas o bolsas sospechosas en la vía pública; vecinos que evitan ciertos sectores en las noches; comerciantes que vigilan con más recelo a quienes ingresan a sus locales: los efectos del terror no necesitan que se cometa un crimen en cada esquina para expandirse.
La Personería insiste en que el derecho fundamental a la vida está siendo vulnerado de manera sistemática y que la respuesta institucional debe ser proporcional a la gravedad de lo que está ocurriendo. Las investigaciones siguen abiertas. Las identidades de varias víctimas aún no han sido confirmadas. Y Cali, mientras tanto, espera que alguien asuma el mando y le explique qué está pasando en su ciudad.


















