La llegada anual de miles de ballenas jorobadas activa la economía del litoral Pacífico, mientras autoridades y comunidades refuerzan medidas para un avistamiento responsable.
Publicado por: Redacción Vanguardia
El Pacífico colombiano se alista para el recibimiento de una nueva temporada de migración de ballenas jorobadas, uno de los espectáculos naturales más relevantes del planeta. Se estima que entre 6.000 y 8.000 ejemplares arribarán a estas aguas entre julio y octubre, atrayendo a cerca de 30.000 visitantes nacionales y extranjeros.
Este fenómeno natural, que convierte a la región en un destino privilegiado para el ecoturismo, ha llevado a comunidades, operadores turísticos y autoridades ambientales a fortalecer protocolos que garanticen la protección de los cetáceos y el desarrollo sostenible de la actividad.
La organización Pacífico Biocultural lidera iniciativas para consolidar un modelo de turismo responsable que no solo preserve el comportamiento natural de las ballenas, sino que también impulse la economía local. El enfoque busca integrar la conservación ambiental con el fortalecimiento cultural y social de las comunidades afrodescendientes del litoral.
Los principales puntos de avistamiento incluyen territorios como Bahía Málaga, Bahía Solano, Nuquí, Tumaco y Guapi, donde la temporada se ha convertido en un motor clave de ingresos. Sin embargo, el incremento del turismo también ha encendido alertas frente a prácticas inadecuadas que podrían alterar los patrones migratorios de estos mamíferos marinos.
Avistamiento responsable, clave en la temporada
Expertos advierten que acciones como acercarse en exceso, rodear a los animales o generar ruido con embarcaciones pueden afectar su comportamiento. Por ello, se insiste en mantener una distancia mínima de 200 metros, limitar el tiempo de observación y evitar la congestión de lanchas en un mismo punto.
En paralelo, se han fortalecido procesos de capacitación para prestadores turísticos. Solo en Tumaco, más de un centenar de guías y operadores han recibido formación en conservación, seguridad marítima y buenas prácticas de avistamiento.
Más allá de la observación de ballenas, la temporada también promueve experiencias de turismo biocultural que incluyen gastronomía tradicional, música, aviturismo y recorridos por manglares, resaltando los saberes ancestrales de las comunidades.

La apuesta, según líderes del proceso, es consolidar un turismo que trascienda lo comercial y se convierta en una herramienta de conservación ambiental y desarrollo comunitario, mientras se monitorea su impacto tanto ecológico como económico en la región.









