Desde Arauquita y dispuesta a compartir la felicidad que la invade cada vez que entra a la cabina de una de las 16 emisoras de paz e informa desde Radio Nacional de Colombia para el resto del país, Mary Yaquelín Fernández Niño (38 años) narra su historia.

Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve
Es el 18 de febrero, fecha en la que se conmemora el Día Internacional de la Radio, y María Yaquelín Fernández Niño (38 años) se dispone a desandar lo que un día fue su vida lejos de la familia, a los 14 años, cuando llegó a la guerrilla de las Farc por necesidad, debido a la pobreza, la falta de comida en su casa y el poco apoyo que su mamá recibía, porque era madre cabeza de familia. Ese día, como lo recalcó, tenía un “palo de fiebre”.
Al dar play a la grabadora, agradece el interés que han puesto en su historia porque dice que es la única forma de expresar que los altibajos de su vida son los que la tienen haciendo lo que más le apasiona en la Radio Nacional de Colombia.
Los detalles de un antes y un después
“Uno de niño no sabe realmente las consecuencias y las secuelas de la guerra. Mi mente no me alcanzaba a dimensionar lo que estaba haciendo. Un día un muchacho me dijo: “Venga Mary, allá le dan comida, le dan ropa, no hay nada para preocuparse”, y le hice caso. Cuando llegué allá... bueno, lo importante fue que encontré una oportunidad. En el 2000, me sacaron de las filas y me mandaron para la emisora del Bloque Oriental que se llamaba Voz de la Resistencia”.
Mary pide que la grabación se detenga porque su hijo grita y no quiere hacer silencio. A los pocos segundos pide retomar la conversación.
“Comencé a hacer mi proceso estudiando libros sobre comunicación. Tomé conciencia sobre lo que se necesita para sobrevivir en medio de las dificultades y los avatares de la guerra. En ese cargo estuve 13 años. Lo primero que aprendí a decir frente a un micrófono fue la hora. Me enseñó un jefe guerrillero. Puedo decir que fui la directora de la emisora, y luego el comandante me mandó a conformar una nueva. La emisora estaba en la zona de despeje del Caguán. Eso fue en el gobierno de Andrés Pastrana”.
En ese momento se pierde la comunicación con Mary. Retomar la llamada tardó varios minutos. Al responder, pide disculpas y dice que es mejor llamarla a otro número telefónico porque por allá (Arauquita) es típico el uso de un teléfono celular para WhatsApp y otro para llamadas.
“En esa época yo hacía un programa llamado “Mujer luchadora y revolucionaria”, enfocado en los valores y el respeto por las mujeres. Con otra compañera lo iniciamos, sacamos el nombre y comenzamos a trabajar sobre eso. Era de una hora, lo hacíamos de una hora, programábamos musiquita dedicada a la mujer”.
Pide un descanso para tomar algo y retomar la conversación. “En mí fue creciendo ese amor por el periodismo. Me decía: ‘Ojalá que se firme la paz, que yo pueda salir de aquí, que pueda terminar el bachillerato, estudiar un técnico o llegar a la universidad. En 2013 me sacaron de la emisora y me enviaron a un curso de antenas y transmisores, luego me asignaron un grupo de muchachos para que los formara. Ellos no sabían ni leer y menos, escribir. Fue una época dura. En ese momento se supo que se daría la firma de la paz y que posiblemente nos reincorporarían a la vida civil”.
Y agrega: “En las Farc no todo era tan bonito, solo que allá me dieron la oportunidad de ser periodista. Lo hice por primera vez desde la radio y nunca he dejado de hacerlo”.
La despedida
Antes de su llegada a Radio Nacional de Colombia, Mary impulsó la pedagogía por la paz desde la guerrilla. Recuerda que les enviaban todo tipo de documentos desde La Habana, Cuba, y a sus manos también llegaron los puntos del acuerdo de paz. Cuenta que todos debían estar preparados para entregar las armas y que su oportunidad en este proceso la tuvo en 2016 cuando la enviaron como delegada a la décima y última conferencia de las Farc en los Llanos del Yarí.
Después de esto ella recuerda el mal sabor que le dejó el triunfo del ‘No a la paz’, así como la despedida de todos sus compañeros, pues fue enviada al Guaviare por casi nueves meses, debido a que temían por sus vidas, hasta que finalmente pudo regresar a Arauquita.
La oportunidad: llegar a Radio Nacional de Colombia
“Retorné a mi tierra después de tantos años. Empecé por estudiar un técnico de atención a la primera infancia y enfermería porque en Arauquita no hay periodismo, y me gradué. Lo hice con la ayuda que nos dio el gobierno. En 2021 salió la convocatoria para postularse a las emisoras de paz. Me presenté, hice las pruebas y fui sincera, les dije que no sabía hacer una noticia, ni una crónica, que no sabía ni abrir un correo electrónico. Pero no me quedé atrás. Entré a Google y busqué cómo hacerlo. Esperé varios días a ver si me llamaban”.
Mary recuerda que fue vía correo electrónico que le informaron sobre el contrato, y que trabajaría en una de las 16 emisoras de paz y para Radio Nacional de Colombia, a la que considera su casa. Y otros sueños también se hicieron realidad: ser madre, reunirse con su familia, tener esposo, un negocio y hasta una casa propia.
De todo esto concluye: “Lo primero que el equipo me dijo fue que yo era una profesional. Nunca me he sentido discriminada, soy su compañera de trabajo (risas). Me dicen que soy muy buena contando historias, que son bonitas. La Radio Nacional de Colombia es aliada de los territorios, que nos permite no solo estar dentro del proceso de hacer paz, sino verla en vivo y en directo. Todo en mi vida ha cambiado. Salir de las montañas y llegar a las ciudades, no ha sido fácil, pero nunca abandoné mis sueños. Me siento muy orgullosa de todo lo que he conseguido”.












