Domingo 04 de Noviembre de 2018 - 07:40 PM

90 minutos con la Fortaleza Leoparda Sur, el alma del Atlético Bucaramanga

Sin duda alguna, visitar la Carrera 30 con Calle 14, en el barrio San Alonso de Bucaramanga, es una de las actividades favoritas del santandereano. Es un ritual al que cada hincha del Atlético Bucaramanga le dedica todo el día, desde que se levanta feliz de poder ir a ver a su equipo, hasta cuando regresa a su casa contento por una victoria o triste por una derrota.

Así han pasado casi 70 años desde el primer partido que jugó el equipo. Generaciones enteras siguen yendo al Alfonso López a ver al equipo de sus amores y a medida que pasa el tiempo llegan personas nuevas, con el mismo infundido por sus abuelos, tíos o por sus padres.

A un costado del estadio, más exactamente en la zona sur, hinchas de todas las edades y de todos los estratos sociales se encargan cada fin de semana de llenar la conocida ‘popular’ y alentar al equipo, gane o pierda, como dice una de las canciones que pregonan.

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Durante años fui a ver al Atlético desde otras localidades como Oriental, Numerada, Occidental y desde las cabinas de prensa; pero siempre me pregunté cómo se vive un partido junto a la Fortaleza Leoparda Sur.

Alentando con la Fortaleza Leoparda Sur



Una de las canciones que cantan en los partidos dice “el sábado me doy el lujo de venirte a ver, entre semana solo pienso en ese día”. Esta frase me quedó sonando porque concuerda con la rutina del día del partido, puesto que, la fiesta de ir a alentar comenzaba desde temprano.

Desde la semana anterior, junto a mi compañero Milton Velosa (encargado de la producción de este trabajo), preparamos todo para ir a alentar. Habíamos hablado con los líderes de la barra y teníamos todo para ir a grabar.

Lo primero que pensé el sábado al despertar fue cómo iba a llegar al estadio y a qué hora debía encontrarme con la gente de la barra. Además, tenía que arreglar la camiseta con la que iba ir, que fue con la que el Bucaramanga jugó la temporada 2016, posterior al ascenso.

Llegué a las 2:30 a la glorieta del estadio. Durante el recorrido, y en el lugar, ya había mucha gente trasladándose al Alfonso. Era el Deportivo Cali, rival directo en la reclasificación, y la gente apoyaba desde temprano. Algunos hinchas de la Fortaleza ya estaban desde horas de la mañana cantando y saltando.

Con mi compañero Milton nos encontramos con un líder de la barra, quien nos brindó la compañía de Nicole durante toda la previa y durante los 90 minutos. De la glorieta subimos por toda la Calle 14, para entrar por las canchas de tenis del complejo deportivo e ingresar a Sur.

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Entramos de primeros, junto a los chicos de la banda y de los ‘trapos’ (banderas), para conocer el proceso de montaje. Unos hinchas despliegan los ‘trapos’ en toda la localidad, los cuelgan y los amarran; mientras que los de la banda arreglan sus instrumentos, que fueron revisados por la Policía antes del ingreso. El resto de la hinchada está afuera, esperando para entrar o consiguiendo para la boleta, pero sea como sea, hay que llegar a apoyar.

Una hora antes del partido, que comenzaba a las 6:00 p.m., la banda (conocida como La Murga), y casi el 85 % de la hinchada, se ubicaban en la cafetería de Sur para iniciar la previa. Un ritual que realizan cada partido, donde todos cantan, alientan, saltan y bailan al ritmo de la cumbia, el amor por el ‘Leopardo’ y las ganas de ver a su equipo ganar; que al mismo tiempo este ya está calentando en la gramilla del Alfonso López para el encuentro.

Faltando cinco minutos para los actos protocolarios, la hinchada regresaba a la localidad, llenaba Sur y se preparaba para una noche de gloria. Sonó el himno de Santander y la Fortaleza, como es de costumbre, silbó, cantó el himno, y le hizo saber al Deportivo Cali que el equipo y su gente no le iban a pasar ninguna. Sirvió.



Posterior a eso, el estadio rindió un minuto de silencio a Herman ‘Cuca’ Aceros, único santandereano en jugar y marcar un gol en un mundial de fútbol, y quien había fallecido el pasado lunes.

Tras el homenaje, el partido comenzó y el Atlético Bucaramanga tuvo opciones de marcar, a pesar de la presencia de Camilo Vargas y a pesar de que el partido se normalizó en algunos momentos. Sin embargo, la FLS nunca dejó de cantar y saltar, bajo la batuta de Widmar Durán, líder de la barra y conocido como ‘Leona’, que durante toda la tarde se encargó de decirle a la hinchada qué debía cantar.

Durante el segundo tiempo, ninguno de los equipos pudo hacerse daño. Milton y yo nos hicimos en la parte más alta y fue hasta el minuto 92 donde Brayan Rovira marcó el gol de la victoria y la Fortaleza Leoparda Sur se descontroló totalmente. Júbilo en todo el Alfonso López.



El partido se acabó y el estadio fue una fiesta, nadie quería irse. Los jugadores realizaron su ritual de cada partido, se hicieron en la mitad de la cancha, oraron, y a continuación se levantaron para ir hasta el costado Sur a festejar con la hinchada.

Al final, la Policía y la logística sacaron a toda la hinchada del estadio. Nosotros acompañamos a la Fortaleza de nuevo hasta la glorieta, lugar donde siguieron cantando cumbias, celebrando la victoria y soñando con seguir alentando la fiesta del fútbol bumangués en una final de Liga Águila o en un torneo internacional.

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