Entrevista con Fabry Castro, el héroe silencioso de la primera estrella del Atlético Bucaramanga, que está listo para volver a jugar luego de superar una grave lesión.

Cualquiera en ese momento debería tener las pulsaciones por los cielos, pero Fabry Castro las tenía al nivel del mar. Su andar, desde el centro del campo del estadio El Campín de Bogotá, hasta el punto penalti, fue muy pausado y tranquilo, como quien va a la tienda en día de descanso.
Su concentración era tal, que a pesar de la silbatina de los hinchas de Independiente Santa Fe, él no escuchaba nada, solo el silencio, como Andrés Iniesta previo al gol que le dio el título del mundo a España en 2010.
Tomó el balón, lo ubicó en el punto penalti y, como si estuviera jugando en el patio de su casa, lo acomodó, con su botín derecho, bien pegado a un palo, mientras el portero Andrés Mosquera Marmolejo viajó al otro.
No celebró, se dio la vuelta y, allí, recordó que le faltaba algo por hacer: encomendar la atajada de la anhelada primera estrella.
“Ya con Aldair (Quintana) lo habíamos hablado antes. Él me dijo que tapaba un penalti, y yo le dije tienes que tapar dos, entonces cuando yo convierto le digo acuérdate que son dos los que tienes que tapar, te falta uno”, confesó Fabry.
Y la historia dice que Quintana le hizo caso. Se impulsó en el Cerro de Monserrate para atajarle el penalti a Julián Millán y bajar del cielo capitalino la anhelada primera estrella del Atlético Bucaramanga, luego de 75 años de una historia marcada por desenlaces tristes.

Fabry confesó detalles de su carrera
Dos años después, la cita para la entrevista estaba pactada a las 2:00 p.m. A las 2:05 p.m. sonó el teléfono. Era Fabry Castro. Llamaba únicamente para disculparse: llegaría diez minutos más tarde.
Puede parecer un detalle menor, pero hay personas que se revelan en los pequeños gestos. Ese llamado, innecesario para muchos, retrata con precisión al mediocampista nacido en Nariño el 21 de febrero de 1992 y formado futbolísticamente en Cali.
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En una época donde la puntualidad parece haberse vuelto un lujo, Castro la sigue entendiendo como un principio. Uno más de los valores que lo acompañan desde aquellos días en la escuela Carlos Sarmiento Lora, cuando todavía jugaba como volante creativo y soñaba con abrirse camino en el fútbol.

Durante la conversación, iniciada puntualmente a las 2:10 p.m., dejó escapar otra confesión que ayuda a entender su personalidad: nunca hizo del alcohol un compañero de viaje. Apenas, en contadas ocasiones, después de una cena, acepta una copa de vino. “Y eso…”, dice entre sonrisas.
Fabry Castro es un auténtico trotamundos. El fútbol lo llevó a conocer otros países, varias culturas y distintos idiomas. Sin embargo, entre tantos acentos, encontró uno del que terminó enamorándose: ‘el santandereano mano’, que espera seguir escuchándolo por más tiempo.
En diálogo con Vanguardia, en su empresa IOANNINA, el héroe silencioso de aquella inolvidable noche del 15 de junio de 2024 revivió la conquista de la primera estrella del Atlético Bucaramanga, recorrió su aventura por el fútbol internacional, habló de su familia, de la lesión que lo obligó a mirar desde afuera buena parte de la temporada pasada, de su regreso a las canchas y del futuro que aún sueña escribir con la camiseta ‘auriverde’.















