El ‘Rey’ Pelé, considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos, visitó Bucaramanga, en un acontecimiento inolvidable para el deporte de la región.

Bucaramanga tuvo el privilegio de recibir a un rey. No llevaba corona ni necesitaba presentación: sus goles, sus gambetas y tres títulos mundiales hablaban por él. El 16 de octubre de 1975, Edson Arantes do Nascimento, el legendario Pelé, llegó a la ‘Ciudad Bonita’ y convirtió una jornada cualquiera en un acontecimiento inolvidable para el deporte santandereano.
Hoy, imaginar a Lionel Messi o Cristiano Ronaldo recorriendo las calles de la capital santandereana permite dimensionar lo que significó aquella visita. Hace 51 años, el fútbol mundial tenía un nombre que despertaba admiración en todos los rincones del planeta, y sus pasos quedaron registrados en la historia de Bucaramanga.
A sus 35 años, el brasileño ya había conquistado las Copas del Mundo de 1958, 1962 y 1970. Después de deslumbrar con el Santos, vivía la etapa final de su carrera en el Cosmos de Nueva York, pero su talento y su popularidad seguían intactos.
Una lección de fútbol con el ‘Rey’
La llegada de Pelé hizo parte de la celebración de los 25 años de Hipinto como embotelladora de Pepsi Cola. Para conmemorar la fecha, la empresa organizó una clínica de fútbol para menores entre los 12 y 14 años en el estadio Alfonso López, hoy Américo Montanini.
El escenario vivía entonces uno de los mejores momentos del Atlético Bucaramanga. De la mano de Misael ‘El Papo’ Flórez, mediocampista santandereano, y con hombres como Eduardo Emilio Vilarete, Alfredo Arango y Eduardo Guillio, el equipo cumplía una brillante campaña en la Liga colombiana, que le permitiría al final de año alcanzar el cuarto lugar.

Entre los participantes de aquella actividad estaba Hernando ‘El Mico’ García, quien años después se convertiría en futbolista profesional y dejaría su huella en el Atlético Bucaramanga y Millonarios, equipo con el que fue campeón en 1987 y 1988.
La experiencia lo marcó para siempre. “Fue una alegría inmensa tener al frente a Pelé y que nos diera instrucciones. A mí me marcó esa experiencia, porque uno de niño tiene referentes y tenerlo cerca genera mucha emoción”, recordó García.
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Para aquellos jóvenes, no se trataba de un entrenamiento cualquiera. Era la oportunidad de recibir consejos de un hombre que había levantado tres veces la Copa del Mundo. García, además, forma parte de una familia que ha aportado varios futbolistas al balompié santandereano y nacional.
Un ídolo que sorprendió por su sencillez
Alberto Osorio Castaño fue uno de los periodistas que entrevistó al brasileño y todavía conserva una fotografía de aquel encuentro como recuerdo de una jornada histórica.
Traer a una figura de semejante dimensión significaba un esfuerzo económico considerable. Sin embargo, Hipinto asumió el reto con la intención de ofrecerles a los niños y a los bumangueses un espectáculo inolvidable.

“En ese entonces era un costo elevado traer a una figura de la talla de Pelé, pero la empresa Hipinto hizo el esfuerzo y quería otorgarle ese regalo a los niños y al pueblo bumangués, que disfrutó de un gran espectáculo”, señaló, años atrás, Osorio Castaño.
Al periodista también le llamó la atención el trato del futbolista con la gente, lejos de la imagen distante que podía acompañar a una estrella de su categoría.
“Aunque ya era mundialmente conocido, nos encontramos con un hombre sencillamente humano, respetuoso, que sentía el cariño por la gente y se dejaba querer; nada de petulancias, saludaba a toda la gente sin mirar la clase social”, relató.
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Esa cercanía hizo que la visita trascendiera lo deportivo. Pelé no se limitó a recibir homenajes: compartió con quienes habían esperado durante horas para verlo.
Una ciudad rendida ante Pelé
Nacido en Três Corações, Minas Gerais, en un entorno de dificultades económicas, Pelé irrumpió en el fútbol mundial con apenas 17 años. En Suecia 1958 marcó seis goles y conquistó su primera Copa del Mundo, cumpliendo la promesa que le había hecho a su padre después de verlo llorar por la derrota de Brasil ante Uruguay en la final de 1950, en el histórico ‘Maracanazo’.
Después llegaron los títulos de Chile 1962, donde actuó poco por una lesión, y México 1970, además de una carrera repleta de goles, gambetas y jugadas que ayudaron a convertirlo en uno de los máximos símbolos del ‘jogo bonito’.

Con semejante trayectoria, Bucaramanga se volcó a las calles para recibirlo.
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La multitud lo esperó en el aeropuerto, ubicado entonces en el sector de Real de Minas. Posteriormente, una caravana recorrió las principales vías de la ciudad hasta llegar al parque García Rovira, donde el alcalde de la época, Jorge Reyes Puyana, le entregó las llaves de la ciudad.
El brasileño respondió al cariño con su característico carisma: firmó miles de autógrafos y hasta probó uno de los productos más representativos de la gastronomía regional, las famosas hormigas culonas.
La actividad central se desarrolló hacia las 6:30 de la noche en el estadio Alfonso López. Allí, 56 niños tuvieron el privilegio de participar en la clínica, seleccionados por dos referentes del fútbol santandereano: Hermán ‘El Cuca’ Aceros, mundialista en 1962, y Américo Montanini, goleador histórico del ‘Leopardo’.
Pelé compartió conceptos futbolísticos, mostró parte de su talento y ofreció consejos para la vida. La jornada también incluyó la entrega de 25 balones autografiados entre los asistentes y tuvo un propósito benéfico.
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Las entradas costaban cinco pesos en la tribuna oriental y diez pesos en la occidental. La recaudación se destinó a obras de beneficencia.
Un día de fútbol para la historia
La visita coincidió con otro acontecimiento que concentraba la atención del país: la final de la Copa América entre Colombia y Perú.
Esa misma noche, el equipo dirigido por ‘El Caimán’ Sánchez ganó 1-0 en el partido de ida, con anotación de Ponciano Castro, y alimentó la ilusión de conquistar el título continental.
Sin embargo, Perú se impuso 2-0 en Lima y luego ganó 1-0 en Caracas, en el encuentro de desempate, para quedarse con el campeonato.
Mientras Colombia soñaba con la Copa América, Bucaramanga disfrutaba de la presencia de uno de los grandes protagonistas de la historia del fútbol mundial.
Han pasado 51 años desde aquella jornada, pero su recuerdo permanece entre quienes lo vieron recorrer las calles de Bucaramanga, compartir con los niños y recibir el cariño de una ciudad entera.
Hoy, imaginar una visita de Messi o Cristiano Ronaldo despierta la expectativa de miles de aficionados. Sin embargo, la capital santandereana ya vivió ese privilegio con una figura irrepetible: Pelé, el ‘Rey’ que convirtió unas horas en Bucaramanga en una página inolvidable para el deporte regional.















