Fútbol
Lunes 19 de octubre de 2026 - 07:33 AM

“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista

El mediocampista de 35 años de Águilas Doradas, hijo del exfutbolista Carlos Ricaurte, ha construido una carrera marcada por la disciplina, la confianza en sus capacidades y el amor por su familia.

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Hay momentos en la vida de un futbolista en los que el futuro parece pender de un hilo. Para Andrés Ricaurte, ese hilo se rompió más de una vez: tres lesiones de ligamento cruzado lo obligaron a pasar por el quirófano y a escuchar recomendaciones médicas y familiares que apuntaban hacia otro camino. Sin embargo, el mediocampista antioqueño encontró en la confianza en sus capacidades una razón para seguir.

Hoy, a sus 35 años, mientras defiende los colores de Águilas Doradas, su mayor orgullo no está únicamente en lo que ha conseguido dentro de una cancha, sino también en la familia que lo espera en casa y en la tranquilidad de saber que ha hecho todo lo posible por cumplir su sueño.

En una conversación con Vanguardia, lejos de las preguntas habituales sobre esquemas tácticos y resultados, Ricaurte habló de las lesiones que pusieron a prueba su carrera, de la paternidad que transformó sus prioridades, de las personas que le ha regalado el fútbol y de una convicción que lo ha acompañado durante más de 15 años como profesional: no quiere que lo recuerden solamente por cómo jugaba, sino por la persona que fue.

Tres cirugías y una decisión: seguir creyendo

La primera lesión grave llegó cuando tenía 18 años. El diagnóstico fue una ruptura del ligamento cruzado anterior, una de esas noticias que pueden cambiar el rumbo de una carrera cuando apenas comienza a tomar forma.

BOGOTÁ, 15 de febrero de 2023.- E jugador Andres Ricaurte de Independiente Medellin disputa un balón frente a Equidad en la 1 fecha de la liga BetPlay I 2023 en el estadio Metropolitano de Techo. (Colprensa-John Paz).
BOGOTÁ, 15 de febrero de 2023.- E jugador Andres Ricaurte de Independiente Medellin disputa un balón frente a Equidad en la 1 fecha de la liga BetPlay I 2023 en el estadio Metropolitano de Techo. (Colprensa-John Paz).

Ricaurte sabía que estaba frente a un momento decisivo. A esa edad, una lesión de semejante magnitud podía convertirse en una oportunidad para demostrar fortaleza o en el punto final de un sueño que todavía tenía mucho por recorrer.

“Fue difícil, pero yo siempre fui un poquito testarudo con los temas médicos, entonces sentía que simplemente era recuperarme y volver a darle otra vez”, recordó.

La recuperación exigía paciencia, trabajo físico y confianza en quienes lo acompañaban durante el proceso. Pero el desafío no terminó con aquella primera cirugía. Después llegaron dos lesiones más del mismo ligamento, hasta completar tres intervenciones.

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En la tercera ocasión, incluso sus padres le recomendaron que comenzara a pensar en otras posibilidades. No lo hacían para alejarlo de aquello que amaba, sino porque querían protegerlo de un nuevo golpe.

Ricaurte entendía sus preocupaciones, pero tenía una certeza difícil de negociar: todavía podía jugar.

“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista. Foto: Redes sociales Andrés
“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista. Foto: Redes sociales Andrés

“Yo estaba convencido de lo que quería y si ya me había recuperado una vez, dos, entonces a la tercera, ya sabía más cómo era el proceso, ya sabía qué me tocaba hacer para volver a estar bien”, explicó.

Su decisión no significó desconocer las recomendaciones médicas ni restarle importancia a los riesgos. Fue, más bien, una apuesta consciente por intentarlo una vez más, respaldado por el conocimiento que había adquirido en sus recuperaciones y por el deseo de continuar en el fútbol profesional.

Con el paso de los años, esa perseverancia también le permitió mirar hacia atrás sin reproches. Asegura que no siente que le haya quedado algo pendiente por no haber alcanzado todos los objetivos que alguna vez se propuso.

“Yo creo que todo ha sido ganancia, y aprendizajes muy lindos para mí”, afirmó.

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Lejos de las canchas, su mundo gira alrededor de Alicia

Si en el fútbol ha tenido que aprender a convivir con la incertidumbre, en su vida personal Andrés Ricaurte ha encontrado un lugar al que siempre quiere regresar: su casa.

El mediocampista se define como un hombre tranquilo, familiar y amoroso. No necesita grandes planes para disfrutar de sus días y tampoco es de los que buscan exponer constantemente su intimidad en redes sociales. Su rutina tiene una estructura sencilla, en la que el entrenamiento comparte protagonismo con su esposa y su hija, Alicia.

Se levanta entre las 6:30 y las 7:00 de la mañana, se prepara para entrenar y, cuando tiene la oportunidad, lleva a la niña al colegio. Después de la práctica regresa a casa, almuerza y va por ella para comenzar una segunda jornada, esta vez sin balones ni indicaciones tácticas.

Lejos de las canchas, su mundo gira alrededor de Alicia. Foto: Redes sociales
Lejos de las canchas, su mundo gira alrededor de Alicia. Foto: Redes sociales

A veces alcanza a dormir una siesta corta. Otras, el descanso queda para después. Alicia tiene sus propias actividades, sus juegos y sus ganas de compartir tiempo con su papá. Él procura estar ahí, acompañarla y disfrutar de esos momentos que, por los compromisos del fútbol profesional, no siempre puede dar por sentados.

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La noche también tiene su propio ritual: comer en familia, turnarse con su esposa para acostar a la niña y terminar el día frente al televisor. Algunas veces, la programación incluye fútbol; otras, series y cualquier otro contenido que les permita desconectarse.

No es una vida llena de extravagancias ni de planes extraordinarios. Precisamente en esa cotidianidad está buena parte de lo que Ricaurte considera importante.

Lejos de las canchas, su mundo gira alrededor de Alicia. Foto: Redes sociales Andrés
Lejos de las canchas, su mundo gira alrededor de Alicia. Foto: Redes sociales Andrés

“Desde que Alicia nació ocupa gran parte del día en ella. Creo que el enfoque cambia mucho cuando uno tiene hijos, cambian mucho las actividades, van todas asociadas a su bienestar, a que ella esté contenta, que esté tranquila y que disfrute el día», contó.

La paternidad modificó sus prioridades. Ahora, buena parte de sus decisiones cotidianas pasan por el bienestar de su hija y por la posibilidad de acompañarla mientras crece. En medio de una profesión que exige viajar, concentrarse y adaptarse a diferentes ciudades, ese espacio familiar representa una de sus mayores certezas.

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Ser hijo de un futbolista no significó vivir bajo presión

La relación de Andrés Ricaurte con el fútbol comenzó mucho antes de su debut profesional. Su padre, Carlos Ricaurte, también fue futbolista, por lo que el balón hizo parte de su entorno desde que era muy pequeño.

A los tres o cuatro años ya estaba vinculado al fútbol formativo, en una escuela en la que estaban ‘Sachi’ Escobar y J. J. Galeano, quienes habían compartido cancha con su padre durante sus carreras profesionales.

Aunque creció rodeado de ese ambiente, convertirse en futbolista profesional no fue desde el principio una obligación ni una meta impuesta. Le gustaba jugar y disfrutaba los entrenamientos, mientras la posibilidad de dedicarse al fútbol iba tomando forma con el paso del tiempo.

Ser hijo de un futbolista no significó vivir bajo presión. Foto: Redes sociales Andrés
Ser hijo de un futbolista no significó vivir bajo presión. Foto: Redes sociales Andrés

Tener un padre que conocía las exigencias de esa profesión pudo representar una presión adicional, pero Ricaurte asegura que nunca lo vivió de esa manera.

“Él nunca me la hizo sentir, realmente siempre fui muy libre de decir si quería ser futbolista profesional o no”, señaló.

Cuando Carlos consideraba que podía ayudarlo a mejorar, intervenía para orientarlo y fortalecer algunas de sus condiciones. Sin embargo, la decisión siempre estuvo en manos de Andrés.

En el fútbol formativo se desempeñó como volante de creación, el tradicional número 10. Ya en el profesionalismo comenzó a jugar algunos metros más atrás, una adaptación que amplió sus posibilidades dentro del campo.

Ser hijo de un futbolista no significó vivir bajo presión. Foto: Redes sociales Andrés
Ser hijo de un futbolista no significó vivir bajo presión. Foto: Redes sociales Andrés

Su debut llegó en 2011. Desde entonces, su trayectoria lo ha llevado por diferentes equipos y experiencias, entre ellos Águilas Doradas, Leones, Atlético Huila, Independiente Medellín, Dallas de Estados Unidos, Emelec de Ecuador, y Fortaleza, antes de regresar a Águilas Doradas.

Un recorrido que comenzó por gusto terminó convirtiéndose en una profesión que le ha exigido sacrificios, le ha permitido conocer otras realidades y le ha enseñado a valorar aquello que sucede lejos de los reflectores.

“El hincha juzga realmente al futbolista, mas no a la persona”

Para Ricaurte, una de las particularidades de ser deportista profesional es convivir con la mirada permanente del público. Los aficionados conocen sus actuaciones, sus errores, sus decisiones dentro del campo y, cada vez más, algunos aspectos de su vida privada. Sin embargo, esa exposición no significa que siempre conozcan a la persona que existe detrás de la camiseta.

El mediocampista entiende la pasión de los hinchas y reconoce que las redes sociales han aumentado las posibilidades de acercarse a los jugadores. También comprende que, cuando alguien paga una entrada o sigue a un equipo con entusiasmo, espera recibir una experiencia que esté a la altura de sus expectativas.

“El hincha juzga realmente al futbolista, mas no a la persona”. Foto: Redes sociales Andrés
“El hincha juzga realmente al futbolista, mas no a la persona”. Foto: Redes sociales Andrés

Pero considera importante distinguir entre evaluar el rendimiento de un futbolista y juzgar su vida personal.

“Me parece que el hincha juzga realmente al futbolista más no a la persona”, reflexionó.

Él mismo ha optado por mantener su intimidad lejos de la exposición pública. No tiene nada en contra de quienes comparten más detalles de su cotidianidad, pero prefiere reservar buena parte de su vida para su familia y su círculo cercano.

Eso no significa que desconozca las responsabilidades que implica ser una figura pública. Por el contrario, cree que el respeto debe mantenerse incluso en los días en los que alguien no se encuentra emocionalmente al ciento por ciento.

“El hincha juzga realmente al futbolista, mas no a la persona”. Foto: Juan Ortega/Vanguardia
“El hincha juzga realmente al futbolista, mas no a la persona”. Foto: Juan Ortega/Vanguardia

En su opinión, el fútbol es una industria que depende de muchas personas, no solamente de quienes salen a jugar. Por eso procura atender a quienes trabajan a su alrededor, abrir espacios para las entrevistas y escuchar a los aficionados cuando quieren expresarle una inconformidad, siempre que exista respeto.

Hay una situación que sí le incomoda: cuando alguien se acerca a hablar mal de uno de sus compañeros. En esos casos, incluso si se trata de familiares, prefiere cortar la conversación.

Detrás de cada jugador, recuerda, hay esfuerzo, sacrificios y circunstancias que no siempre son visibles para el público. Y aunque entiende que el hincha puede tener una opinión sobre el rendimiento deportivo, no cree que eso justifique desconocer el trabajo de los demás.

El fútbol le cambió el tiempo, pero le regaló personas

Cuando le preguntan qué le ha quitado el fútbol, Ricaurte evita responder desde la queja. Reconoce que esta profesión lo ha alejado de momentos que otras personas viven de manera diferente, especialmente durante los fines de semana, cuando los entrenamientos, las concentraciones y los viajes determinan la agenda.

Sin embargo, no considera que haya perdido ese tiempo. Prefiere verlo como una manera distinta de vivirlo.

Mientras algunos de sus amigos disfrutaban de otros planes, él eligió hacerlo a través de un balón. Y no se arrepiente.

“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista. Foto: Redes sociales Andrés
“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista. Foto: Redes sociales Andrés

Si debe escoger aquello que más le ha regalado el fútbol, la respuesta no está en los estadios, los contratos ni las camisetas que ha vestido. Está en las personas.

Ricaurte destaca que su carrera le ha permitido encontrarse con gente de una calidad humana enorme, incluidos trabajadores que muchas veces pasan inadvertidos: utileros, fisioterapeutas, integrantes de las áreas administrativas, periodistas e hinchas.

Entre esas personas hay una amistad que ocupa un lugar especial: Juan David Rodríguez, con quien comparte una historia que viene desde las divisiones menores.

“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista. Foto: Redes sociales Andrés
“Me dijeron que no siguiera”: Andrés Ricaurte y las lesiones que pusieron a prueba su sueño de ser futbolista. Foto: Redes sociales Andrés

Ambos coincidieron durante sus primeros años en el fútbol, debutaron en Águilas y volvieron a encontrarse en Leones. Con el tiempo, la relación trascendió las canchas hasta convertirse en una amistad cercana. Ricaurte es el padrino del matrimonio de Rodríguez, y su amigo también lo es del suyo.

No es una relación que se limite a recordar partidos o temporadas. Es una de esas conexiones que sobreviven a los cambios de equipo y a los años, y que explican por qué, para el mediocampista, las personas terminan siendo el regalo más valioso de su profesión.

Luciano Pons, una amistad que continúa fuera de la cancha

Durante su paso por Independiente Medellín, Andrés Ricaurte compartió dos años con Luciano Pons, actual delantero de Atlético Bucaramanga. Más allá de coincidir en el equipo, construyeron una relación cercana que se mantiene a pesar de que hoy defienden camisetas diferentes. El mediocampista de Águilas Doradas destacó la entrega del argentino y su compromiso con el juego colectivo, cualidades que, según explicó, lo diferencian de otros futbolistas de su posición.

“Luciano tiene una pasión muy grande por el juego, pero sobre todo tiene una pasión muy grande por ayudar a los otros”, expresó Ricaurte, quien contó que ambos siguen en contacto y suelen enviarse mensajes por redes sociales. “Él sabe que lo quiero mucho, a él y a su familia”, agregó.

Aunque ahora se encuentran como rivales en el fútbol colombiano, Ricaurte tiene claro que la amistad queda a un lado cuando comienza el partido. “Cuando empieza el partido ya eso hay que dejarlo a un lado. Ya se trata de la competencia, obviamente desde el respeto siempre por el rival, pero ya es competencia”, afirmó.

Independiente Medellín, un capítulo que recuerda con gratitud

Dentro de su recorrido, Independiente Medellín ocupa un espacio especial. Aunque su carrera lo ha llevado por diferentes clubes, el cariño que conserva por el equipo antioqueño sigue presente.

Cuando le preguntan qué les diría a los hinchas del Poderoso, no necesita una explicación extensa para resumir lo que siente.

“Gratitud, no solamente tengo gratitud por Medellín, por su gente, por la gente que trabaja dentro del club, creo que lo que mejor lo describe es su gratitud”, manifestó.

Independiente Medellín, un capítulo que recuerda con gratitud. Foto: DIM
Independiente Medellín, un capítulo que recuerda con gratitud. Foto: DIM

También recuerda con ilusión la posibilidad de haber conseguido más títulos, especialmente en las finales que disputó con el equipo. Ganar más campeonatos continúa siendo uno de sus objetivos deportivos y espera tener oportunidades de conseguirlo con Águilas Doradas.

Sin embargo, no mide toda su carrera a partir de los trofeos que consiguió o dejó de conseguir. Sabe que existen factores que no dependen exclusivamente del esfuerzo individual y que el camino recorrido tiene un valor propio.

Incluso cuando habla de sueños que no pudo cumplir, como jugar en Argentina, lo hace sin convertirlos en una cuenta pendiente que le impida disfrutar de lo alcanzado.

A sus 35 años, no piensa todavía en retirarse. Pero si el final de su carrera llegara en el corto plazo, asegura que se iría satisfecho con lo vivido.

Volver a Águilas Doradas, donde comenzó todo

Su presente también tiene un componente emocional. Águilas Doradas fue el equipo en el que terminó su proceso de divisiones menores y en el que debutó como profesional. Allí estuvo entre 2010 y 2015, una etapa que marcó la transición entre el fútbol formativo y el inicio de su carrera.

Ahora, cerca del cierre de su trayectoria, regresar al club representa una oportunidad diferente: ya no es solamente el joven que buscaba abrirse camino en un equipo con mucha competencia, sino un futbolista experimentado que puede aportar desde su juego y su recorrido.

“Es un proceso también muy bonito porque fue donde terminé todo el proceso de divisiones menores, debuté en Águilas, estuve desde 2010 hasta 2015″, recordó.

En aquella primera etapa, las posibilidades de jugar eran limitadas porque había un equipo competitivo y él apenas comenzaba su camino. Hoy, en cambio, disfruta de la oportunidad de contribuir al crecimiento de la institución.

También asume una responsabilidad con los jugadores más jóvenes. Junto con otros futbolistas experimentados, busca orientarlos a través de las conversaciones, pero, sobre todo, del ejemplo.

No cree que se trate de imponerles una manera de actuar. Cada jugador debe encontrar su propio camino y, en ocasiones, aprender de experiencias que pudo haber evitado. Aun así, considera importante compartir lo que los años le han enseñado, de la misma forma en que otras personas lo ayudaron durante sus primeros pasos.

Para los jóvenes que sueñan con llegar al profesionalismo, tiene un consejo que va más allá de entrenar bien o demostrar condiciones con el balón.

“Ser futbolista profesional implica no solamente el entrenamiento, sino todo lo que hay después del entrenamiento”, afirmó.

La disciplina, la coherencia entre lo que se es y lo que se demuestra, y la convicción de trabajar por una meta son, para él, elementos fundamentales. También les pide disfrutar el proceso, incluso cuando el resultado final no sea el esperado.

Quiere que lo recuerden por el futbolista, pero sobre todo por la persona

A lo largo de su carrera, Ricaurte ha compartido vestuario con diferentes generaciones de jugadores y ha tenido la oportunidad de medirse con futbolistas de gran calidad. Entre sus recuerdos, destaca La Bombonera como el mejor estadio en el que ha jugado, menciona a Emanuel “Bebelo” Reynoso como uno de los rivales que más le ha exigido y reconoce a Juan Fernando Quintero como uno de esos jugadores cuyo talento disfruta incluso cuando no está pendiente de su equipo.

También conserva una admiración especial por Juan Román Riquelme, uno de sus referentes desde niño, pese a que el equipo argentino con el que soñaba jugar era River Plate.

Son recuerdos que forman parte de su historia deportiva, pero cuando piensa en cómo quiere ser recordado, la respuesta vuelve a llevarlo al terreno personal.

Quiere que lo recuerden por el futbolista, pero sobre todo por la persona. Foto: Juan Ortega/Vanguardia
Quiere que lo recuerden por el futbolista, pero sobre todo por la persona. Foto: Juan Ortega/Vanguardia

Le gustaría que quienes lo vieron jugar conservaran alguna jugada, una actuación o una emoción que les hubiera despertado con el balón. Sin embargo, considera que hay algo más importante que los aplausos y las opiniones sobre su estilo de juego.

“Me interesa que me recuerden como una buena persona”, afirmó.

Su deseo es encontrarse dentro de diez años con quienes compartieron algún momento de su vida y poder conversar con tranquilidad, sin cuentas pendientes ni incomodidades. Que el recuerdo no dependa únicamente de si jugó bien, ganó un título o defendió una camiseta determinada, sino también de la manera en que trató a los demás.

Tal vez por eso, cuando habla de su carrera, las lesiones no aparecen como una derrota, los sueños que no cumplió no se convierten en frustraciones y el retiro no es una urgencia. Todavía quiere jugar, competir y ganar más títulos. Pero también sabe que su historia no se reduce a lo que sucede durante los 90 minutos.

Detrás del mediocampista de Águilas Doradas está el hombre que regresa a casa para jugar con Alicia, el amigo que conserva vínculos desde las divisiones menores, el hijo que tomó sus propias decisiones y el futbolista que, después de tres cirugías, decidió no abandonar aquello que amaba.

Andrés Ricaurte ha pasado buena parte de su vida intentando mantenerse en pie dentro de una cancha. Fuera de ella, tiene claro qué es lo que verdaderamente quiere conservar: la familia, las amistades y la tranquilidad de saber que, cuando llegue el momento de despedirse del fútbol, habrá sido fiel a su sueño y a la persona que eligió ser.

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