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Domingo 04 de julio de 2010 - 10:00 AM

La alegría de sobrevivir con el corazón de otro

Vanguardia Liberal abrió sus páginas para que tres sobrevivientes del programa Montañas Azules de la Fundación Cardiovascular de Bucaramanga, contaran cómo es vivir con un corazón donado.

Publicado por: REDACCIÓN SÉPTIMO DÍA

Óscar*, Carlos Alberto* y Daniel* tienen 9, 15 y 17 años. Desde que tienen razón han permanecido en clínicas, sometidos a exámenes, aferrándose a la vida. Ahora todo es distinto, aunque sus cuerpos sean delgados, su piel sea algo pálida y se vean de la edad que en realidad tienen. Poseen sueños, ilusiones y tienen planes. Las ganas de estudiar, de jugar y de montar bicicleta son los proyectos presentes. Sobre el futuro no hablan mucho, pues para ellos esa palabra apenas comienza a cobrar sentido.Sus familiares afirman que como ellos, también regresaron a la vida y que lo más importante es ver como 'ese favor de Dios', los ha ayudado a madurar a una edad tan temprana.Así narraron a Vanguardia Liberal sus historias y la dura experiencia de sobrevivir con un corazón de otro.  'Dios me tenía para este mundo' Soy Carlos Alberto*, vengo de un pueblo que se llama Ortega, cerca de Ibagué, Tolima. Desde hace un año y dos meses no sé por qué extraña razón, me dejaron de gustar las empanadas, las papas fritas, las hamburguesas y todo lo conocido como comida chatarra. Creo que es por mi nuevo corazón, traído desde Medellín; y me da risa, pues nunca pensé que me cambiarían las ganas de comer sino los sentimientos. El día que supe de mi enfermedad me afligí mucho. Era el año 2008 y tenía 13 años. Me dio una fiebre altísima y los pies se me pusieron como una bola. Mi familia angustiada me llevó de inmediato al hospital del pueblo y de allí me sacaron para Ibagué. Nunca borré de mi mente la frase 'necesita un nuevo corazón, el que tiene no funciona y está muy grande'. Soy reservado y nunca expresó mis sentimientos, pero me valió mucho aferrarme a la vida. Nunca dije que no iba a ser capaz y en mis súplicas adolescentes le dije al cielo: 'Si Dios me tiene para este mundo me deja, sino que me lleve'.Me tocó el pecho de vez en cuando y no siento dolor. Sigo tomando medicamentos y de por vida voy a depender de dos pastillitas. La dieta es estricta y la verdad no me afecta. Todo cosido, bajo en sal y cargado de mucho sabor. Ya me acostumbré a consumirla. Tengo que seguir asistiendo a los controles médicos después de que salga, pero antes pienso ir hasta Bogotá a visitar a mis cuatro hermanos. Cuando llegue a mi casa en Tolima pienso regresar a estudiar y a estar con mi mamá para apoyarla en todo, así como ella lo ha hecho conmigo. Pienso terminar el colegio, pues no he podido avanzar en el bachillerato por las fallas de mi corazón. Cuando termine quiero estudiar para ser chef, pues me parece una profesión muy bonita. El gusto por la cocina me nació en la clínica, pues de tanto pasar de la Unidad de Cuidados Intensivos a las habitaciones, siempre me encontraba con esos programas donde preparaban platos de todos los colores y sabores. No me gusta tener amigos, sólo me gusta estar con mi familia, en mi tiempo libre comparto con los demás pacientes del Hogar, Daniel* y Andrés*, bueno aunque no somos de la misma edad. Estando en Bucaramanga le tomé cariño a las cumbias, especialmente del cantante Manolo. También me gusta el vallenato de Los Inquietos, y como tengo un celular con música, todos podemos escuchar canciones en el día. Salgo al parque, camino y me ejercito un poco. Definitivamente, no sólo tengo un corazón sino un cuerpo nuevo.  Yo saqué fuerzas de vivir porque quería ser alguien en la vida, y eso para mi es pensar en un futuro.En medio del juego 'Mamá (María Betulia) ven y hablas por mi. Tengo que jugar pelota', le dice Óscar* de 9 años a su abuela.Mientras se va sonríe, y se junta con Carlos Alberto* y Daniel* a escuchar música. La abuela comienza su relato.Óscar* tenía seis 6 años cuando me di cuenta que el niño no respiraba bien, que el pecho siempre lo tenía apretado y que no le gustaba hacer nada. Los análisis que le practicaron revelaron que tenía una cardiopatía que no se controlaba con calmantes. Finalmente, después de una tutela a la EPS logré que le hicieran un cateterismo, lo que reveló que se necesitaba un trasplante de corazón. Me dio miedo y me puse fue a llorar, y sus papás se opusieron. Finalmente lo aceptamos y creo que Dios medió mucho para que todo saliera bien. Duramos un año y mes esperando el donante, salían varios corazones y ninguno le servía. El 22 de octubre de hace dos años llegó el corazón y de una vez me dieron la noticia. Era de una mujer que había muerto en un accidente de tránsito en Medellín. Para fortuna de mi nieto, ella era figuraba como donante de todos su órganos. Óscar fue intervenido a las 7:00 de la noche y salió a la 1:00 de la mañana del quirófano. Al día siguiente le hablaba y jugaba con sus manos. Pedían que lo alzaran, en ese momento tenía siete años. La recuperación fue bastante bien. La fe en Dios fue la que me ayudó a salir adelante, hasta lo bauticé acá en Bucaramanga. No se puede hacer muchas cosas que hacen los niños pues no se puede sofocar tanto, sólo puede jugar una hora; no debe tener rabia y debe comer muy bien, bajo en sal y bajo en grasa, y nada de comida callejera. Además, las verduras tienen que estar bien cocidas. De vez en cuando le entra la locura, corre por todos lados y se monta a los árboles. También juega a lucha libre con sus hermanos, lo que me llena de miedo. Juega Lo más duro de todo este proceso fue verlo delgado y  triste. A veces decía: 'Mi corazón no sale, Dios no se acuerda de mí', y el día que lo trasplantaron fue una fiesta para él. Dijo que sería un niño nuevo y que no tenía miedo. Una de las cosas más bonitas de su recuperación ha sido el cambio de genio. Antes peleaba mucho, no era amoroso. Ahora es todo lo contrario, le gusta compartir, es más abierto, más despierto y colaborador. Cuando el niño salió de cirugía llegamos a las instalaciones del programa Montañas Azules, que es como nuestra segunda casa. La llagada a donde se ha dado la recuperación de Óscar*. Me estresaba mucho la llegada del pequeño al pueblo, (Jagua de Ibirico en el Cesar), pues es muy caliente, pero no le hizo daño.* Nombres cambiados por razones legales.Cuando la cuestión es de compatibilidadCarlos Alberto* y Óscar* han tenido que padecer la búsqueda de un donante, pero el caso de Daniel* es distinto. Su lucha lo ha llevado a experimentar cinco años de tratamiento y de adaptación del nuevo órgano a su cuerpo. Ahora tiene 17 años. Cuando comenzó su suplicio sólo tenía 12. 'Jugaba, montaba bicicleta o me ejercitaba y el pecho se me hinchaba. Descubrieron que tenía un soplo y el corazón muy grande. Me hicieron varias operaciones y nada funcionó. Finalmente me dieron un corazón nuevo que sigue adaptándose'. Este joven proveniente de la ciudad de Villavicencio, no pierde la fe. Sigue caminando, montando bicicleta y jugando junto a sus compañeros en el Hogar mientras su mejoría avanza.Asegura que el cambio de corazón lo volvió más audaz e inteligente. 'Antes del trasplante no podía ni tocar un radio porque lo desbarataba y lo dañaba. Ahora sé como arreglarlos, los destapo, los armo y quedan listos. Creo que son los efectos del nuevo corazón que llegó a mi vida proveniente de Cali', añade.

Publicado por: REDACCIÓN SÉPTIMO DÍA

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