Desde sus comienzos en Piedecuesta hasta sus presentaciones en eventos y celebraciones, Julián Chona persiste en su amor por el mariachi y nos cuenta una historia inspiradora.

Publicado por: Redacción Vanguardia
La cultura del mariachi tiene desde hace varios años un lugar especial en Bucaramanga, al igual que en muchas otras partes de Colombia, gracias a la influencia de la música mexicana y la migración cultural. Originaria de México, se integró en nuestras tradiciones también a través de celebraciones y eventos sociales donde no puede faltar para transmitir sentimiento y alegría. Lea también: Cultura Circular anuncia seleccionados de la edición 2024 en Colombia
La radio, la televisión y el cine han hecho lo suyo: películas y programas de televisión mexicanos y que hablan acerca de los mariachis y su vida llevaron a esta música a audiencias internacionales, incluyendo Bucaramanga, donde hay varias agrupaciones para atender la demanda en eventos como serenatas, bodas y fiestas. Grupos como Mariachi Imperial Azteca y Mariachi Bucaramanga Serenatas Real son ejemplos de cómo esta tradición ha echado raíces en la ciudad.
Pero el marichi se ha afianzado en la ciudad gracias también a apasionados artistas locales como Julián Chona, quien ha traído consigo la rica tradición del mariachi a los escenarios de la región.
Julián empezó su camino musical influenciado por una herencia familiar profundamente arraigada en la música. “Mi interés por la música comenzó desde muy joven, influenciado por mi familia. Por parte de mi madre, todos mis tíos y tías son músicos mariachis y cantantes, y por parte de mi padre también tengo una vena musical”, explica Julián. Su conexión con la música fue evidente desde su infancia, cuando su padre lo llevaba a cantar en eventos locales en Piedecuesta.

Desde pequeño, Julián demostró una pasión innata por la música. “Mi papá me conseguía presentaciones en diferentes eventos locales, como en tarimas frente a las iglesias, donde solía cantar varias canciones”, recuerda. A medida que fue creciendo, se dedicó a cuidar su voz y, tras la pandemia, a los 17 años, empezó a trabajar más activamente con el mariachi, ofreciendo serenatas y presentaciones.
Aunque su amor por la música es profundo, no ha podido dedicarse por completo a ella debido a que debe combinar su gran pasión con su trabajo para salir adelante. “Tengo un horario de oficina de lunes a viernes, por lo que durante la semana me enfoco en ese trabajo. Sin embargo, los fines de semana los dedico a la música, realizando shows y presentaciones para aquellos que me contratan para sus celebraciones y eventos”, explica.
La combinación de ambos trabajos ha sido un desafío, especialmente porque la música se realiza mayormente durante la noche, mientras que su empleo en la empresa de alcantarillado requiere que se levante temprano. “Adaptarse a esta rutina, que implica trasnochar y luego madrugar, no es fácil, pero con el tiempo se hace más manejable. Estoy acostumbrado a los horarios nocturnos y a las demandas de la música, lo que me ha ayudado a ajustarme mejor”, asegura.
A pesar de las dificultades, Julián encuentra satisfacción en cada aspecto de su vida. “Me gusta trabajar y valoro la independencia que me brinda. Cada experiencia y proceso en este camino lo disfruto al máximo, porque sé que forman parte de mi crecimiento tanto en la música como en mi empleo”.
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Actualmente, Julián ofrece dos tipos de shows. El primero es el show con pista, donde canta solo utilizando una pista pregrabada. Este formato incluye una amplificación de alta calidad y una variada selección de repertorio, adaptado a los géneros de moda que a menudo no se tocan en un mariachi tradicional.
El segundo es el show con banda en vivo, que cuenta con el acompañamiento de músicos profesionales. Este espectáculo, también de una hora, está diseñado para tarimas y eventos privados, ofreciendo una experiencia musical más rica y completa para quienes disfrutan de la música en vivo.
Ambos tipos de shows reflejan el compromiso de Julián con su arte y su deseo de ofrecer una experiencia memorable a sus clientes. Su pasión por la música y su dedicación a combinar dos mundos aparentemente diferentes son testimonio de su amor por el mariachi y su constante búsqueda de crecimiento personal y profesional. En Bucaramanga, el mariachi no solo ha encontrado un nuevo hogar, sino también un ferviente embajador en Julián Chona.













