Festival Cordillera 2025 ya tiene fecha y confirma a Fito Páez y La Mosca Tsé-Tsé como sus primeros artistas: así será el regreso más esperado del año.

Publicado por: Redacción Cultural
Por cuarta vez consecutiva, el Parque Simón Bolívar se prepara para transformarse en un volcán de emociones, ritmos y memorias compartidas. La música latinoamericana, esa que pulsa desde la raíz, volverá a sonar entre los árboles de Bogotá el 13 y 14 de septiembre de 2025, cuando el Festival Cordillera levante su telón una vez más. Lea también: Autoras santandereanas en la FILBo 2025: poesía, libros ilustrados y literatura infantil
El anuncio, esperado por fanáticos y nostálgicos por igual, llegó como un susurro convertido en grito: Fito Páez regresa al escenario que le quedó pendiente. Su nombre encabezó las confirmaciones oficiales y, para muchos, fue como un reencuentro pactado con la historia. En 2024, un accidente doméstico le impidió presentarse en el festival, dejando un vacío que este año promete llenarse con canciones que han marcado generaciones. Será el domingo 14 cuando el argentino, ícono vivo del rock en español, suba al escenario principal con su piano, su voz y sus cicatrices.
El sábado 13, en cambio, se cargará de energía con la llegada de La Mosca Tsé-Tsé, banda argentina que mezcla ska, rock y fiesta en dosis iguales. El himno “Para no verte más” no solo será coreado, será vivido. Porque en el Cordillera, las canciones no se escuchan: se sienten.
Cordillera no es solo un festival. Es un punto de encuentro entre lo andino y lo urbano, lo nuevo y lo ancestral. Desde su primera edición, ha apostado por crear un espacio donde la identidad latinoamericana no se divide en fronteras, sino que se celebra con cada acorde. Allí confluyen abuelas con camisetas de Charly García, adolescentes que cantan a grito limpio a Mon Laferte, y familias que se toman de las manos cuando suena Mercedes Sosa.
Aún faltan meses para el evento y decenas de artistas por anunciar. Pero algo es claro: la Cordillera ya empezó a moverse. Y cuando lo hace, estremece. No solo a Bogotá, sino a todo un continente que reconoce en este festival un espejo de su música, su memoria y su resistencia.
Porque si algo ha demostrado Cordillera en estos años es que la música también es geografía emocional. Y en septiembre, volveremos a escalarla juntos.














