La escritora Karim Quiroga retrata en Rojo/Frenesí la vida y legado de Lucila González, directora del Mamb durante 20 años, una mujer que rompió con las tradiciones para abrirle las puertas del arte moderno a Bucaramanga.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Lucila tenía una relación vital con el rojo carmesí. Más que una preferencia estética, era su lenguaje interior. “Lucila hacía caso omiso a cualquier consigna que le sonara a tradición”, explica la escritora Karim Quiroga. Rechazaba sin rodeos los espacios sociales donde se esperaba que las mujeres jugaran cartas o tomaran onces. “Rechazaba de frente y sin emisarios”, señala.
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Su vida pública y su carácter se definieron desde joven. “Lucila fue una de las pocas mujeres santandereanas que recorrió París, sola, en la década de los 60s”, explica Quiroga. Aquella experiencia europea, apoyada por sus padres, el senador liberal Valentín González y Clementina Aranda, fue más que un viaje: fue un acto de fundación personal. En la consigna de la Revolución Francesa, libertad, igualdad y fraternidad, Lucila encontró su identidad. Años después, ese mismo ideario la impulsó a fundar el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga (Mamb) en 1989. “Su llegada al museo representó tanto una excepcionalidad como un desafío personal” , señala.
Desde un escritorio negro, convirtió el museo en un espacio de formación: “Tienes que armar un portafolio, tienes que hacer una fotografía de cada obra y elaborar una ficha técnica...”, explica la escritora. Muchos artistas de la región aprendieron ahí el valor del orden, la catalogación y la curaduría. “Esos requisitos... fueron una escuela para que muchos artistas locales empezaran a clasificar su obra, digitalizarla y catalogarla”, apunta Quiroga.
Pero su aporte fue más profundo: cuestionó el clasismo estructural de la ciudad. “El arte en Bucaramanga era un asunto de élites... A una persona acabada de conocer lo primero que le preguntaban era su apellido, el barrio de residencia y su religión”, dice. En ese contexto, Lucila se convirtió en una mediadora entre los consagrados y los nuevos nombres, sin aspirar nunca a la notoriedad de su hermana Beatriz.En una ciudad donde las mujeres eran criadas para el matrimonio, Lucila González Aranda eligió otro camino: el del arte, la gestión cultural y la libertad. Su historia es el corazón de Rojo/Frenesí, la crónica escrita por Karim Quiroga que se presentará este viernes 13 de junio, como obra ganadora de la beca en crónica cultural del programa “Cree en tu talento 2025”, impulsado por el Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Bucaramanga.
“El desarrollo de la crónica cultural se originó el mismo día de la muerte de Lucila, el 20 de diciembre de 2024, logrando de primera mano un reporte de sus últimos días y de los recuerdos todavía muy vigentes de personas cercanas a su entorno inmediato. A partir de sus diálogos y de mi memoria personal inicié el proceso de escritura narrativa”, señala la escritora.

Lo que nos cuenta Karim Quiroga sobre Lucila González
Uno de sus proyectos más significativos fue Los niños miran la ciudad, una apuesta por llevar el arte a las aulas. “Lucila desplegaba nuevamente sus talentos... y aprovechaba sus dotes de narradora para relatar la historia del arte como si fuese una novela”, dice Quiroga. Los niños salían del museo con un diploma en la mano, pero también con una semilla de sensibilidad plantada en el corazón.
La crónica de Quiroga es también un esfuerzo colectivo. En ella participaron personas cercanas al universo de Lucila: “Esperanza Barroso, pintora y amiga personal quien ofreció su perspectiva inicial; Mario Porras, su conductor por más de 30 años; Oscar Salamanca, artista plástico que aportó un enfoque detallado y reflexivo; Nidia Rodríguez, colaboradora desde sus inicios en la gestión cultural; Carlos Prada Hernández, artista que apoyó sus procesos de curaduría; Miguel Moyano, dibujante bogotano a quien Lucila admiraba y reconocía; y Orlando Morales, protegiendo su legado en el Mamb”, indica Quiroga.
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Lucila nunca se casó. No por falta de oportunidades, sino por convicción. “La ausencia de un esposo en su biografía resulta fiel a sus convicciones de independencia”, indica Quiroga. Como dice Quiroga, “no estaba interesada en cumplir las expectativas de nadie, ni tampoco las de un hombre que quisiera llevarla al altar”.

Pese a todo, no fue la soledad lo que la inquietó, sino la mirada del otro. “Qué dirán de mí, cuando no estoy presente, se aterrorizaba Lucila”, comenta Quiroga. Su apartamento frente al parque San Pío se convirtió en refugio y en trinchera, donde compartía silencios con los gorriones que alimentaba cada mañana. “Ellos son mis amigos, maestro, vienen y me acompañan en esas largas horas en que estoy aquí sola trabajando” (citado por Quiroga).
En su juventud, alguna vez soñó con entregarse a lo imposible. “Cuántas veces Lucila amaría lo imposible e ilimitado. Cuántas veces quiso salir corriendo del concierto de los Rolling Stones cuando vivía en Londres para entregarse desmedida y sin prejuicios” (Quiroga). Pero no lo hizo. Eligió volver. Y en esa renuncia íntima, le regaló a Bucaramanga la posibilidad de abrirle paso a la modernidad.
Rojo/Frenesí “dignifica la actitud heroica de Lucila frente a una ciudad que lentamente emergía a la modernidad”, comenta Karim Quiroga. Es el eco amoroso de una mujer que vivió con coraje, enseñó con arte y pensó con el rojo en la piel.

















