La danza en Santander late con fuerza en cada rincón del departamento. Desde Bucaramanga hasta García Rovira, colectivos y artistas mantienen viva una escena diversa, creativa y resiliente, pese a los desafíos estructurales. Este reportaje recorre los procesos, voces y apuestas que hacen del arte del movimiento una forma de resistencia y memoria en el nororiente colombiano.
Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Hablar de danza en Santander es hablar de cuerpos que recuerdan. De geografías que se niegan al olvido, incluso cuando no hay tarima, reflectores ni un peso en los bolsillos. Así lo ha sentido Jhon Barreto, quien ha sido testigo de procesos que han nacido y resistido desde la provincia de García Rovira hasta los paisajes altos de García Rovira.
“Hay agrupaciones que llevan décadas creando sin que nadie las haya perfilado”, dice. Y no exagera. En Santander, la danza no cabe en una sola estética ni en un solo escenario. Es diversa, a veces invisible, pero profundamente viva.
Uno de esos procesos es Xiua Danza, dirigido por el maestro Christian Quijano, quien lleva más de una década contando historias desde el movimiento. “Xiua es un vocablo chibcha que traduce ‘laguna’, pero que entendemos como ‘lugar de creación’”, cuenta. “Desde 2013 hemos apostado por contar historias con el cuerpo, y si hay que bailar, se baila; si hay que hablar o cantar, también lo hacemos”.
Xiua nació con Vendidos, una obra inspirada en José Antonio Galán y la Guerra de los Comuneros, y desde entonces ha producido piezas como Del otro lado, Hospital de sangre y Nesto Espirituoso, que narra la vida del compositor santandereano Temístocles Carreño. Este año, la agrupación estrenará Écheme la fuerza, situada en la Bucaramanga de finales del siglo XIX, una ciudad atravesada por la electricidad, los cambios y la guerra.
Xiua danza...HS
Publicada por Xiua danza en Viernes, 17 de marzo de 2023
Al lado de Xiua aparece el trabajo constante de Danza Lenga, fundada por José Luis Chaparro en el año 2000. Con una estructura que articula una compañía profesional y una academia infantil y juvenil, Lenga ha montado más de 100 festivales con obras como Asina‑Semos, Raigambre, Entre Montañas y Amor Es. Varios de sus egresados hoy integran la agrupación principal, y la compañía avanza hacia la consolidación de su propio centro cultural.
También están los procesos impulsados desde la Universidad Industrial de Santander con dos proyectos importantes: Danzas UIS y Macondo, dirigido por la artista Carolina Delgado. Asimismo está la Escuela Studio 5 de la Corporación Rhapsodia, donde se cruzan las danzas urbanas con lo contemporáneo. Y no puede quedar por fuera DanzAzul, con una trayectoria de casi 25 años, que estuvo explorando desde el ballet hasta el teatro-danza y el movimiento aéreo hasta hace un par de años.
En este ecosistema también se destaca la mirada de la maestra Sonia Casadiego, formadora e investigadora de la danza contemporánea. “Actualmente la danza transita por un momento interesante. Se está reconociendo cada vez más su valor y sus infinitas posibilidades con los nuevos formatos y lenguajes del arte”, afirma. Para ella, los festivales, laboratorios, convocatorias y plataformas digitales han propiciado el diálogo entre territorios, enriqueciendo la diversidad de voces en la escena contemporánea.
Casadiego resalta que las becas de creación, circulación e investigación se han ido descentralizando, lo cual ha fortalecido expresiones locales en municipios antes olvidados. Sin embargo, reconoce que en Bucaramanga la danza contemporánea aún es minoritaria frente a la tradicional y urbana. “Los nuevos colectivos trabajan arduamente, pero proyectarse hacia afuera sigue siendo un camino difícil”, señala. También valora el retorno eventual de bailarines formados fuera de la ciudad que ejecutan proyectos con artistas locales, generando un impacto positivo aunque temporal.
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Para ella, el fortalecimiento de la escena requiere mayor inversión. “Deberían ser más las convocatorias que apoyen estos procesos, para que más artistas puedan acceder a ellas”. En ese sentido, destaca el papel del Técnico Laboral en Danza de la Escuela Municipal de Artes, que impulsa la formación profesional, así como el aporte de espacios como el Teatro Santander y el Teatro Escuela, fundamentales para consolidar un ecosistema artístico en la región.
Entre quienes han ampliado la escena está María Lucía Agón, bailarina, coreógrafa y observadora atenta del presente. Para ella, “la danza contemporánea sigue siendo una de las expresiones más metafóricas de la vida misma. En su búsqueda, en su exploración y finalmente en su expresión ya como un resultado coreográfico, artístico, sigue siendo el camino, la transformación y la oportunidad de nuevas perspectivas de nosotros mismos y la vida y de la vida que habitamos”.
María Lucía reconoce que, aunque el camino ha sido complejo, los colectivos y compañías nunca han dejado de crear. “Siento que siempre existen los grupos que continúan en esa constante sostenibilidad, autosostenibilidad… eso a mí siempre me ha hecho reflexionar mucho y admirar también la ciudad y al bailarín, cómo continúa, lo mantiene activo en su parte creativa”.
En la misma línea de persistencia aparece el coreógrafo Gio Ravelo, quien después de una carrera internacional con Les Ballets Trockadero y Roxey Ballet, volvió a Bucaramanga y fundó MuDanza. Desde allí ha presentado obras como Outline y Amor en tres historias en el Teatro Santander, además de impulsar espacios de residencia y formación. “Desde que regresé en 2019 he visto una evolución muy positiva en el panorama de la danza en Santander. Hay un crecimiento notable en el interés del público, en gran parte gracias al impulso de instituciones como el Teatro Santander y la EMA”, señala. Y lo ha vivido de cerca: “En nuestras últimas funciones en el Teatro Escuela tuvimos lleno total en las tres presentaciones, algo que no me esperaba. Es el resultado de años de trabajo, pero también de un entorno que ha empezado a valorar la danza con mayor profundidad”.
Otra voz que se suma es la de Alisson Trigos, artista interdisciplinar que ha hecho de la danza una herramienta de transformación social. Su obra HIMNO, estrenada en julio de 2025, fusiona tango, danza urbana y contemporánea con 16 intérpretes en escena. Ganadora de la beca Bucaramanga Cree en tu Talento, la obra propone una narrativa simbólica sobre la autenticidad como forma de resistencia.
En la región, la danza tradicional también sigue viva. Así lo cuenta Carolina Delgado Serrano, licenciada en Artes del Instituto Universitario de la Paz. Aunque nació en Caracas, desde los 12 años ha vivido en Bucaramanga: “En Santander, Bucaramanga y especialmente en los municipios y zonas rurales, la danza tradicional se ha mantenido viva gracias al legado de maestros, familias y comunidades que la han preservado con amor y compromiso. Estas manifestaciones han sido fundamentales para conservar la identidad cultural de la región”.
También celebra el crecimiento de otras modalidades: “La salsa, por ejemplo, ha ganado un lugar destacado, al punto que hoy contamos con exponentes de talla internacional. La danza ha venido transformando nuestro territorio… consolidándonos como una región con arte, cultura y una clara apuesta por la pluriculturalidad… por el arte para la paz”.
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Y es cierto. Bucaramanga ha sido cuna de talentos que hoy se mueven por el mundo. Lo dice también María Lucía Agón: “En Bucaramanga se ha reconocido siempre que ha sido una de las ciudades de Colombia con bailarines más destacados del país. Eso no lo digo yo por ser yo misma una bailarina de Bucaramanga, sino lo he escuchado de grandes coreógrafos… a nivel internacional y nacional… Tenemos una magia muy especial. Tal vez tiene que ver con nuestra cultura, con nuestro clima, con nuestro folclore".
Y, sin embargo, no todo brilla. La escena sigue enfrentando obstáculos estructurales que limitan su crecimiento. “Aquí no hay productores de danza”, afirma Christian Quijano. “Las obras se crean y fallecen, se despiezan, no logran madurar ni circular… La creación depende casi por completo de las becas, pero estas solo cubren una parte del proceso, no garantizan continuidad ni profesionalización".
Para María Lucía, la solución pasa también por una inversión sostenida: “Hace falta una buena difusión… un buen pago a los bailarines… un muy buen equipo de músicos… dramaturgos, vestuaristas, escenógrafos. Y que esto no se derrumbe cada vez que cambia el gobierno".
Barreto, desde su experiencia en La Minga Rancho A Parte, insiste en que aún no existe un modelo departamental de formación ni una política cultural estructurada. Cada gestor trabaja con lo que puede, y los procesos dependen del ciclo político. “Cuando cambia el alcalde, desaparece el proceso”, resume. Y eso se refleja incluso en los espacios. Bucaramanga perdió el Teatro Corfescu, uno de los pocos escenarios independientes que quedaban.
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Aun así, la danza se abre camino. En Piedecuesta, Tokaregua mantiene vivos los bailes andinos. En Málaga, la maestra Julia Sofía Moreno forma nuevas generaciones en escuelas rurales. La agrupación Tanainas sigue interpretando los torbellinos y las rumbas propias de García Rovira. Danza Kimaku reúne adultos mayores que bailan con convicción. La Casa de la Danza acoge proyectos diversos como Dante y Corpósfera. Y CañaBrava, con más de tres décadas de historia, continúa su labor desde el folclor.
“Lo que necesitamos es memoria, documentación y escucha”, dice Barreto. “Porque sí: Santander danza. Aunque a veces nadie esté mirando”.

















