“No puedo, estoy ocupada” es el primer libro de Liz de Júpiter, una artista que rescata su voz interior para rendir homenaje a las infancias valientes y silenciadas.

Hay historias que se dibujan con palabras y otras que se escriben con colores. Liz de Júpiter creó un universo en el que ambos se entrelazan. La artista santandereana está a punto de ver florecer uno de sus más grandes sueños: publicar su primer libro "No puedo, ¡estoy ocupada!", una obra que le ha permitido resignificar su historia y la de muchas infancias silenciadas.
El libro narra la historia de Ana, una pequeña de ocho años que vive entre el silencio de su hogar y la alegría que encuentra en la escuela. En casa carga con tareas y responsabilidades que la hacen sentirse más grande de lo que es, pero en el aula puede jugar, aprender y ser simplemente niña.
El proyecto, ganador de la convocatoria departamental de estímulos Cultura con Berraquera 2025, se gestó entre recuerdos, emociones y un anhelo de justicia poética. Allí, Liz de Júpiter recupera su vínculo con su tierra, el municipio de Puerto Wilches, lugar donde entendió el mundo entre cultivos, montañas y árboles que ahora habitan sus dibujos.
Con su libro le ha dado voz a una niña que no la tenía. Cuenta que en ese proceso que una mujer transita en su adultez, de reconocerse y reconocer las diferentes violencias que vivió, también se van sanando las propias heridas. “Siento que una parte de mí, por fin, es libre. Me da una enorme alegría saber que hay otras personas que vivieron situaciones similares y que aún tienen a esas niñas o esos niños silenciados en su interior”, agrega la artista.
Sus ilustraciones análogas, creadas a mano con acuarelas, lápices y crayones, fueron el medio para recrear esos mundos y emociones, transformando la memoria en color, y la infancia, en un espacio de ternura y sanación. Lea también: ‘Guerra’ y ‘Paz’: Colombia vista por la santandereana Beatriz González
La etapa de ilustración del libro tomó cerca de dos meses, un trabajo minucioso y lleno de detalles. Todo inicia con un boceto hecho en lápiz rojo y azul, lo que le permite distinguir las capas y visualizar mejor los pigmentos que aplicará posteriormente. Allí añade una base de acuarela, seguida de una capa de gouache. Tras un día de secado, añade los toques finales con lápices de colores y crayones grasos, una combinación que, dice, se ha convertido en su favorita por la riqueza visual y la profundidad que aporta al papel.
Aunque también trabaja en creación digital, Liz decidió volver al formato análogo como un reto personal. “La ilustración digital puede volverte demasiado perfeccionista”, explica. “Lo valioso está en el error, en esa línea que puede quedar torcida. Porque también es un mensaje hacia las infancias, les muestra que para representar una idea o contar una historia no es necesario que una imagen sea perfecta, sino que basta con que sea una imagen que nazca con mucha autenticidad”.
Diosas y libertad: el universo artístico de Liz de Júpiter
Para Liz de Júpiter, la mitología ha sido siempre una fuente de aprendizaje y reflexión. A través de figuras como Atalanta, ha comprendido mucho sobre la posición de la mujer a lo largo de la historia de la humanidad. Cuenta que su búsqueda artística se centra en esas mujeres que encarnan ciertos valores o símbolos, y en la posibilidad de cuestionarlas y reinterpretarlas desde su propia mirada.
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“Me atraen las diosas nórdicas, las dríadas y otras criaturas vinculadas al origen y al cuidado de la tierra. Me interesa su relación con la naturaleza, con la creación, con lo esencial. Cada cultura les ha otorgado significados distintos, pero yo disfruto resignificarlas y añadirles nuevas capas”, manifiesta Liz.
Años después, esas diosas y figuras antiguas regresaron a sus obras convertidas en símbolos de fuerza, libertad y ternura.
“La ternura ha sido vista como algo infantil o débil, pero yo la entiendo como un acto de poder. Durante siglos, los hombres han intentado empequeñecer a las mujeres, tratarlas como si no supieran, como si fueran niñas a las que hay que guiar o corregir. Yo, en cambio, elijo apropiarme de esa ternura y usarla para mostrar que se puede ser tierna y poderosa al mismo tiempo”, asegura la artista.
En 2020, en medio del silencio de la pandemia, decidió dejar atrás el diseño gráfico para dedicarse por completo a la ilustración. Desde entonces, ha construido un lenguaje propio que combina lo místico con lo cotidiano, lo femenino con lo ancestral, lo íntimo con lo político.
Su obra está poblada de mujeres-diosas, bosques, hongos y criaturas mitológicas, pero también de gestos cotidianos como una mirada, una flor, un abrazo. En cada trazo hay un intento por reconciliar la fuerza y la ternura, por contar que el arte también puede sanar.

El Dibujario y la comunidad del trazo en Bucaramanga
Más allá de su trabajo individual, Liz ha creado espacios para que otros también encuentren su voz a través del dibujo. En 2025 fundó junto a Dany Raios El Dibujario, un taller comunitario que nació en el Instituto Municipal de Cultura y Turismo de Bucaramanga. Allí, personas de todas las edades se reúnen a dibujar, conversar y crear sin miedo al error.
“Dibujar en comunidad es reconocernos. Nadie enseña a nadie, todos aprendemos de todos”, sostiene la artista.
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El arte, para ella, no es un fin sino una forma de acompañar. Por eso su libro vendrá acompañado de talleres, lecturas y conversatorios en Bucaramanga y Puerto Wilches, donde compartirá su experiencia y enseñará técnicas mixtas de ilustración.
Liz de Júpiter llegó a la ciudad hace diez años, con apenas 18, para trabajar como auxiliar contable mientras estudiaba Diseño Gráfico de forma virtual. Desde entonces, ha trazado un camino marcado por la independencia y la búsqueda creativa y hoy expande su mundo creativo con la exploración de la cerámica y el muralismo, dos disciplinas que le han permitido llevar su obra a nuevos espacios y materiales.

















