¿Es posible habitar un hogar en el que nunca se vivió? A través de una exposición compuesta por archivos, instalaciones y relatos visuales, la artista plástica bumanguesa Daniela Serna explora cómo la casa familiar en Buga puede convertirse en un espacio emocional desde la memoria y la distancia.

Cuando una casa solo se habita desde la distancia deja de ser un espacio físico y se convierte en una construcción afectiva. Al menos, la artista bumanguesa Daniela Serna lo sintió de esa manera. Creció lejos de la casa familiar en Buga, Valle del Cauca, un espacio que, aunque fue importante para su familia, no llegó a convertirse en un escenario de sus propios recuerdos.
“Allí, mi memoria empezó a completar lo que no vivió directamente, y comenzó a transformarse para mí en un lugar imaginado, hecho de relatos, fotografías y gestos heredados”, cuenta la artista.
Mientras revisaba álbumes, videos y fotografías, Daniela notó que su presencia era mínima, una ausencia que pronto se convirtió en una revelación. La Casa de la Octava no era un recuerdo, sino una falta. Y desde esa falta construyó una exposición que hoy está abierta en una de las salas de la Casa Luis Perú de Lacroix de Bucaramanga y que lleva ese mismo nombre. Lea también: Memoria literaria de Bucaramanga: el Dominical que marcó una generación
Compuesta por seis obras que se complementan entre sí con instalaciones, dibujos, archivos fotográficos y videos, propone un recorrido íntimo sobre lo que resultó la resignificación de la nostalgia y su lugar dentro de ella.
Serna relata que durante la investigación que adelantó para la muestra viajó durante meses, digitalizó los archivos análogos y se dio lugar para conversar con parientes que conservaban fragmentos de la historia familiar. Cada álbum, cada cinta y cada recuerdo aportó una mirada distinta sobre la Casa de la Octava hasta formar un mapa afectivo que se despliega en las obras:
- Rojos y amarillos,
- Cartografía familiar,
- Tres muebles,
- Memoria de una mesa,
- Dos registros. Una nostalgia,
- Álbum familiar.

Con estas piezas la artista no buscan reconstruir la casa tal como fue, sino crear una lectura emocional del espacio, como su atmósfera, su intimidad y su forma de alojar vínculos.
La obra también reivindica el poder de los archivos familiares como espacios de resistencia emocional. “Volver a los álbumes y videos se convirtió en una manera de reconstruir ese espacio desde la memoria de otros”, dice Serna.
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La exposición está abierta a todo el público en la calle 37 #11-18 de Bucaramanga, donde las personas podrán acercarse a compartir este legado familiar hasta el próximo 18 de diciembre.















