Cultura
Sábado 16 de abril de 2016 - 12:01 AM

La Torre de Babel en Bucaramanga

Esta intervención arquitectónica, emplazada en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga, podrá ser visitada hasta el 31 de abril.

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Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

El “nuevo edificio” del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga está totalmente diseñado siguiendo la obra La Torre de Babel, pintada por el maestro Peter Brueghel, el Viejo, en 1563. La interpretación del diseño de la obra, que recoge en planos técnicos dicha pintura, es obra del maestro en artes plásticas y arquitecto Claudio Beltrán Quesada, apoyado por el arquitecto Sergio Granados Parra y los estudiantes de la facultad de Arquitectura de la Universidad Santo Tomás, próximos a graduarse, Fabián Bravo y Andrés Felipe Álvarez.

Un hecho cultural

El proyecto se compuso de manera que todos los habitantes de la Ciudad puedan apropiarse de él: recorrer la torre, atravesarla y, si es el caso, disfrutarla, como se disfruta un espacio público, para después acceder al Jardín de las Delicias y a las oficinas del Museo, que quedarían en la parte antigua.

Era claro que un proyecto que pretendía ser transformador, estética y espacialmente, de una zona no podía limitarse exclusivamente a ella. Debía también concebirse como un hito para toda la ciudad, como debería serlo toda obra arquitectónica: una síntesis inteligente de vivencias, conocimientos, pasiones y nostalgias, conformando un hecho cultural que mejorara el espacio público de la Ciudad. Justamente esta fue la intención al componer la Torre de Babel en el Museo: hacer un proyecto que por sus cualidades formales y ambientales pudiera llegar a emocionar, a ofrecer un espacio renovado y activo, social y culturalmente.

La pintura de Brueghel, notable en el arte de todos los tiempos, es trasladada a un edificio que une la ficción con la realidad, base de toda creación surrealista, o al pensamiento base del realismo mágico contenido en la literatura moderna latinoamericana. Se proponen, pues, espacios que emocionen, que se aprehendan con la visión, pero también con el aroma y el tacto, con el silencio y el sonido, la luminosidad y la penumbra y la transparencia que se recorre y que permite descubrir espacios que produzcan hechos sorpresivos, como reflejos y sombras, transparencias y escapes visuales, unidad en la diversidad.

La Torre de Babel intenta demostrar que es posible hacer para Bucaramanga propuestas arquitectónicas y espaciales que contradigan la tendencia al olvido de los atributos de materiales que tanto hemos usado en la antigüedad, como piedra, tapia pisada y madera, y volverlas otra vez, como dijo Gastón Bachelard, “nuestro rincón que conserva los recuerdos y la emoción del mundo”.

Es posible soñar un volumen arquitectónico abierto a la ciudad, y construirlo con nuestros materiales de siempre; un edificio que por su excentricidad se convierta en hito arquitectónico y atracción turística. Que la unidad y la variedad de un proyecto, mezclado con el material que tiene sus propios atributos y exigencias formales, por sus formas variadas, por la luminosidad y los reflejos del material, las escalas y la medidas, ofrezca a la ciudad una obra respetuosa, armónica y bella, homenaje a maestros universales del arte: Pieter Brueghel e Hieronymus Bosch, el Bosco.

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Publicado por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL

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