La obra permite ingresar al álbum íntimo y público de Silvio Rodríguez, retratado por Daniel Mordzinski, a través de una serie de fotografías que siguen las huellas de su música, sus viajes y la calidez de un artista que sigue invitando a pensar y sentir con sus canciones.

Publicado por: Jimmy Fortuna
Editorial Planeta presenta una novedad, que reúne el ojo único, sensible y preciso del maestro Daniel Mordzinski, afamado fotógrafo de celebridades, en especial, de escritores, y los textos y el prólogo de uno de los artistas más queridos en Latinoamérica y en la mayoría de los países, en donde el español es el puente de comunicación: Silvio Rodríguez.
A Mordzinski tuve la oportunidad de conocerlo en Cartagena, en una de las versiones del Hay Festival, en la que fue invitado Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura. En esa anécdota, el fotógrafo parecía más el guardaespaldas del renombrado escritor peruano, quien, decidía quién podía acercarse a dialogar con el premiado novelista. Cuando me acerqué, me observó, de pies a cabeza, e incluso revisó el ejemplar que llevaba en mis manos: La ciudad y los perros, de la Editorial Círculo de Lectores.
En Silvio Rodríguez. Diario de un trovador, se evidencia el porqué ambos artistas son referentes mundiales, cada uno en su oficio, y el poder dimensionar, como lector, la capacidad de convocatoria y el afecto que genera el maestro Rodríguez en cada uno de sus periplos y descubrir que la fotografía es el punto de unión y de encuentro entre los renombrados Rodríguez y Mordzinski.
La obra se abre con una fotografía de una guitarra, que, a medida que van pasando las páginas, va tomando protagonismo, hasta llegar a la última parte, en la que este emblemático instrumento sale con su dueño o viceversa. Es maravilloso ser testigo de cómo la fotografía, como espacio compartido, permite que el lector, a través de las imágenes creadas por el maestro Mordzinski, pueda ahondar en el perfil íntimo del autor de Ojalá y Unicornio, entre tantas otras. Al respecto de la gestación de esta obra, el fotografiado señala sobre el fotógrafo que «Daniel, aplicado e intenso, hizo fotos de giras y de encuentros en diversos lugares del mundo y un día nos sorprendió con esta idea generosa».
La obra inicia en República Dominicana, Santo Domingo, y muestra cada uno de los músicos que acompañan al maestro Rodríguez en sus giras. Luego, da el salto a España, Vallecas, y de ahí a Cuba, La Habana; Chile, Concepción, Santiago de Chile y Viña del Mar; Argentina, Córdoba, Rosario, Buenos Aires y Avellaneda, y un retorno a España, Madrid y Bilbao, para homenajear a su gran amigo de batallas, Aute, para culminar en el lugar en el que inició todo: Cuba, San Antonio de los Baños y La Habana. Cada ámbito es el espacio para el encuentro, el reencuentro, las emociones, las bienvenidas y los adioses. Finalmente, la obra cierra con un breve texto, en el que el maestro Mordzinski relata cómo conoció la música de su retratado y cómo se originó este libro, que está acompañado de una serie de escritos del afamado cantante cubano, que, como destaca el autor: «Silvio es mucho más que uno de los cantautores más queridos de la lengua española: es un ejemplo de creador comprometido con el arte de las palabras, solidario con las personas y con las ideas que mueven el mundo».
Silvio Rodríguez. Diario de un trovador, de Daniel Mordzinski, permite ingresar al álbum fotográfico, íntimo y público, de un artista, retratado por otro, que pone en evidencia la grandeza, la sencillez y la calidez de un grande de la música, desde la posibilidad mágica de apreciar una serie de fotografías, que cuentan historias, a la luz de un hilo conductor: ir tras las huellas de su música y de ese ser humano, que lleva tres décadas, invitando a pensar con sus composiciones.
Su música sigue vigente. En los espacios universitarios, en los salones de clase, en las oficinas y en los pasillos sus letras siguen teniendo ese poder de seducción, que se trasmuta en acción. Crecí con su música, conocí su legado y, ahora, doy fe de su poder de abrazar, durante décadas, su magia, tan intacta como ayer.














