Publicidad

Columnistas
Sábado 02 de mayo de 2026 - 01:00 AM

El precio de un Estado que gasta más de lo que recauda

Compartir

Cuando el dinero no alcanza en un país, no se trata solo de escasez de recursos: es la señal de un desequilibrio fiscal persistente entre lo que el Estado gasta y lo que recauda. Si esa brecha se mantiene en el tiempo, llega un punto en que el gobierno debe corregirla, ya sea recortando gastos o aumentando ingresos. Deja de ser una decisión política y se convierte en una obligación. Eso es lo que ya ocurre en Europa y lo que empieza a visualizarse en Colombia.

Un ejemplo reciente es Alemania, una de las economías más sólidas del mundo, donde se aprobó un recorte cercano a los 40.000 millones de euros dentro del Estado de bienestar. La medida busca corregir el déficit fiscal y reorganizar el gasto público, con impacto en salud, pensiones y otros apoyos sociales. El mensaje es claro: incluso sistemas robustos enfrentan límites cuando los compromisos crecen más rápido que los ingresos.

Ese mismo principio ayuda a entender la situación colombiana. Aunque el país no enfrenta una crisis del mismo nivel, sí muestra señales en la misma dirección. La deuda del Gobierno Nacional ronda el 55 % del PIB y se acerca a los límites de la Regla Fiscal. De hecho, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal estima que el próximo gobierno deberá realizar un ajuste de entre el 4 % y el 6 % del PIB, lo que implica una revisión importante del gasto público.

Este panorama no responde a un hecho aislado, sino a una tendencia: el gasto ha crecido más rápido que los ingresos, en un contexto de informalidad laboral y baja productividad que limita la capacidad de financiación del Estado. A esto se suma el envejecimiento de la población, que incrementa la presión sobre pensiones y salud, mientras reduce la base de contribuyentes.

Si esta trayectoria no se corrige a tiempo, las consecuencias dejarán de ser técnicas y se volverán cotidianas. Un deterioro fiscal puede traducirse en mayores impuestos, recortes en programas sociales, menor inversión pública y pérdida de confianza, lo que encarece el crédito para el país. En últimas, el impacto termina recayendo sobre los ciudadanos.

Ese es el punto al que empiezan a llegar varios países en Europa. Alemania no está recortando por elección, sino porque alcanzó el límite de lo que su estructura fiscal puede sostener. Colombia aún tiene cierto margen de acción, pero este se reduce a medida que el desequilibrio entre ingresos y gastos persiste.

La pregunta, entonces, no es si el país tendrá que hacer correcciones, sino cuándo: si de manera ordenada, mientras aún existe capacidad de decisión, o demasiado tarde, cuando ya no quede alternativa.

Adenda: En medio de este panorama, también vale la pena destacar avances que van en otra dirección. El 28 y 29 de mayo se realizará en el Centro Internacional de Especialistas el 3.° Simposio de Hospitales Inteligentes, liderado por la Fundación Cardiovascular de Colombia, un espacio para conocer cómo la tecnología y la inteligencia artificial ya se están incorporando a la atención en salud, optimizando procesos hospitalarios y apoyando la toma de decisiones médicas en beneficio de los pacientes.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.
Comentarios

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día