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Sábado 02 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Los detalles de campaña

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Creo que en política una frase pesa más que un programa completo y, por eso, las expresiones deben ser cuidadas. Eso es lo que ocurrió cuando se planteó la posibilidad de que Álvaro Uribe fuera ministro de Defensa en un eventual gobierno de Paloma Valencia, y posteriormente, ante el desacuerdo público de su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, la respuesta fue tajante: “yo soy la presidenta”.

Más allá de la anécdota, el episodio deja ver un problema de fondo, y es la falta de cuidado en los detalles que, en campaña, no son menores.

La propuesta de Uribe como ministro puede sonar bien en ciertos sectores, pero es innegable que también genera rechazo en otros. En una elección presidencial, ganar no depende de consolidar lo propio, sino de ampliar la base. Ese es el punto que parece perderse. La candidatura de Paloma Valencia, por sí sola, difícilmente logra conquistar al votante de centro o al indeciso. Quien realmente tiene esa capacidad dentro de esa fórmula es Juan Daniel Oviedo. Su perfil técnico, su tono moderado y su distancia de los extremos son precisamente lo que hace atractiva esa alianza para sectores que normalmente no votarían por una propuesta radical.

Por eso, declaraciones como la del eventual nombramiento de Uribe no son neutras ni son simples opiniones. Envían señales que, lejos de ampliar la conversación, la bloquean. Le hablan a los convencidos, pero alejan a quienes podrían inclinar la balanza.

A eso se suma la respuesta posterior: “yo soy la presidenta”. Es cierto. En una eventual elección, quien gobierna es el presidente. Pero una campaña no se construye desde la imposición. Cuando una fórmula vicepresidencial expresa una diferencia razonable y, además, estratégica, lo que se espera no es una reafirmación de jerarquía, sino una muestra de cordura y cohesión en la campaña.

Se trata, entonces, de entender que el poder, en campaña, también se ejerce con inteligencia política. Y eso implica leer el momento, medir las palabras y, sobre todo, comprender qué es lo que realmente está sosteniendo la viabilidad de una propuesta.

Hoy, esa campaña tiene un activo claro, y es la capacidad de Oviedo de atraer al centro y al indeciso. No es un detalle menor. Es, probablemente, la única vía real de crecimiento electoral. Ignorar ese factor, o neutralizarlo con declaraciones innecesarias, es un error estratégico.

En política importan las ideas y, además, cómo se dicen, cuándo se dicen y a quién se le dicen. Esos detalles pueden terminar definiendo el resultado.

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