Aun con la disparidad en los resultados de las encuestas recientemente publicadas, todas coinciden en que Iván Cepeda lidera la intención del voto para la primera vuelta presidencial. Este escenario pone nervioso a quienes claman por un cambio de rumbo, pero que, paradójicamente, permanecen de brazos cruzados; incluidos los gremios económicos que, teniendo los recursos y los medios, no ejercen liderazgo por estar más preocupados por sus intereses económicos que por salvar el país.
El panorama es espeluznante. Mientras el oficialismo marcha alineado a Cepeda, empujado sin control por Petro, la oposición ofrece un espectáculo de canibalismo político para demostrar quién tiene la vocería de la derecha, con agresiones mutuas que están causando heridas irrestranables, dejando la percepción de que no cautivan al mismo sector y no seducen al centro, a los indecisos y a los abstencionistas. Su error es garrafal: pretender ganar solo vendiendo el miedo al progresismo, olvidando que al ciudadano de a pie le duele más el bolsillo que la ideología.
Dan la impresión de que no han caminado el país real. Ese que sufre la inseguridad rampante de Cajibío, la extorsión al tendero de barrio en los estratos 1, 2 y 3, y el atraco a la vuelta de la esquina. La crisis de la salud, el desempleo, las tarifas de servicios públicos por las nubes y una canasta familiar impagable no se solucionan con el desgastado discurso del castrochavismo. Al elector de centro no se le conquista con odio, sino con un plan de choque de soluciones inmediatas. Necesitamos una comunicación que conecte con el plato de comida y que le arrebate al oficialismo la bandera de la protección del pueblo.
Si no hay un giro radical en los próximos días, el votante terminará creyendo que el progresismo, aunque le haya fallado estos cuatro años, es el único que mantiene viva la esperanza del cambio. Por eso, es imperativo que las dos campañas de oposición muestren unidad programática sobre lo fundamental. El país necesita sentir que hay un pacto de caballeros donde el que pase a segunda vuelta recibirá el apoyo total del otro. Solo esa certeza devolverá la confianza a quienes hoy dudan. El elector, por instinto de supervivencia, no querrá arriesgar su acceso al próximo gobierno y terminará entregándose al ganador.
Hay que aprovechar el descontento de la gente por tanta corrupción y el incumplimiento a lo prometido y convertir el rechazo de los avalúos catastrales en una propuesta de congelación o ley de alivio inmediato. Hay que ofrecer una reforma agraria con protección de la propiedad y no con estatismo. Porque, si siguen con el mismo discurso, estarán pavimentando el camino del triunfo del oficialismo.
Tenemos que valorar ya: ¡Unidad o socialismo!











