Magazín cultural
Sábado 31 de enero de 2026 - 05:16 PM

Substack como refugio del texto largo: la bumanguesa Catalina Serrano y su “Millennial Asalariada”

Una noche sin sueño, atravesada por la precariedad laboral y los cambios del cuerpo, fue el punto de partida de Millennial Asalariada, la novela por entregas con la que la guionista y escritora bumanguesa Catalina Serrano encontró en Substack un refugio para el texto largo y una forma de narrar, sin filtros, las tensiones de la adultez millennial.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

La escena inaugural de Millennial Asalariada ocurre en un territorio doméstico: una noche sin sueño. La guionista, escritora y creadora audiovisual Catalina Serrano no estaba buscando “una novela” cuando empezó a escribir. Estaba intentando entender a su cuerpo. “Yo nunca he sufrido insomnio”, dice, y en esa frase hay un corte generacional: la identidad de quien podía dormir y, de pronto, ya no. Entonces hay que replantearlo todo.

El año anterior, además, había sido una sucesión de cierres. Sin trabajo, sin convocatorias ganadas, con esa sensación de intemperie que en el sector cultural se vive como doble golpe. Catalina empezó a leer su propia crisis en clave física. La menopausia, cuenta, dejó de ser esa palabra convertida en chiste social y se volvió experiencia concreta. “Empecé con la perimenopausia desde los 40...”. De ahí salen los temas que atraviesan su escritura actual: no como agenda, sino como necesidad.

En paralelo, el ecosistema digital seguía funcionando con su ruido habitual: tendencias, discusión, aceleración. Pero Catalina, que viene del lenguaje de las series (solo hay que recordar su videoblog Tiempo de Series) y del montaje, hizo lo que hacen los guionistas: buscó una estructura. En una de esas noches se topó con el trabajo de una autora que seguía y llegó a Substack, plataforma de newsletters que en los últimos años se ha consolidado como una especie de corredor alterno para escritores y periodistas que quieren volver al texto largo y al vínculo directo con el lector. Catalina entró por curiosidad; salió con un manuscrito inicial.

“Me puse a escribir lo que me había pasado en el año. Cómo me estaba sintiendo. Metí a mis amigas… como un diario. Escribí cinco páginas”. Al día siguiente, con la distancia mínima que permite la mañana, se lo leyó a su pareja, el cineasta Mario Mantilla. La reacción fue una mezcla de entusiasmo y alarma: “Está chévere… pero está muy espeso”. Catalina entendió que ahí, en lo “espeso”, había un material potente.

Millennial Asalariada es una postura frente a los formatos. Catalina no quería volver a la columna ni al registro anecdótico con el que durante años internet convirtió la vida sentimental en un producto de consumo rápido. “Yo no quiero hacer una anécdota… quiero escribir. ¿Y si escribo una novela?”, plantea. Lo decisivo es, además del salto a la ficción, claro, la búsqueda de una forma que le permita sostener complejidad.

La respuesta fue Mariana Santos, su protagonista de 45 años, guionista, en una relación larga, trabajando como comunicadora “porque eso es lo que paga”. No es un avatar exacto, pero sí una condensación: un personaje construido con fragmentos del entorno, con conversaciones escuchadas en grupos de amigas, con esa sociología íntima donde la adultez se vuelve una discusión diaria. Desde ese borde, la novela se devuelve para hacer una pregunta cultural clave: ¿cómo llegamos a una adultez que no se siente adulta, a un cuerpo que cambia sin permiso, a un trabajo que no ofrece siquiera el derecho a planear?

Catalina resume su brújula temática sin maquillajes: “Mis principales temas de interés ahorita son la precarización laboral, los contratos por prestación de servicios, el amor a los 40… y la menopausia”. Esas tesis se convierten en la escritura de Catalina en conversaciones, ritmos, gestos, las humillaciones del mercado laboral, tensiones afectivas y esa dimensión fisiológica que tantas veces se expulsa del relato público. El resultado es una novela que se escribe con oído de guionista: se siente la cadencia del capítulo, el diálogo como motor, la tensión como engranaje.

En el fondo, lo que se cuenta es una paradoja generacional que ya es parte del vocabulario cultural: formación alta y futuro frágil. “Somos la generación más preparada… pero somos los más precarizados”, insiste Catalina y lo aterriza en imágenes domésticas y políticas: el miedo a no renovar contrato, la imposibilidad de independizarse, la maternidad como decisión atravesada por economía y Estado. Y es que el deseo no basta cuando el sistema vuelve inviable sostener una vida.

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Pero Millennial Asalariada también dialoga con una genealogía digital colombiana. Catalina viene de otro internet, uno donde escribir para muchas mujeres era una forma de ocupar espacio sin pedir permiso. En 2011, en plena fiebre de blogs, ella y María Angélica montaron A diestra y siniestra, una bitácora que participó de esa ola donde lo personal se volvió material narrativo y, a la vez, escuela de estilo. De esa época Catalina recuerda Twitter como “un barrio luminoso”: “Era una época en la que demostrar ingenio en 140 caracteres era un orgullo… no había bodega, no había nada de eso. La gente era chistosa”.

Ese ciclo, sin embargo, se cerró cuando la vida privada empezó a exigir límites. “Ya después yo me ennovié, María Angélica también se ennovió… y de la vida privada no íbamos a escribir”, cuenta. Llegó el paso de la exposición juvenil a una ética adulta sobre lo íntimo, un dilema recurrente en la escritura autobiográfica y en la cultura digital.

Cuando Catalina regresa, lo hace en otro registro. Substack le interesa justamente por lo contrario de la plaza pública: menos estridencia, más conversación larga. “Allá la gente debate en serio…“: hay ecología del lenguaje: un espacio donde el texto no se ahoga en la pelea inmediata. Y para un proyecto como el suyo, eso es una ventaja narrativa.

Además, Catalina piensa la novela como piensa una serie. Martes y jueves a las ocho de la mañana llegan capítulos al correo; los martes, un “bonus” que amplía el universo de Mariana con música, obsesiones y reflexiones laterales. Ella lo dice sin esconder su anhelo: “Quiero hacer esa serie”. Y menciona los referentes de muchos hace apenas una década... o un par de décadas: Sex and the City, Los Sopranos, Breaking Bad. No para imitarlos, sino para declarar su apetito por lo serial como forma cultural dominante de nuestro tiempo.

Como toda ficción nacida cerca de lo real, Millennial Asalariada juega con un riesgo: el lector quiere adivinar. “Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, advierte Catalina, pero entiende que la curiosidad es parte del pacto contemporáneo: la gente lee y busca claves, se pregunta quién es quién, mide cuánto de autobiográfico hay. Esa tensión es uno de los motores más productivos de la literatura actual, y también uno de los más delicados.

La primera temporada cerró en diciembre con una decisión coherente con su identidad audiovisual: Catalina incluyó un guion de cortometraje, Puntos suspensivos, sobre la ansiedad contemporánea de esperar un mensaje, la dramaturgia mínima de los punticos, el celular como oráculo, el tarot como consejo inútil cuando el deseo empuja. El cierre funciona como final de temporada: deja al lector con hambre y reafirma que, para ella, la literatura no es un territorio separado, sino una extensión del guion.

Ahora Catalina habla de “renovar” la novela para una segunda temporada, pero sin prometer fechas. Está en el lugar donde hoy se cruzan la creación y la economía: cómo sostener una comunidad, cómo posicionar el proyecto, cómo monetizar sin agotarse. “No te da un relax del mundo… realmente sigues en el mundo”, admite. Tiene alrededor de 150 suscriptores y lo dice con una valoración cultural, no numérica: en un país donde leer compite con el cansancio, lograr que alguien abra un correo para leer ficción dos veces por semana es un gesto de confianza.

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Substack: el regreso del texto largo

Substack tiene forma de correo electrónico, pero opera como plataforma editorial. Ahí se publican newsletters, y cada vez más audio y video y el lector se suscribe para recibir el contenido en su bandeja de entrada. La promesa es simple y seductora: menos dependencia de la pauta y de los caprichos del algoritmo; más relación directa entre autor y comunidad.

Su valor en el periodismo y la literatura es de forma. Substack volvió a legitimar algo que el “scroll” había debilitado: el texto largo. Busca nichos. Nieman Lab lo lee como una vía real para una “clase media” de creadores: no el mito del autor-estrella, sino voces con tono, frecuencia y una propuesta por la que se está dispuesto a pagar.

Pero la independencia trae factura. El informe del Tow Center (publicado por Columbia Journalism Review) advierte que estas plataformas reconfiguran las carreras: el creador gana control editorial y datos de su audiencia, pero también asume lo que antes hacía una redacción completa. Crecer, promocionar, sostener comunidad, planear estrategia, convertir el proyecto en ingresos. En resumen: autogestión permanente.

Ahora, también está el debate es de sostenibilidad. Reuters Breakingviews se pregunta ¿cuánto puede expandirse el mercado de suscripciones pagas? ¿Cómo se mantiene el crecimiento sin erosionar confianza, calidad y tiempo del autor?

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¿Y qué quiere ser Substack? Ya tiene funciones de red social: Notas, video, livestreaming, apps y parte de su comunidad teme que se vuelva más de lo mismo. The Verge recogió ese malestar: el miedo a que lo inmediato se coma lo literario.

Aquí sirve la mirada sociológica. Zeynep Tufekci, que publica en Substack, defiende la necesidad de espacios para pensar con profundidad como antídoto a la economía de la atención.

Para una novela por entregas, el formato encaja perfecto: capítulos periódicos crean ritual, el correo construye continuidad y la retroalimentación llega sin intermediarios. El reto es de resistencia, en todo caso. Publicar en Substack obliga a decidir qué va gratis y qué puede ser pago, detrás de la promesa de independencia.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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