Magazín cultural
Viernes 17 de abril de 2026 - 09:37 AM

La soledad de Luis Caballero

El relanzamiento de Luis Caballero. Homenaje recupera también el texto de Antonio Caballero, una mirada clave sobre la ambición artística que definió al pintor.

La soledad de Luis Caballero. Foto suministrada/VANGUARDIA
La soledad de Luis Caballero. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Redacción Cultural

En 1990, cuando pintaba el inmenso lienzo llamado “gran telón” (aunque no tiene título) en la Galería Garcés Velásquez de Bogotá, Luis Caballero explicó sus intenciones: “Hay que intentar hacer una gran obra. En general el arte contemporáneo peca por falta de ambición. En plástica hacer una gran obra es crear una imagen necesaria: lo demás es decoración”.

No se refería al gran tamaño del cuadro que por esos días estaba pintando (cinco metros por seis); sino a la ambición descomunal, desmesurada, que hay, o debe haber, en el origen de la gran obra de arte (sea en pintura, en poesía, en música, etc.). Y aun antes de la composición y la ejecución de la obra: en su propósito. Una ambición que se resume en la decisión demoníaca de rivalizar con Dios. De crear, y no simplemente de representar lo creado: la creación ajena. De hacer, y no de limitarse a embellecer: a decorar. Lo que hace de Luis Caballero un gran artista es el tamaño de su ambición.

Para ser un gran artista se requieren también otras virtudes, por supuesto, que caben vagamente bajo los rótulos de talento y trabajo. Incluyen también la suerte: el azar de haber nacido con las disposiciones adecuadas para el momento histórico, gracias al cual tiene la posibilidad de perdurar. Sin caer en gracia del gusto general, o sin tener un hermano sacrificado y protector como el Théo de Vincent Van Gogh, ningún artista pasa de ser el ignorado “artista del hambre”, el ayunador inane e inadvertido de la invención de Kafka. Y, al contrario, sin la desmesura de la voluntad ningún artista, por grandes que sean sus dones y mucha que sea su suerte, alcanza la grandeza. El amateur o el dilettante no pueden llegar a ella (ni tampoco quieren). Es equivocada la frase ingeniosa del esteta Óscar Wilde que dice que por haber puesto su genio en la vida solo le quedó el talento para realizar su obra: lo que explica el fracaso (relativo) de Óscar Wilde como artista es su falta de verdadera ambición. Más cierta es otra frase (¿de las Selecciones del Reader’s Digest?) según la cual ser un genio es creerse un genio, y acertar. Sí: pero es también atreverse a ser un genio, corriendo el riesgo de no acertar. Y mientras más grande sea la ambición, mayor será la posibilidad del fracaso. Dijo alguna vez Samuel Beckett (aunque era hombre más de demostraciones que de definiciones) que “ser un artista es atreverse a fracasar”. Como fracasan casi todos. Como fracasó Luzbel, Lucifer, el Diablo mismo: ese gran ángel o demonio que tuvo la osadía de querer competir con Dios. En resumen: digamos que para empezar a ser un gran artista, para atreverse a intentar hacer una gran obra de arte, se necesita tener ganas, y no tener miedo.

La soledad de Luis Caballero. Foto suministrada/VANGUARDIA
La soledad de Luis Caballero. Foto suministrada/VANGUARDIA

El “gran arte”, tal como lo entendía Luis Caballero, en lo que se refiere a la plástica está históricamente fechado. Pertenece a dos momentos específicos y bastante breves de la cultura de Occidente en los que coinciden dos cosas: la ausencia de la fe (en la trascendencia) y la confianza en el espíritu humano. (Y, claro, un elevado desarrollo de la técnica: no hay “gran arte” primitivo). Esos dos momentos son el de la Grecia del siglo v antes de Cristo, el de Fidias y Policleto, que dura apenas medio siglo; y el de la Italia del alto Renacimiento: los treinta años del comienzo del Cinquecento que copan la madurez pletórica de Leonardo y Miguel Ángel y la juventud milagrosa de Rafael.

Benjamín Villegas relanza 170 libros sobre Colombia

Durante años, los libros de Benjamín Villegas viajaron al exterior como una forma de llevar Colombia en la maleta. Eran volúmenes de gran formato que hicieron de Villegas Editores un referente del sector editorial.

Ahora, tras revisar medio siglo de archivo, el editor decidió darles una nueva vida. Así nació Antología de Colombia, una colección con la que reeditará sus títulos “más queridos, más importantes y más exitosos” en un formato mediano, más liviano, cómodo y económico, sin perder calidad.

Benjamín Villegas revive 170 libros sobre Colombia en una nueva colección editorial. Foto suministrada/VANGUARDIA
Benjamín Villegas revive 170 libros sobre Colombia en una nueva colección editorial. Foto suministrada/VANGUARDIA

Desde 1973 ha publicado 300 libros, en su mayoría sobre cultura colombiana. De ese catálogo identificó cerca de 170 títulos cuyos derechos conserva. Su apuesta es reunir esa obra dispersa, convertirla en biblioteca y acercarla a nuevos lectores.

La colección arrancará con 36 títulos en su primer año. Nace, además, en un momento en que ya no existe el respaldo empresarial que antes sostenía este tipo de proyectos. Por eso Villegas decidió lanzar la serie sin apoyo institucional, con tirajes iniciales de 500 ejemplares por libro y una apuesta directa al público.

Los tres primeros títulos se presentarán el 16 de abril: Luis Caballero Homenaje, El sabor de Colombia y Colombia sueños y aventuras. Algunos libros serán bilingües o tendrán ediciones separadas en español e inglés, pensadas también para los colombianos que viven fuera del país.

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Publicado por: Redacción Cultural

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